jueves, 30 de enero de 2014

“Seamos realistas, pensemos lo imposible”


Fernando López Anaya.
En los sistemas de administración del conocimiento, los paradigmas rigen avances y retrocesos a partir de evidencias de experimentación, y las conclusiones y los axiomas de las distintas disciplinas establecen parámetros rigurosos y claros sobre la estructura del discurso científico. La forma de hacer ciencia generalmente se explica a partir de un modelo conceptual vigente que descifra al mundo y al hombre.
El discurso científico explica los fenómenos que interesan a grupos de científicos que son reconocidos por instituciones académicas o políticas para justificar una cierta ideología. La disertación científica frecuentemente no resiste un análisis que devela una manera de establecer redes entre instituciones y su consecuente fuerza relacional y de tensión para configurar y atravesar a individuos, su comportamiento, sus deseos... la ciencia extrae “aisladamente” de la sociedad a cada persona para observarla y establecer coordenadas de definición.
En gran medida, el ejemplo de gestión de grupos de científicos que “separa” a los individuos para mantenerlos libres de relaciones, también se traslada a la cultura,  pues es aquello que configura el hipermodernismo, modelo de pensamiento que “divide” en fragmentos la experiencia de vida para aislarlos y juzgarlos de forma distinta.
La cultura de la “imagen”, que es, en buena medida, una manifestación del hipermodernismo, establece modelos de comportamiento y apariencia que deben seguir los individuos según las circunstancias, un ejemplo de esto es la moda, que se construye gracias a las articulaciones de grupos que conforman instituciones, gestionan el saber y validan a aquellos que “avanzan” en el desarrollo de las formas del discurso vigente.
La aplicación de las ciencias también es una mirada que explica a los individuos, los jerarquiza, modela, controla, fotografía… y educa para hacer de la realidad un mapa medible, estructurado y predecible, sin caos ni desorden. La realidad no puede ser aquella que nos dicte la imaginación y la subjetividad absoluta, es aquella que nos presentan con el régimen del consecuente lógico condicionado y direccionado al análisis que sirve para castigar y estigmatizar en el sistema de la “sociedad carcelaria”, según expresión de Michael Foucault.
Tenemos prohibido dudar del átomo, de los electrones y de los quarks, de la tabla periódica de los elementos químicos... ¿Qué ha cambiado cuando en la edad media quemaban vivos a los que estuvieran en contra de la verdad única a nuestros días? Algunas formas, instituciones, personas, argumentos, castigos… la trama es la misma. El planteamiento no es establecer la duda por la duda misma, sino por lo que la duda nos permite abrir: un horizonte más amplio, con posibilidades nunca antes pensadas, y que no por estar ausentes de los planteamientos vigentes son imposibles. Por eso, adquiere sentido aquello que dijo Ortega y Gasset: “Ciencia es todo aquello sobre lo cual siempre cabe discusión”.
En un análisis foucaultiano, la economía capitalista que se globaliza cada vez más como una de las formas de institucionalización del conocimiento que consagra el panoptismo actual, es instrumento de control y ejercicio del poder. Distintos caminos que despierten suspicacia, ruptura, independencia y rebeldía son sofocados; por eso, internet, que en ocasiones representa un desafío a las instituciones y al conocimiento que las justifica, es un nuevo campo de batalla, más sofisticado, más complejo, donde se busca prohibir la disidencia a las teorías ortodoxas de las distintas disciplinas de la ciencia y la política.
Finalmente, la realidad no es lo que aparece en un discurso, ni siquiera lo que muestran los números, las imágenes y fotografías, tampoco es lo que muchos han endiosado siguiendo a G. Hegel: “todo lo racional es real y todo lo real es racional”, la “realidad” no es lo real, por eso quiero dudar y hacer una relectura de lo que nadie cuestiona y subrayar: “seamos realistas, pensemos lo imposible”. 

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