domingo, 15 de diciembre de 2013

La CEPAL y la pobreza



Manuel Gómez Granados.

Hace unos días, la Comisión Económica Para América Latina dio a conocer su Panorama Social 2013, la más reciente edición de un documento que ha pasado de sólo acopiar estadísticas de los países de la región, a ofrecer soluciones para nuestros problemas.

La estadística más importante para el Panorama Social 2013 es la pobreza en América Latina. El documento, disponible en http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/publicaciones/xml/9/51769/P51769.xml&xsl=/tpl/p9f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xslt), nos dice que aunque la pobreza afecta ahora a 164 millones, un menor número de personas que hace 10 diez años, cuando golpeaba a 225 millones, hay un núcleo duro de pobreza extrema, de miseria. Este núcleo incluye a 68 millones de personas que no encuentran salida a sus problemas. De esos 68 millones de personas en pobreza extrema, México tiene el dudoso mérito de contar con 11 millones, casi 19 por ciento del total de toda la región y el diez por ciento del total de nuestra población. Además, hay en México un contingente de 52 millones de personas que padece algún tipo de pobreza, que podrían caer en pobreza extrema con relativa facilidad dada la fragilidad de su condición.

En el fondo del problema que padecemos en América Latina y en México están los programas que se han aplicado en los últimos años. Esos programas efectivamente atacaron los efectos más obvios y perniciosos de la pobreza, pero no han logrado atacar las causas. Una de esas causas, como lo señala la Cepal, es la mala calidad de los servicios médicos a los que tienen acceso los más pobres, especialmente quienes viven en las zonas rurales. Esto ha sido dolorosamente obvio en México en fechas recientes, con los casos de partos de mujeres indígenas en patios o pasillos de instituciones públicas de salud incapaces de atenderlas. Es muy evidente también cuando se considera la calidad de la educación que reciben los menores y jóvenes que viven en estados como Oaxaca, Zacatecas o Durango. También es resultado del hecho que esos programas no fomentan que las personas se valgan por sí mismas ni se desarrollan los mercados locales. Es más, las tarjetas de subsidio a los más pobres, sólo sirven para consumir en supermercados que cuentan con terminal electrónica, de modo que la riqueza se reconcentra.

La pobreza también tiene que ver con la manera en que los beneficios del crecimiento económico se distribuyen. México, incluso en las más recientes crisis, ha crecido. El problema es que ese crecimiento, de por sí raquítico, se ha concentrado en un número muy reducido de personas que, además, tienen tanto control de los mercados nacionales  que pueden imponer precios a capricho, casi siempre según prácticas monopólicas.

Esa es una de las razones por las que México, a pesar de haber contado—como otros países de la región—con lo que la Cepal llama el “viento favorable de cola”, es decir, los aumentos en los precios de las materias primas, no ha tenido el éxito de otros países en la reducción de la pobreza.

Urge en nuestro país que, además de preocuparnos por crecer, nos preocupemos también por la manera en que crecemos. Hacerlo como lo hemos hecho hasta ahora, sólo servirá para concentrar todavía más la riqueza en pocas manos. Esa es, por ejemplo, la gran incógnita que emerge ahora que el gobierno logró la reforma petrolera que tanto buscó.

¿Cómo se asignarán los contratos que Pemex y la Comisión Federal de Electricidad serán capaces de celebrar por su cuenta? Esto es más importante cuando se considera que no existen ni siquiera rumores de una posible reforma de la manera en que operan los sindicatos en México y, especialmente, de la manera en que actúan los muy poderosos sindicatos de esas dos empresas que, desde el año próximo tendrán mayor autonomía para decidir de qué manera operarán.

Algo bueno de la reforma energética es que ya no existirán los pretextos que durante los últimos 15 años explicaron las insuficiencias de las políticas de desarrollo social pues, decían, “no había dinero”. Si hemos de creer a los principales factores de la reforma de Pemex y la CFE, el PRI y el PAN, se han retirado ya los obstáculos que hacían imposible el desarrollo. Habrá dinero, pues, para mejorar la infraestructura sanitaria y educativa en las zonas rurales. El riesgo sigue siendo que la corrupción o las prácticas monopólicas se coman la riqueza que las reformas generen. Ya estiempo de que para la corrupción y las prácticas monopólicas también haya reformas, ¿no cree usted?
manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/803363.html

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