domingo, 16 de junio de 2013

Espionaje, ¿también en México?

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 16 de junio de 2013.
Desde los primeros días de junio las estructuras del gobierno de Estados Unidos se han cimbrado hasta sus cimientos. No es para menos. De manera simultánea, en Londres y Washington, DC, se dieron a conocer detalles nunca conocidos de la manera en que el gobierno de EU espía, vigila y controla a sus ciudadanos. Los detalles del programa PRISM son más significativos por dos razones. En primer lugar porque en estos días tiene lugar el juicio contra uno de los dos actores clave de Wikileaks, Bradley Manning. Y aunque no hay una verdadera discusión acerca de la culpabilidad,  sino un debate acerca del castigo que recibirá Manning, este juicio ha dado pie a que se discutan cuáles son los límites de la lealtad que un soldado le debe a su gobierno, especialmente cuando se cometen violaciones del derecho internacional de guerra que motivaron la reacción de Manning al entregar los documentos que Julian Assange publicó.
En segundo lugar porque, el documento del programa PRISM fue filtrado por Edward Snowden, un analista en la Agencia Nacional de Seguridad, con un sueldo de más de 200 mil dólares al año, que arriesgó todo para dar a conocer la manera en que el gobierno de su país espía y, al hacerlo, viola derechos fundamentales consagrados en la constitución de su país y abre la puerta a muchas preguntas acerca de lo que podría pasar en México y otros países.
Snowden vive ahora lo que Julian Assange vivió hace algunos meses, cuando sabía que el gobierno de EU lo perseguía. Y, como con Assange, no sería difícil que además de los cargos que ya se han levantado contra el exfuncionario de la NSA, se siga una estrategia similar de “character assesination”, es decir, desacreditar sin importar si se recurren a relatos que incluyan mentiras. En el caso de Assange fue  que sostuvo relaciones con dos hermanas suecas menores de edad. A Manning se le ha presentado como un homosexual, resentido, ahogado por el rencor, incapaz de encajar en el Ejército ¿Qué usarán ahora contra Snowden?
Es difícil saberlo pues —como en el caso de Manning— la legislación de EU no incluye algún tipo de salvaguarda para proteger a quienes delatan las actividades que involucren la seguridad nacional y la pena que podría enfrentar Snowden, como Manning, se escogerá de un menú en el que sólo hay dos platos: pena de muerte o cadena perpetua. Esa es, por cierto, la razón por la que Assange se ha negado a abandonar el incómodo refugio que le ofrece la embajada de Ecuador en Londres.
Más allá de la preocupación acerca del futuro de Snowden o Manning, para nosotros como mexicanos hay otras preguntas. ¿El gobierno de México también colecta información distribuida por medio de Internet o de la telefonía celular? Si la colecta, ¿cómo es posible que no la use para frenar las actividades del narcotráfico o para frenar las actividades de los traficantes de personas y de tantos otros criminales? Cualquiera podría suponer que un narco, lo mismo que un pollero o un secuestrador usan recursos tecnológicos modernos como teléfonos celulares o correos electrónicos. Si es así, ¿por qué no se utiliza esa información para atajar sus actividades? ¿Qué le impidió, por ejemplo, al gobierno de Felipe Calderón, usar este tipo de información? Es difícil imaginar que el obstáculo fuera la legislación mexicana en la materia, ¿es el costo de los aparatos y los programas de cómputo necesarios para aprovechar ese tipo de información? Y peor aún, dadas las actividades de empresas mexicanas de comunicación y telecomunicación, ¿éstas le entregan también información al gobierno de EU? Y si la entregan, ¿sólo es información de sus clientes en EU o también de los clientes que operen desde México?
Todas estas preguntas son difíciles de contestar dadas las limitaciones de nuestras instituciones de protección de los derechos humanos, pero no estaría por demás que ahora que hemos estrenado legislación en materia de telecomunicaciones, también se definieran con precisión los límites de las acciones que el gobierno de México pudiera realizar para salvaguardar la seguridad nacional. No es algo descabellado. La violencia no ha parado. En algunos lugares, como Guerrero, se ha hecho más compleja, y no sería difícil que las mismas empresas que vendieron a George Bush el equipo para analizar llamadas, correos electrónicos e historiales de navegación en Internet, se lo ofrezcan a nuestro país para acabar ya con la violencia.



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