jueves, 27 de febrero de 2014

La escuela de la estrechez


Fernando López Anaya.


Desde el 17 de mayo de 2012, existe un programa de TV transmitido por History Chanel, que da a conocer a personas increíbles con súper poderes y habilidades extraordinarias, es el programa de Superhumanos. Este programa dio a conocer a un hombre que puede sacar cuentas complejas, incluyendo raíces al cuadrado y al cubo, más rápido que cualquiera en la tierra, es la famosa Calculadora humana. En una de las entrevistas que le hicieron, este colombiano llamado Jaime García Serrano, dice que no se considera alguien con capacidades superiores a las de cualquier persona, sino que sus habilidades se deben principalmente a un trabajo desarrollado desde su temprana edad, es un trabajo que ha requerido una singular libertad para pensar las matemáticas, su funcionamiento y la búsqueda cada vez más detallada para hacer cálculos más rápidos.


El ejemplo de Jaime puede hacernos pensar que algo sucede con el modelo educativo actual, que la capacidad humana para desarrollar habilidades nunca antes pensadas, puede estar estrechamente ligada a que los métodos de enseñanza pueden ejercer una función como de barrera de contención, pues sí podemos conocer un poco, pero no más. Es como si el sistema educativo actual, en lugar de desarrollar el verdadero potencial intelectual de las personas, se encargara de administrar la ignorancia y la pereza mental.

Algunos profesores que dirigen instituciones educativas como las Universidades, en muchas ocasiones ejercen una crítica que apunta a un cambio en el ser y quehacer de las instituciones de enseñanza, pues con frecuencia constatan que la escuela no responde a los retos del mundo de hoy.

Pero, ¿qué se quiere decir con que la enseñanza actual no responde a los nuevos retos? ¿Qué aspecto se desatiende de forma tal, que se constata un desfase entre los nuevos profesionistas y el cambiante mundo laboral de hoy?

La educación, como la conocemos, ha privilegiado un objeto concreto y particular, y que se basa principalmente en lo meramente académico, aquello que está arraigado a tradiciones, un ejemplo de estas son las formas teóricas que parten de hechos cronológicamente ordenados, historicismos que tienen como punto de partida la ideología vigente, como el análisis que hizo el marxismo con el tema de la lucha de clases. También hay otros tipos de historicidad como el que tiene que ver con la razón y la verdad, que pretende abrir posibilidades para elaborar La historia de la verdad.

Existe una tendencia a restringir la mirada educativa a uno o algunos objetos de lo académico. Aunque hay intentos de análisis relativamente nuevos en ámbitos nunca considerados, como por ejemplo el que puede referirse a las muchas experiencias personales y colectivas, todavía hay un desdén por ampliar el espectro de visión en la educación.

Ampliar esta visión implica establecer nuevos modos de relaciones, de distintos objetos y en distintos ámbitos, como aquellos vínculos de la experiencia humana que tienen que ver con el fin de la vida humana: la muerte. Es necesario abordar los modos en los que estas relaciones se integran y ordenan a la totalidad de lo académico y forman nuevos cuerpos teóricos. Creo que muchas respuestas también se pueden encontrar en temas como el del surgimiento de la escuela en determinados contextos, y de cómo todavía hoy, siguiendo los análisis de Michel Foucault sobre la sociedad carcelaria, las escuelas pueden responder a planteamientos sobre la configuración de mecanismos punitivos que no distan mucho de los que se implementan en las cárceles con la finalidad de castigar la valentía y la indisciplina.

Una clave para resolver la parálisis que afecta el desarrollo de capacidades intelectuales, es establecer relaciones que poco o nunca se han hecho. Es una tarea ardua que consiste en analizar los muchos silencios del ámbito académico, y considerar lo que expresó Quintus Curtius, historiador latino del siglo I: Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos.

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