sábado, 25 de mayo de 2013

Productividad y educación


Manuel Gómez Granados.
Sábado 25 de mayo de 2013.
A principios de mes se eligió a los integrantes del máximo organismo evaluador de la educación en México, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, el INEE. Más allá de las filias o fobias con el actual gobierno, es de reconocer que la propuesta de integrantes de la junta directiva de ese organismo son personas conocedoras del tema. Algunas fueron ratificadas, como Sylvia Schmelkes, otras, también muy calificadas, como Aurora Loyo, no lo fueron, pero no se puede hablar de favoritismos o de mano negra.
El problema es que el martes de esta semana la doctora Schmelkes puso el dedo en la más dolorosa llaga de la vida pública nacional: la del futuro de la educación. Reconoció sus retos y que el nuevo INEE es mejor que lo que existía antes, pero también nos hizo ver que sin una reforma muy amplia de la educación, ella y el resto de los nuevos funcionarios del INEE no podrán hacer mayor cosa. Ojalá lo hubiese dicho antes de asumir el cargo, pues dicha situación ya la conocía.
Schmelkes dijo que no hay garantía de que se atiendan sus recomendaciones para valuar o para diseñar las evaluaciones que se aplicarán a profesores y estudiantes en los distintos ciclos. Son palabras serias cuando se consideran los retos que México enfrenta en materia educativa. Uno podría, para dar cuenta de esos retos, hablar de los resultados de la prueba PISA o del componente de educación del Índice de Desarrollo Humano o de muchas otras cosas. No hace falta, pues tenemos diez años de “sobrediagnósticos” y lo que falta son soluciones y remover los obstáculos (sindicatos, intereses particulares, corrupción, tráfico de influencias) para implementarlas.
Es un asunto de productividad. En México, lejos de mejorar, hemos empeorado. El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, lo reconoció en marzo: no hemos avanzado, la productividad está estancada, y aunque los mexicanos dedicamos muchas horas al trabajo, producimos poco y mal. También es verdad que nadie nos ha enseñado a ser productivos, ni en la familia ni en la escuela.
Muchas personas, incluso jóvenes, no saben leer y menos entender instrucciones básicas. Los recursos disponibles nunca son suficientes, pero incluso con los recursos necesarios, nuestro pueblo encuentra difícil hacer lo que tiene que hacer para salir de la pobreza.
Podremos decir que hay fallas en los programas o que las instituciones exigen demasiados requisitos y es cierto, pero incluso cuando se han satisfecho los requisitos y se cuenta con los recursos, nuestro pueblo encuentra difícil cumplir. Existe una resistencia al cambio. Es un problema de productividad, de educación y —ante todo— de cultura. Mientras México no arregle su sistema educativo y logremos que los estudiantes que salen de primaria puedan leer, escribir, hacer cuentas y comprender que se puede hacer más con menos, desperdiciaremos millones en programas que no logran resultados.
Ojalá que las reformas de las leyes secundarias den al INEE y a Schmelkes las facultades para lograr lo que proponen. Ojalá que la reforma vaya a fondo y ya que todos los funcionarios hablan de “educar en competencias” se logre avanzar. La clave quizás, es que no bastan las competencias; se requiere, sobre todo, un cambio cultural y que el piso de la educación sea más parejo para todos, pero sin voluntad política no habrá mayor productividad, todo serán denuncias de lo mal que estamos sin propuestas de soluciones concretas.
                *Analista
                manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/manuel-gomez-granados/2013/05/25/900847


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