domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Tan peligrosos son?


Manuel Gómez Granados

En estos días en que la ciudad parece sitiada y el mundo agoniza por lo que pudiera ocurrir en Siria, varias ciudades mexicanas, en la ruta de los trenes que conectan la frontera sur con la que nos separa de Estados Unidos, son el teatro de un conflicto de mucha menor intensidad, pero igualmente doloroso y difícil. Es un conflicto que involucra a miles de centroamericanos que, desesperados, tratan de cruzar México para conseguir en Los Ángeles, Denver o Chicago, los empleos que no encuentran en Tegucigalpa, San Salvador o Managua. Es una historia que no nos debería resultar ajena, pues el diez por ciento del total de la población mexicana, vive fuera de México por las mismas razones, porque no somos capaces de generar empleos suficientes acá.

A pesar de que es una historia tan cercana a nosotros, hay gobernadores como el de Jalisco, don Aristóteles Sandoval, que han declarado abierta la temporada de caza de migrantes centroamericanos. El viernes 30 de agosto, don Aristóteles llamó a los jaliscienses a denunciar a cualquier sospechoso de ser migrante. Al estilo del sheriff Joe Arpaio, de Arizona, donde visten con overoles color rosa a quienes arrestan a los migrantes mexicanos.

Lo interesante de nuestro país es que, a pesar de lo que Aristóteles Sandoval y otros muchos antes que él han hecho en contra de los migrantes, hay varios grupos de personas, en distintas partes del país, que se dedican a ayudar a quienes pasan por México sin la documentación necesaria. Están las mujeres llamadas “Las Patronas”, que entregan agua y alimentos a los migrantes que viajan en La Bestia. También están curas como Alejandro Solalinde, Pedro Pantoja o Tomás González, que tienen varios años de dirigir, en medio de muchas dificultades, albergues temporales para los emigrantes. Son lugares donde las personas que tratan de llegar a la frontera norte, pasan entre 24 y hasta 72 horas. Obviamente no van a buscar problemas, pero en México, donde millones de familias viven de las remesas que envían nuestros indocumentados residentes en EU (cerca de nueve millones de mexicanos sin papeles), hay quienes se sienten ofendidos o molestos por la presencia de los centroamericanos indocumentados. Algunos de los que se molestan son los caciques, otros son alcaldes de municipios como Tutltilán o Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México, pero también son narcotraficantes y tratantes que quisieran que la Iglesia no se metiera a lo que consideran su territorio.

No es la primera vez que Solalinde, Pantoja, González y un pequeño ejército de monjas y ciudadanos comunes enfrentan este tipo de problemas. Es algo cíclico. De cuando en cuando alguien se siente muy molesto porque esos tres curas deciden ayudar a otros. Y normalmente cualquiera de ellos aguanta esas presiones. No son novatos ni se arredran. Lejos de quejarse y a pesar de las dificultades que enfrentan, logran sostener las obras.

Y han logrado sostenerlas porque han contado con la solidaridad de su iglesia. Sin embargo, algo cambió en el tono de las declaraciones de Solalinde hace dos semanas cuando vino al DF. En esa ocasión, junto con el padre González, Solalinde habló de las presiones que recibe de parte de los cárteles pero, sobre todo, del hecho que las autoridades de su iglesia no lo apoyan. Y no ha sido sólo en México que no lo apoyan. El año pasado, cuando pasó por Atlanta, Georgia, el arzobispo católico de esa ciudad Wilton Gregory, prohibió a Solalinde entrar a los templos de aquel lugar.

¿Habrá quien presione a las autoridades de la Iglesia para que dejen solo a Solalinde? ¿Será el gobierno de EU preocupado, como siempre, por criminalizar a los migrantes? ¿Serán gobernadores mexicanos como don Aristóteles? ¿Y qué dirán los obispos mexicanos? ¿Estarán de acuerdo en que se le impida a alguien ejercer el mandamiento de la caridad? ¿Y el señor nuncio Christophe Pierre, estará al tanto de las presiones que sufren Solalinde, Pantoja y González? ¿Sabrá, por ejemplo, que incluso Amnistía Internacional tiene una iniciativa para proteger a Pantoja? ¿De verdad son tan peligrosos estos tres curas? ¿También se perseguirá a las congregaciones religiosas que ofrecen servicios para los más pobres por afectar intereses de otros grupos?

Paradójicamente, el papa Francisco interpeló a los bautizados en la isla de Lampedusa y habló de la necesidad de no ser indiferentes ante el sufrimiento de los migrantes. “Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Que no se repita, por favor.”

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/781446.html

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