domingo, 2 de junio de 2013

La tregua de las maras


Domingo 02 de junio de 2013.
La Crónica de Hoy.
Manuel Gómez Granados.

Durante la semana pasada, algunos medios de comunicación de América Central, el Caribe y España, dieron a conocer los detalles de la tregua que la arquidiócesis de San Pedro Sula, Honduras, logró pactar entre los principales dirigentes de las maras, las pandillas que operan en Honduras, Centroamérica y el sur de México. No se sabe por qué a los medios de comunicación mexicanos no les pareció importante la noticia.

Lo que es un hecho es que la arquidiócesis, quizás acicateada por el aguijón del dolor que provocan las muertes de miles de personas en Honduras, tantas que han hecho de San Pedro Sula, la segunda ciudad más poblada de Honduras, la ciudad más peligrosa del mundo, asumió que ya era necesario hacer algo y lo hizo.

Lo hizo consciente de que no era posible esperar demasiado del gobierno de Porfirio Lobo que, como otros gobiernos de América Latina en los últimos años, apuesta demasiado a las soluciones policiacas y militares, y consciente de que, a la vuelta de los años, esas soluciones no han logrado sus objetivos. Es difícil que la tregua que articuló el obispo auxiliar Rómulo Emiliani sea la solución al problema de fondo. El mismo reconoce que no es un armisticio o un tratado de paz. Como toda tregua, el trabajo de Emiliani es parcial e inacabado, pero es un primer paso  para romper la dinámica de la violencia que justamente se caracteriza por no reconocer que las pausas, que los respiros, son necesarios. Los maras, además de pedir perdón se comprometieron a parar los asesinatos, la violencia y el reclutamiento de más miembros.

Algo que es notorio en Honduras es que la tregua despertó la esperanza de que, aunque sea sólo una tregua, sea el inicio de una solución. Pero también hay dudas. Honduras está a punto de celebrar elecciones y las heridas de la crisis política de 2009 siguen abiertas. Tan abiertas que la esposa del expresidente Manuel Zelaya, Xiomara Castro, se registró como candidata y no sería difícil que ganara y que eso reavivara muchos de los problemas que desembocaron en la destitución y posterior exilio de Zelaya y su familia.

Lo hecho por Emiliani es valioso pero deja ver qué tan mala es la situación que se vive ahora en Honduras. Parece que de nada han servido los millones de dólares que Estados Unidos ha bombeado en los últimos años como ayuda militar y policiaca al gobierno, que pasó de siete millones 839 mil 873 dólares en 2009 a ocho millones 707 mil 673 dólares para 2014. Deja ver también que el gobierno de Manuel Zelaya, a pesar de la imagen de mártir de la democracia que algunos medios mexicanos quisieron construirle, no prestó la menor atención a lo que la Unión Europea le decía en 2007, en el documento Honduras Country Strategy, 2007-2013:

“En respuesta a la violencia rampante, las políticas de mano dura policiaca que se han implantado recientemente han aminorado la ola criminal, pero no han atendido las causas que la originan. Ahora hay evidencia de que atacar a los criminales podría ser contraproducente a menos que a esas medidas se agreguen políticas nacionales integrales de prevención del crimen, empleo y rehabilitación. Las personas jóvenes, crecientemente marginalizadas, enfrentan pocas oportunidades de educación o empleo y estructuras familiares que se desintegran, de modo que son atraídas por bandas criminales (maras), que han desarrollado vínculos cada vez más integrados con las estructuras del crimen organizado.

El clima de violencia ha tenido un elevado costo para los jóvenes hondureños, que ha resultado en casi 3 mil muertes violentas en los últimos seis años. La administración Zelaya inició en 2006 una estrategia para atacar las causas del crimen, para fortalecer a las policías y mejorar su coordinación con los militares, al mismo tiempo que se desarrollaba un enfoque descentralizado y regional al combate de la inseguridad. Aunque esto esfuerzos son dignos de elogio, todavía deben lograr su objetivo de reducir las tasas de crimen y necesitan de una constante vigilancia de los políticos hondureños, así como de un fuerte apoyo de otros países”.

Y la realidad es que no lo lograron. En el anuncio de la tregua también estuvo Adam Blackwell de la OEA, quien estableció canales de diálogo con los Maras en El Salvador.

Saludamos a la arquidiócesis de San Pedro Sula por su compromiso para la solución de los problemas que afectan a su pueblo. Ojalá que el gobierno de Honduras esté  a la altura de los retos que esta tregua representa y logre reinsertar a los maras.



Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/757751.html

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