domingo, 30 de junio de 2013

La agricultura familiar en México y América Central

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 30 de junio de 2013.

La Oficina para América Latina en Washington, WOLA en inglés, a finales de mayo publicó un documento fundamental para comprender por qué México y América Central enfrentan los problemas que, en materia alimentaria, padecemos en la actualidad. Se titula “La agricultura familiar en México y América Central” y da cuenta con cifras precisas de la manera como, a finales de los noventa, los gobiernos de México y el Istmo redujeron los fondos para la producción agropecuaria familiar y los concentraron en las grandes empresas agropecuarias.
En México y Centroamérica, la inversión pública en agricultura pasó en 2000 de 3.34 por ciento de los presupuestos de egresos, a sólo 2.08 por ciento en 2009. Más del 1.20 por ciento de reducción en nueve años. Al mismo tiempo, 50 por ciento de la inversión pública en materia agropecuaria en México se concentró en el diez por ciento de los empresarios más ricos del ramo.
De acuerdo con WOLA, esta tendencia a reducir y concentrar la inversión pública en materia agropecuaria es resultado de los acuerdos comerciales que iniciaron con el Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos-Canadá, y  continuaron durante los noventa y la década anterior hasta integrar a América Central, Panamá y la República Dominicana. Los resultados no se hicieron esperar. La producción se especializó, se tecnificó y se orientó fundamentalmente a los mercados más rentables: Estados Unidos y Europa, mientras que los pequeños productores —cada vez más empobrecidos—  abandonaban sus tierras. Lo que es peor, dice WOLA, “aunque estos acuerdos multilaterales ayudaron a promover el desarrollo de un vibrante sector agroexportador, especialmente en México, golpearon a quienes producían para los mercados locales. Los precios que se pagaban a los campesinos por cultivar muchos productos, cayeron dramáticamente, hasta 50 por ciento en el caso del maíz y el frijol, al tiempo que los productores de México y América Central enfrentaban más dificultades para competir con el flujo de productos importados baratos, especialmente las carnes, cereales y frutas fuertemente subsidiados  en Estados Unidos… Con menos oportunidades para dedicarse a la agricultura, los habitantes de comunidades rurales frecuentemente fueron obligados a abandonar sus comunidades. Algunos viajaron a ciudades en sus propios países, otros viajaron a otros países de América Latina y la mayoría ha intentado el cada vez más peligroso viaje de México a EU” (p.2).
Lo que está en el fondo de la reflexión de WOLA es una creciente preocupación de distintos observadores, de organizaciones dedicadas a la promoción del desarrollo, así como de organismos promotores de la democracia y del respeto de los derechos humanos, con las consecuencias que ha tenido el abandono de la agricultura familiar. El más importante es que aumentó la vulnerabilidad alimentaria de cerca del 30 por ciento en México y de más del 40 por ciento en América Central. Además, quienes poseen tierras, aunque sean de mala calidad, enfrentan presiones del narcotráfico para dedicar sus propiedades a la producción o al tránsito de estupefacientes, y quienes no las poseen se han convertido en jornaleros agrícolas migrantes, uno de los grupos más vulnerables en todo México, pues además de las difíciles condiciones en las que trabajan, sus hijos (un poco más de medio millón de niños y jóvenes de ambos sexos), no cuentan con oportunidades para poder educarse.
WOLA no se queda en la descripción de las desventuras las familias rurales de México y América Central. El documento, en inglés, está en el portal de esa institución en  http://www.wola.org/publications/government_investment_in_family_agriculture, y presenta cuatro grupos de recomendaciones: los programas de gobierno para agricultura familiar deben ser más integrales. Es decir, no basta con entregar semillas, fertilizantes o píes de cría. Tampoco bastan los subsidios. Se necesitan mejoras en los caminos rurales, compras de gobierno, acceso a crédito y a servicios de educación para los menores de esas familias. En segundo lugar, los programas de agricultura familiar deben ser más transparentes en su operación, de manera que se reduzcan las oportunidades para que se les use con propósitos electorales y/o clientelares. En tercer lugar, los gobiernos, las organizaciones campesinas y de la sociedad civil, así como instituciones internacionales deben mejorar las métricas y los criterios a partir de los cuales se evalúan estos programas. Finalmente, recomienda elevar los niveles de inversión en este tipo de programas.
En esta época en que urge que la Cruzada Nacional contra el Hambre se consolide, sería útil que los responsables de esa iniciativa se familiarizaran con este documento, ya que contrasta con lo que señala la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo: México es el séptimo país más atractivo para inversiones.

manuelggranados@gmail.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario