martes, 5 de noviembre de 2013

EL ENORME PODER CURATIVO DE LAS SETAS




Tomado de la Web de la revista DISCOVERY SALUD. Enlace: http://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=170

Como quiera que un amplio porcentaje de las enfermedades que nos afectan son causadas por microorganismos patógenos los seres humanos llevamos ya mucho tiempo utilizando con éxito antibióticos derivados de los hongos, especialmente del género penicillium. La famosa penicilina, por ejemplo, es producida por el hongo penicillium chrysogenum, un moho ambiental. Pues bien los centros de investigación micológica están confirmando en los últimos años que son muchas las setas –incluidas las comestibles- que poseen no ya propiedades antibióticas –que también– si no inmunomoduladoras , antiinflamatorias, anticoagulantes y antitumorales. Les hablamos de ellas y sus propiedades.

Paul Stamets, conocido micólogo norteamaricano que identificó cuatro nuevas especies y ha publicado seis libros e infinidad de artículos sobre el consumo de setas, es además uno de los fundadores de la asociación que agrupa a los bioneers (que podemos traducir como biólogos pioneros), grupo multidisciplinar de defensores de la naturaleza que sustentan que el conjunto de la vida biológica es inteligente y que el ser humano es sólo una ínfima parte de ésta. Stamets sostiene además que los hongos tienen suficiente poder como para remediar gran parte de los daños que los humanos hemos causado al medio natural y que todavía son de carácter reversible, afirmaciones que basa en varias experiencias de descontaminación de suelos y aguas viciadas por compuestos químicos tóxicos mediante el uso de hogos que en poco tiempo son capaces de absorber las sustancias dañinas y disminuir apreciablemente la contaminación.

Y es que un micelio -la masa de filamentos que unidos constituyen el cuerpo vegetativo de un solo hongo- puede llegar a ser gigantesco. De hecho se encontró uno de ¡nueve kílómetros cuadrados! Por eso los hongos actúan como auténticos recicladores de la materia orgánica del planeta. Es más, hoy se sabe que la simbiosis entre los hongos (mycos) y las raíces (rhizos) de las plantas -por eso a esa simbiosis se le denomina micorriza- es ya tal que los expertos empiezan a preguntarse si las plantas podrían sobrevivir sin la ayuda de los hongos.

HONGOS INTELIGENTES Y TERAPEUTAS

Para Stamets la “inteligencia fungal” se evidencia también en el carácter terapéutico de muchas especies de setas . Porque es evidente que así como algunas especies de hongos tienen el poder de matar a un ser humano otras tienen la capacidad de curarle. Algo razonable porque buena parte de las enfermedades que padecemos los humanos las causan microorganismos -desde protozoos hasta bacterias, virus o priones- y los hongos producen precisamente toda una serie de enzimas para protegerse de los que les atacan, enzimas que son las que usamos luego en los fármacos.

A pesar de lo cual hasta hace muy poco tiempo los hongos gozaban de muy mala reputación en occidente. Claro que en la Edad media el cornezuelo del centeno diezmó la población europea y hacia 1850 el tizón de la patata causó años de hambre en Irlanda. En cambio en oriente los hongos son muy apreciados  y se utilizan desde hace milenios para tratar muy distintas enfermedades.

Afortunadamente en Occidente los ha recuperado y muchos centros de investigación micológica se dedican hoy a rescatar el conocimiento popular de sus propiedades terapéuticas para poder  confirmarlas mediante estudios. Además se investigan nuevas especies y variedades no ya por su conocido poder antibiótico –que también – si no por sus propiedades antitumorales, inmunomoduladoras, antiflamatorias y anticoagulantes.

Lo singular es que en realidad también nuestros antepasados utilizaron las setas con fines medicinales. Al menos desde hace 5.300 años tal como demuestra el cadáver congelado del que sería bautizado como Hombre de Ötzi u Hombre de hielo y que murió por esa época en los Alpes pues cuando se encontró llevaba consigo trozos de piptoporus  betulinus y fomitopsis officinalis. Es posible pues que ya aquellos tiempos se supiese que ambos hongos, una vez secos, son muy inflamables y por eso aquel hombre los llevaba para usarlos como yesca para encender fuego… pero también es posible que conociese sus propiedades antiflamatorias (ácidos poliporénicos), antibióticas (piptamina), antivirales y antitumorales (en el caso del primero de ellos). En cuanto al fomitopsis se haría  famoso en la época de DIOSCÓRIDES (40-90 d.c) – le llamaban Agarikón- siendo muy utilizado en estados de debilidad provocado por infecciones. Hoy se sabe que además de potenciar el sistema inmune tiene propiedades antiinflamatorias.

Con respecto a Oriente se piensa que las setas medicinales  ya se utilizaban en China hace unos 4.000 años si bien no se mencionan de forma explícita hasta el tratado de Fitoterapia shen noug escrito hacia el 200 a.c. En él se describen las propiedades medicinales de muchas setas, entre ellas la conocida Reishi. Ya en el siglo xi los chinos dominaban las técnicas de cultivo en troncos mediante inoculación de las hifas (filamentos de los hongos) y el crecimiento selectivo de muchas especies de setas medicinales.

Agregaremos que en realidad más que  del mundo de las setas medicinales deberíamos hablar del universo de los hongos pues se estima que el número  de especies en el planeta está entre 250.000 y 3.000.000 (depende de si incluimos o no hongos microscópicos como los mohos y levaduras). Sin embargo solo hay estudiadas unas 25.000 especies. De hecho hace poco se descubrió la primera ¡seta acuática!: La psathyrella aquatica. Apareció en el fondo de un arroyo en el estado de Oregón (EE.UU). Respecto a las especies con usos medicinales conocidos se han identificado casi mil pero las utilizadas habitualmente no llegan al centenar.

¿POR QUÉ ALGUNOS HONGOS PUEDEN CURAR?

Los paleontólogos apuntan que los hongos comenzaron a poblar la tierra, junto  a las plantas, en el siluriano; es decir hace unos 450 millones de años. Sin embargo demostraron rápidamente ser superiores al resto de las plantas llegando a desarrollarse hongos hasta de 8 metros de altura y un metro de diámetro cuando ninguna de las plantas superaba el medio metro de alto. Son pues pobladores muy antiguos en nuestro planeta y han sobrevivido hasta hoy lo que significa que sus  estrategias para seguir vivos han sido tan buenas que les han permitido superar todo tipo de  avatares durante millones de años de historia geológica (algo que no puede decirse de los dinosaurios).

A fin de cuentas vivir es una lucha cotidiana y cada ser viviente debe enfrentarse diariamente a muchos enemigos. Por eso la evolución dota a cada ser vivo de armas de defensa. Y los hongos al igual que las plantas, han desarrollado potentes defensas químicas, complejas moléculas activas que alojan en su interior y en sus membranas externas  y les protegen del ataque de bacterias, virus, microbios e insectos (y de otros hongos). Las mismas sustancias que hoy aprovechamos nosotros para hacer medicamentos y defendernos porque a fin de cuentas compartimos con los hongos el 30% de nuestros genes.

Ahora bien, no debemos olvidar que no somos sólo química: también somos energía. Y las setas poseen un importante componente energético. De hecho son ante todo las recicladoras de la vida pues utilizan la materia muerta  e inerte para para integrarla en sus propios tejidos; es decir, de alguna forma devuelven a la vida lo que está muerto. Y esa capacidad de transformar energía potencial en energía dinámica es posiblemente lo que subyace en la capacidad curativa de las setas. Por eso algunas de ellas –como el cordyceps- se utilizan desde hace siglos en china para recuperar enfermos convalecientes y como antídoto contra la vejez y la senilidad.

En cuanto a la bioquímica la investigación moderna ha constatado que es buena medida la sinergia de los polisacáridos que contienen –en especial diversos betaglucanos – con otras sustancias lo que hace que los hongos tengan propiedades antitumorales y potencien el sistema inmunitario. De hecho, como luego explicaremos, todas las setas reseñadas en este artículo tienen sustancias  específicas  beneficiosas para la salud. Desde la lovastatina de los pleurotus para disminuir el llamado colesterol malo hasta el NGF del Hericium que actúa potenciando la regeneración de las neuronas y de la mielina.

Sin olvidar, por supuesto, que  las setas son ricas en proteínas y muchas contienen la mayor parte de los aminoácidos esenciales, además de vitaminas del grupo B, minerales -como el zinc, el cobre, el silenio y el vanadio-, enzimas proteolíticas- algunas de ellas con acción fibronolítica-, triterpenos, fenoles, compuestos aromáticos y otras sustancias, algunas de acción aún desconocida.

LOS “CUATRO  MAGNIFICOS”

Con esta mención tan cinematográfica suelen los expertos referirse a las cuatro setas más conocidas universalmente que, por eso precisamente, son las más frecuentes en las estanterías de herbolarios y tiendas de dietética. Veámoslas:

·         El Shiitake  (lentinus edodes). Se trata  del  hongo más estudiado y más popular terapéuticamente. Contiene  un poderoso polisacárido –el  lentinano- que actúa como regulador del sistema inmune y potente antitumoral. Es el hongo medicinal más cultivado del mundo siendo su principal productor y exportador china.
·         El Reishi  (Ganoderma lucidum). El “rey” de las setas medicinales se produce en menor  cantidad que el shiitake pero es el hongo oriental universalmente más reconocido. Potencia el sistema inmune e inhibe el crecimiento tumoral. Destacan también sus propiedades hepatoprotectoras ya que favorece la renovación de las células del hígado. Además es adaptógeno, antihistamínico, analgésico y anticolesterolemiante.
·         El Maitake (Grifola frondosa). Completa la treilogia de los orientales más famosos.
Sus propiedades son casi las mismas que de los otros dos. Respecto a sus propiedades antitumorales cabe resaltar que en pruebas de laboratorio se ha comprobado que inhibe el desarrollo de sarcomas en el 98% de los ratones infectados.
·         El Champiñón del sol (Aagaricus blazei Murrill). Encontrado por primera vez en las montañas del sur de Brasil sus virtudes curativas fueron estudiadas por micólogos japoneses a finales del siglo pasado encontrado que es más rico en betaglucanos que los tres anteriores. En japonés se le denomina Himematsutake (Seta príncipesca).   

LAS OTRAS SETAS MEDICINALES MÁS POPULARES

Aunque en la tabla adjunta se resumen las propiedades terapéuticas más significativas de las doce setas medicinales más conocidas (incluyendo las cuatro anteriores) conviene complementar esa información con algunos datos. Y vamos a empezar con una seta muy conocida por sibaritas y gastrónomos: el Boletus edulis. Muy abundante y frecuente en los pinares, robledales y castañares del norte de España es útil saber que se trata del alimento más rico en selenio biodisponible que se conoce, elemento químico de conocidas propiedades antitumorales y antioxidantes. Algunos estudiosos sustentan que contiene sustancias antimutagénicas así como polisacáridos antiinflamatorios, antivirales y protectores de los vasos sanguíneos.

Otro hongo destacable es el Cordyceps sinensis, tan interesante como singular ya que la mayor parte de su ciclo vital se desarrolla dentro de un insecto (en especial las larvas de orugas que luego se metamorfosean en polillas). El hongo que infecta la larva se va desarrollando durante todo el invierno en el interior de la misma hasta que al llegar la primavera brota del cuerpo momificado de la larva muerta como una larga seta para generar las esporas que se dispersarán en el entorno y repetir el ciclo. Esta especie es abundante en las zonas altas de pastoreo de Nepal y del Tíbet, a más de 4.000 metros de altitud. Hace miles de años los pastores de veranada notaban un fuerte incremento de la vitalidad de cabras y ovejas que pastaban en las zonas con Cordyceps y comenzaron a consumirlo, en especial para contrarrestar los efectos de la falta de oxígeno a grandes alturas. Durante muchos años esta seta se reservaba en China para el consumo exclusivo del emperador y se consideraba un tónico más poderoso que el Ginseng. Hace unos veinte años se consiguió cultivarlo sobre un sustrato rico en proteínas lo que permite su producción masiva. Contiene importantes cantidades del nucleótido adenosina que actúa a nivel mitocondrial potenciando el ciclo del ATP lo que se traduce en un aumento notable de la capacidad metabólica. Esta acción redunda en beneficio de ancianos, pacientes con astenia o personas que se encuentran en una larga convalecencia y, en general, de todas aquellas personas que deban someterse a intensos y prolongados esfuerzos (deportistas, pilotos, etc.). Por todo ello se recomienda consumir Cordyceps a personas con anemias, fatiga crónica, debilidad cardiaca, EPOC, insuficiencia respiratoria, arritmias, etc. Y por sus propiedades reconstituyentes se aconseja usarlo asimismo en casos de depresión, falta de libido, impotencia e, incluso, para tratar la infertilidad.

El Auricularia aurícula-judae es por su parte un hongo gelatinoso y dulce sabor que tiene la propiedad de absorber el cobre de los suelos resultando un potente antiséptico (activa los leucocitos), antioxidante (activa la Superóxido Dismutasa o SOD) y anticoagulante-antitrombótico (disminuye la agregación plaquetaria). También disminuye el colesterol al potenciar la función biliar y aumentar la absorción de lípidos a nivel intestinal. Recientemente se han descrito incluso propiedades protectoras de las células beta pancreáticas (personas con diabetes  insulinodependientes)- Otra seta gelatinosa es la Orejita blanca o Tremella fuciformis. Cultivada en China desde hace casi 4.000 años forma un manojo de hojas muy delgadas y casi traslúcidas estando considerada un manjar en Japón. De efecto broncodilatador mejora las afecciones de las vías respiratorias calmando la tos y suavizando los ataques de asma. Como en el caso de la anterior hay evidencias de que algún componente de esta seta puede reparar las células beta dañadas del páncreas estimulando la producción de insulina, algo fundamental para los enfermos de diabetes 1. En Oriente se utiliza además con fines cosméticos pues se piensa que mejora y rejuvenece el cutis. Su pariente próximo, la Tremellamesenterica es muy utilizada también para afecciones de las vías respiratorias pero además actúa controlando el equilibrio entre los estrógenos y los andrógenos; interesante pues para casos de acné, hirsutismo, falta de libido, etc. Poco conocida -pero no menos efectiva- es la acción neuronal de la melena de león (Hericium erinaceus) que potencia la síntesis del NGF (factor de crecimiento neuronal) con mejora de la memoria, la sensibilidad de neuropatías periféricas (diabetes) y el retraso en la degeneración retiniana. Su uso es recomendable en casos de alzheimer, senilidad, depresión, insomnio, esclerosis múltiple y ansiedad. En Japón se le llama Yamabushitake y se utiliza por su efecto protector de las mucosas del sistema digestivo al ejercer una función reparadora de los epitelios. Por eso se recomienda en casos de úlceras, gastritis, hernia de hiato, enfermedad de Cröhn e inflamaciones intestinales. Queda mencionar el Coriolus versicolor -Kawaratake en japonés-, también denominada Trametes versicolor o Seta Cola de Pavo. Es una de las setas de uso terapéutico más antiguo en China y por eso mismo más estudiadas. Posee efectos antitumorales y el extracto de su principio activo -la cresina o PSK- sigue utilizándose en Japón y muchos otros países a pesar de estar desaconsejado por la FDA norteamericana. Hay evidencias de su acción hematopoyética, especialmente en la estimulación leucocitaria. Antifúngica se ha observado especialmente su eficacia en la candidiasis.

PLEUROTUS OSTREATUS

Las Setas de Cardo. De las que Pleurotus ostreatus y Pleurotus eringii son quizás las más comunes. Ambas tienen cualidades reparadoras y reforzadoras de los vasos sanguíneos y ejercen una acción relajante sobre músculos y tendones. La primera además -conocida también como Seta de ostra es rica en loviastatina y, por tanto, recomendable para las personas con colesterol alto.

Juan Carlos Mirre

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