sábado, 11 de mayo de 2013

La reforma urgente


Manuel Gómez Granados.
Sábado 11 de mayo de 2013.

Barack Obama vino y se fue de México. Aprovechó las oportunidades que se le presentaron. Evitó defender el supuesto modelo de cooperación entre México y Estados Unidos que generó, por ejemplo, tragedias como la emboscada del personal diplomático de la embajada de ese país en las cercanías de Tres Marías, Estado de México. Lejos de “comprar” el argumento que la DEA sembró por lo menos en dos de los diarios más importantes de EU, el New York Times y el Washington Post, optó por ver al futuro y reconocer los límites del modelo que diseñaron Felipe Calderón y George W. Bush.
Y Obama, como es su costumbre, pronunció buenos discursos. El del Museo Nacional de Antropología le permitió demostrar que conoce a la comunidad mexicana de Chicago, la más antigua y mejor organizada de paisanos en EU, pero no prometió nada en materia de política migratoria. Fue mejor así, pues carece de los votos necesarios en el Congreso. Sin embargo, evitar un problema no lo resuelve: 33.7 millones de mexicanos o descendientes de mexicanos viven en EU, además de otros 11.5 con visa temporal o indocumentados ¡Es una cifra sorprendente!
Además, los emigrantes, tanto mexicanos como centroamericanos en México, se enfrentan a nuevos peligros en su ruta a EU. El más notable son las operaciones de las maras hondureñas en México. Hasta donde se sabe ellas fueron las responsables de que a emigrantes hondureños los echaran del tren que los llevaba al norte de la República. En distintos medios de comunicación, desde Chiapas hasta Veracruz, se da cuenta de bandas de delincuentes centroamericanos que actúan con relativa impunidad.
¿Cómo se llegó a esta situación? El Instituto Nacional de Migración atraviesa por una crisis estructural, tanto en sus servicios como en sus facultades para intervenir en la solución de conflictos que se presentan en los diferentes consulados. Y en el servicio a extranjeros en México parece que sólo sabe reprimir o no actúa o conserva los ancestrales vicios, lo que demuestra que todavía no está definida una política migratoria con objetivos claros ni han funcionado las reformas de 2011-2012. Y peor, no queda claro qué ocurrirá ni con la economía de EU, que necesita de la mano de obra mexicana ni con la economía mexicana que requiere de las remesas que mantienen una clara tendencia a la baja. En abril, cayeron 10% respecto del año anterior, aunque esa cifra implica alguna mejora respecto de marzo, cuando se registró una caída de 14.7% respecto del año anterior.
Obama sabe que necesita impulsar una amplia reforma migratoria. Es probable que no se atreva a usar la palabra “amnistía”, como lo hizo Reagan en los años 1980, pero es claro que algo parecido tendrá que ocurrir para que la economía de EU se reactive. Sabe, además, que el libre comercio, por sí mismo, no resolverá los problemas y que no actuar afecta a los cerca de 50 millones de latinos que viven allá, la mayoría con algún vínculo familiar con México.
Haríamos mal en suponer que las cosas simplemente regresarán a la situación de 2004. La reforma de la migración en EU tendría que ser vista en México como la última llamada para poner la casa en orden. Depender de las remesas como hemos hecho nos daña, pues perdemos nuestro recurso más valioso: las personas. Es momento de aprovechar la oportunidad que se nos presenta para reinventar una economía menos dependiente de Estados Unidos, más autosustentable y más productiva, ¿Seremos capaces de hacerlo?
                *Analista
                manuelggranados@gmail.com

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