sábado, 26 de octubre de 2013

Urge reformar, ya





Manuel Gómez Granados

Mañana, el Zócalo será escenario de una nueva movilización de la llamada “izquierda social”, es decir, del movimiento de Andrés Manuel López Obrador, que ha tomado como bandera oponerse a todo lo que diga Enrique Peña Nieto. El actual gobierno de México, como cualquier otro anterior y como cualquier gobierno de otros países, es un gobierno de claroscuros. No es perfecto, pero tampoco se le puede considerar, como lo hace López Obrador, sus aliados y algunos de sus adversarios, la suma de todos los males.

Esto es muy claro en el caso de la reforma petrolera. Nos urge una reforma petrolera. No nos urge porque alguien vaya a robarnos el petróleo, sino porque en los últimos años hemos vivido una revolución silenciosa en los mercados internacionales de los hidrocarburos que colocan a Pemex y al gobierno en una situación muy riesgosa.

En los últimos nueve años, por ejemplo, Estados Unidos ha reducido su consumo de petróleo, pues todos los vehículos que se venden allá desde 2005 deben usar combinaciones de 85 por ciento de gasolina con 15 por ciento de etanol. Es una decisión absurda, pues ha elevado innecesariamente los precios de maíz y la caña de azúcar, pero ha sido muy eficaz para reducir el consumo de petróleo. Obviamente, cambió el patrón de consumo y  producción. EU pasó de producir un poco más de lo que nosotros producimos (millón y medio de barriles de crudo al día) y ser un importador neto de crudo, a duplicar la producción de petróleo y ser un exportador neto de crudo y derivados del petróleo.

A los tres millones de barriles de petróleo que EU produce al día, es necesario agregar lo que produce Canadá y que ha dado forma a la más compleja red de distribución y refinación de petróleo en el mundo. Es una red que inicia en las heladas praderas y sierras de Canadá y Alaska y, como lo haría un gigantesco embudo, lleva el petróleo a las costas del Golfo de México, donde está el grueso de las refinerías y puertos de embarque de derivados del petróleo de EU y otro tanto a California. Además del aumento de la producción de crudo, EU ha aumentado de manera notable su capacidad de refinación en el Golfo, en California e incluso en Maine, al norte de la costa del Atlántico. Las refinerías de California, que producen las mejores gasolinas para cumplir con las estrictas leyes ambientales de ese estado, y las de Alaska, han aumentado su producción en los últimos cinco años 126 por ciento. Las del Golfo de México 187 por ciento.

Que el señor López Obrador se reúna con sus seguidores es bueno. Es prueba de que somos un país en el que se puede expresar libremente el disenso y las exigencias de justicia social. El riesgo es que los legisladores del Congreso pierdan de vista el bosque de los cambios necesarios en el nuevo contexto global por atender el árbol de la prédica de López Obrador.

López Obrador tiene razón en que se debe combatir la corrupción, pues Pemex sostiene un sindicato tan irresponsable como el de maestros; pero también debemos reconocer que el problema de Pemex no es sólo el sindicato. Están los abusivos contratistas y subcontratistas. Se han reducido y desmantelado cuadros técnicos para contratar servicios de empresas privadas con proyectos caros, es necesario renovar tecnología e infraestructura. No podemos explorar o explotar aguas profundas y tampoco podemos refinar el petróleo de arena. Pemex paga impuestos que ninguna otra empresa paga, etc. Urge reformar Pemex ya, de manera racional y razonable.



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