domingo, 23 de junio de 2013

¿Y la Cruzada?


La Crónica de Hoy.
Domingo 23 de junio de 2013.


Manuel Gómez Granados.

Uno de los más grandes retos del gobierno federal es resolver el problema de hambre que golpea, según las estimaciones oficiales, a poco más de siete y medio millones de personas. El gobierno ha puesto como ejemplo de lo que la Cruzada Nacional contra el Hambre trata de lograr al programa FomeZero del gobierno de Brasil. Incluso, trajo a Luiz Inazio Lula da Silva a Chiapas. Ahí el expresidente brasileño pronunció un discurso serio, que lo involucraba personalmente, pero la realidad es que la Cruzada mexicana no ha despegado. Emular el ejemplo brasileño planteaba problemas ya de inicio ¿Qué tendría que aprenderle México, cuyo Índice de Desarrollo Humano en 2005 era de .745, superior al de Brasil que era de .699? (FomeZero inició en 2003). En estricto sentido, nada. Pero en México hablar de Brasil es taquillero y hubo quienes creyeron que usar la imagen de Lula era rentable. La realidad es que FomeZero no resolvió el problema de fondo, como lo demuestran las masivas movilizaciones que se suscitan en Brasil.

En Brasil, como en México, se abatieron los índices de miseria, pero —como en México— los de pobreza siguen ahí y la vulnerabilidad alimenticia de millones sigue siendo muy elevada y las respuestas lentas, titubeantes o asitenciales. No es difícil explicarlo. FomeZero ha sido útil para atacar el desperdicio de agua, mejorar la cobertura de los servicios básicos de salud (vacunas) y repartir despensas, pero no ha capacitado a los pobres para que produzcan sus propios alimentos ni ha tocado las estructuras de los mercados de distribución de alimentos. Prueba de ello es que Brasil, como México, produce carnes, frutas y legumbres que se exportan a EU o Europa con altos márgenes de utilidad, pero ello no impide que los más pobres sean víctimas de las variaciones en los precios mundiales de los alimentos.

No es un problema exclusivo de Brasil. Ni siquiera Estados Unidos o Argentina, dos de los más importantes productores de alimentos, están exentos. Hay quienes creen que es culpa de China e India, pues la mejora en sus economías eleva los precios, lo que ha sacado del mercado a millones. Hay quienes creemos que además de eso hay mucho de mala fe y de especulación en los mercados agropecuarios mundiales, y que si no se rompe con la especulación e incentivamos a los pobres a producir alimentos volveremos a repartir pescados en lugar de hacer que las personas produzcan sus propios peces.

El gobierno de Brasil hizo con FomeZero, dadas las condiciones que enfrentaba, lo que pudo. Las condiciones de México son muy distintas. No basta, en este sentido, con transferir recursos vía tarjetas electrónicas, porque las personas tendrán que concurrir a un mercado que está dominado por prácticas monopólicas que son evidentes tanto en las “rentas” de cajas que los productores agropecuarios pagan a grandes cadenas de distribución de alimentos, como en las “cuotas” que se pagan en las centrales de abastos, no sólo en la capital del país, sino en cualquier entidad de la república, además del problema de transporte. México es un país montañoso en el que todos los alimentos se mueven por carreteras que son inseguras y caras.

México enfrenta, además, problemas que no existen en Brasil. Brasil padece por la existencia de bandas criminales bien organizadas que se hicieron del control de algunas favelas, pero esas bandas no controlan grandes extensiones de tierras de labor. En México hoy, grandes extensiones de tierra que hace 15 años se dedicaban a la producción agropecuaria han sido abandonadas, como en el caso de Tamaulipas y algunos municipios de Veracruz, Nuevo León y San Luis Potosí, pues sus dueños fueron acosados por los cárteles del narcotráfico. En otros lugares, como en algunos municipios de Michoacán, Sinaloa, Durango, Chihuahua, entre otros estados, las tierras de labor se dedican a producir estupefacientes, pues eso es más rentable.
Para que la Cruzada Nacional contra el Hambre sea efectiva necesitamos abrir nuevos mecanismos de producción y distribución de alimentos que deben ser locales. Es decir, no tiene sentido imaginar grandes proyectos para llevar alimentos de un extremo a otro del país; ya no hay ríos que podamos encauzar en presas y construir presas es caro económica y, sobre todo, políticamente. Necesitamos, pues, revitalizar la producción de alimentos y que esa revitalización sea sostenida por la demanda local en esas regiones. Hay que romper, en las microrregiones, el cuádruple círculo vicioso de la inseguridad, el desempleo, la desnutrición y las prácticas monopólicas de los mercados de los alimentos en México. ¿Podremos?

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/763279.html


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