domingo, 6 de octubre de 2013

El dengue o de cómo al perro más flaco...

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La Crónica de hoy.
Manuel Gómez Granados .



Al perro más flaco se le cargan las pulgas. Así dice uno de los refranes populares que mejor describen los males de la pobreza y el subdesarrollo en México y América Latina. Refleja, en su crudeza, la manera en que esos males se agravan en aquellos países o regiones en los que abundan los males de la política. Lo vimos en la Managua devastada de los setenta; lo vimos en la Tegucigalpa igualmente devastada de los noventa. Lo vimos en Haití la década pasada y, tristemente, lo hemos visto —una vez más— en muchas comunidades de la montaña y las costas de Guerrero este año. Ahí donde hay gobiernos marcados por la corrupción, las construcciones son precarias y los sistemas de protección civil no operan.

Y es que a la destrucción que trajo la actual temporada de ciclones, cada vez más prolongada y errática por los cambios introducidos por la mano humana a los patrones del clima, debemos agregar el riesgo que plantea el dengue en México. Los ciclones no son responsables del problema que vivimos ahora con el dengue, sino que a los mil 742 casos de dengue detectados antes de las lluvias, ahora se prevé un aumento muy considerable .

 El dengue, por cierto, era una de esas enfermedades “de la pobreza” que creíamos que ya estaba controlada y superada gracias a las mejoras de los sistemas de salud y educación. Había razones incluso de orden biológico para creer que llevábamos alguna ventaja sobre el dengue, pues se pensaba que quienes vivimos a más de dos kilómetros sobre el nivel del mar teníamos una especie de garantía o de póliza contra el aedes aegypti, la especie de mosquitos responsables de la transmisión del dengue, la fiebre amarilla y la fiebre artrítica o chikungunia.

Sin embargo, los cambios en la temperatura han hecho que el clima sea más templado, y permiten que ese insecto ya pueda vivir incluso en lugares como la Ciudad de México. El mal manejo de los residuos sólidos y líquidos, así como de todo tipo de desperdicios, que ante la poca vigilancia de las autoridades y los muy bajos índices de colaboración ciudadana que existen en México, permiten que aumenten lugares donde se acumulen pequeñas cantidades de agua y el mosquito encuentre las mejores condiciones para reproducirse: Hoy casi 60% del territorio nacional presenta condiciones que favorecen la transmisión del dengue: centros agrícolas, ganaderos, industriales, pesqueros, petroleros y turísticos.

Los últimos 15 años, que son los años del crecimiento más explosivo de las urbes mexicanas, son también los años del aumento, igualmente explosivo, de los casos de dengue en México. Sólo en el sexenio de Felipe Calderón los casos de dengue hemorrágico, la variedad más perniciosa de la enfermedad, crecieron en cerca de 162 por ciento, lo que ofrece otra prueba —por si nos hiciera falta— de qué tan frágil ha sido nuestro desarrollo urbano y cómo, sin importar qué tanto se nos insista en que vamos en el camino correcto, la necia realidad se impone y nos recuerda que estamos haciendo mal las cosas.

Urge reconocer que el uso indiscriminado de insecticidas no resuelve nada. La historia del DDT ofrece ejemplos aterradores del costo que puede tener el uso de ese tipo de sustancias. No sólo no se erradica a los animales, sino se hacen resistentes y, en algunos casos, se corre el riesgo de contaminar y hacer inútiles grandes cantidades de agua, pues gracias a sus ciclos, lo que contamina el punto X terminará por llegar a afectarnos al punto Y.

Al dengue, como lo demuestran las experiencias de combate a otras enfermedades similares como el virus del Nilo occidental (West Nile Virus), sólo se le puede combatir con un esfuerzo conjunto de autoridades y sociedad civil. Para ello se necesitan relaciones de colaboración y cooperación que suponen, ante todo, que exista suficiente confianza. También se requiere mejorar los sistemas de drenaje y evitar que existan lugares donde se acumule agua que sirva de criadero al Aedes Egypti. Además, necesitamos mejores campañas de control; mejorar la capacitación de médicos y personal de hospitales, mayor inversión para determinar el insecticida más efectivo, sin privilegios de unas empresas sobre otros.

El país está a punto de entrar en una fase de epidemia de dengue hemorrágico que tocaría, entre otros, a Baja California Sur, Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo, Chiapas, Morelos, Colima y—desde luego—a Guerrero. La cooperación de todos es fundamental.

 manuelggranados@gmail.com

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