domingo, 29 de diciembre de 2013

Plantas medicinales y desarrollo en la Sierra Norte de Puebla


Manuel Gómez Granados.

Margarita vive en Chiconcuautla, en la Sierra Norte de Puebla, a cuatro horas de la ciudad de México. Recientemente aprendió a desparasitar a sus cinco hijos con plantas medicinales que tiene a la mano y que nunca imaginó que podrían servir para curar a sus hijos. Además, al usar las plantas a su alcance, no tuvo que gastar en pasajes y medicinas como antes lo hacía. También aprendió las propiedades de algunas plantas para combatir: infecciones respiratorias y estomacales, dolores musculares, cólicos, estrés, artritis, y muchas otras enfermedades.

Para llegar a Chiconcuautla, uno de los municipios que registran peores índices de desarrollo humano en todo el país, hay que recorrer un camino de terracería, intransitable cuando llueve. 80 por ciento de los habitantes son indígenas, la inmensa mayoría carece de ingresos suficientes y estables para sostener a sus familias. Muchos caminan descalzos, lo que los hace blanco fácil de piquetes, heridas, parásitos y otras enfermedades. Desde pequeños deben transportar leña para cocinar tortillas, frijoles, quelites y algunas verduras. Buscan sus alimentos en el monte para poder sobrevivir.

Según INEGI, en 2011 la tasa de mortalidad infantil en Chiconcuautla fue de 17.8 defunciones por cada mil habitantes, una de las más elevadas en el estado de Puebla. Las infecciones gastrointestinales, respiratorias, y diversas enfermedades relacionadas con la falta de higiene aquejan principalmente a menores. Además, muchos niños en la región padecen un evidente rezago de capacidades psicomotoras y de aprendizaje, pues la mala alimentación con que subsisten ha lisiado su desarrollo intelectual.

En Chiconcuatla, ubicado casi a la mitad de la distancia entre Zacatlán y Huauchinango, viven poco más de 15 mil habitantes que enfrentan condiciones de rezago y marginación casi insuperables: no hay suficientes servicios de salud, educación o capacitación para el trabajo y el poco transporte que existe es caro, escaso y de mala calidad, lo que hace imposible que esas personas puedan obtener esos servicios en otros lugares.

Dadas estas condiciones, el Programa Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, en alianza con el Centro Nacional para el Desarrollo Integral, Cenadin AC, promovió la elaboración de un manual y la impartición de talleres que informan sobre el conocimiento y uso de plantas medicinales de esa región. El manual documenta las propiedades medicinales de 100 plantas de la Sierra Norte de Puebla. La iniciativa busca que la población cultive esas plantas, prevenga algunas enfermedades y cure otras, sin castigar todavía más los de por sí exiguos recursos de quienes viven en Chiconcuatla y la región.

Como en otros municipios, Cenadin impulsa diferentes iniciativas como granjas de traspatio, producción de hortalizas y hongos tipo seta, un alimento rico en proteínas, con propiedades antibióticas, que mejoran el desempeño del sistema inmunológico y previenen el desarrollo de distintos tipos de cánceres, además de que se cultivan con técnicas que mejoran la calidad de los suelos, por medio del uso de humus producido por lombrices.

El conocimiento de las plantas medicinales, también ayuda a mejorar la calidad y el sabor de la comida a la que las familias tienen acceso. La idea es reducir o eliminar el consumo de alimentos chatarra o sintéticos, que llegan a precios muy altos a este municipio, y detonar, poco a poco, el crecimiento de la economía.

Los promotores de estas iniciativas tienen claro que el uso de las plantas medicinales no puede competir con las ventajas que ofrece la medicina moderna, pero sí pueden ayudar a evitar la incidencia de ciertas enfermedades, de manera que las tasas de morbilidad y mortalidad de los sectores más vulnerables se reduzcan.

Otra ventaja que tiene el uso de plantas medicinales es que fortalece la identidad étnica y cultural de los habitantes de pequeñas poblaciones. Es un mecanismo que les permite reconocerse a sí mismos como agentes de su propio desarrollo y mejorar sus condiciones de vida. Recuperar el conocimiento ancestral sobre el uso de esas plantas es un primer paso para combatir la exclusión, que está en la base misma de los grandes problemas de educación, salud y nutrición, y que ataca a comunidades como Chiconcuautla que, dado su pequeño tamaño, no son importantes para definir los resultados de elecciones estatales o federales.

Es una iniciativa modesta, pero como decía Schumacher: “lo pequeño es hermoso”. En pequeñas comunidades, con organización y capacitación, es posible detonar procesos de desarrollo, pero es necesario que los gobiernos federal y estatales reconozcan que las personas, no las elecciones o los partidos, deben estar en el centro de esos procesos.

Feliz Año Nuevo.

manuelggranados@gmail.com


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