domingo, 23 de marzo de 2014

Cuatro de cada 10, con hambre



Manuel Gómez Granados.

Es difícil imaginar una noticia más interpelante. Si nos dijeran que se trata de Haití quizás nuestro pensamiento iría a ese lugar y trataríamos de hacer algo. Pero no. El lugar donde 38.3 por ciento de la población, cuatro de cada diez personas, sufren inseguridad alimentaria es México, un concepto elegante para decir que cuatro de cada 10 personas no tienen lo suficiente para comprar alimentos. La fuente no es alguna organización radical. Lo dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que, hasta donde sabemos, no es comunista ni enemiga de las reformas estructurales. La OCDE es uno de los clubes de los países ricos del planeta. Es el único club de países ricos en el que México está pues, obviamente, no tenemos lo necesario para ingresar, por ejemplo, al G-7. Entre otras razones, porque ese 38.3 por ciento es más del doble, casi el triple, del promedio (13.2 por ciento) en los otros países de la OCDE. Quien dude, puede buscar el documento Society at a glance 2014 (Panorama social 2014), disponible en http://www.oecd.org/els/soc/OECD2014-SocietyAtAGlance2014.pdf; los datos relativos al hambre están en la página 28.

Lo que la OCDE señala es más grave si recordamos que la Cruzada Nacional contra el Hambre ya lleva casi 18 meses, y peor si recordamos que tenemos, desde 1988, algún programa dedicado a acabar con el hambre: Solidaridad, Progresa y Oportunidades. Incluso antes, en 1962, se había creado la Conasupo, la Compañía Nacional de Subsistencias Populares. Y algo se ha logrado en estos 52 años pero la realidad, dicha por la OCDE o el Consejo Nacional para Evaluar la Política Social, el Coneval, es que cuatro de cada diez mexicanos no tienen suficiente dinero para comer y, por ello, comen mal. Al comer mal, no hay desarrollo integral de las personas. A los niños malnutridos no se les desarrolla plenamente el cerebro y quedan condicionados de por vida. Posteriormente, no existen medicinas que les proporcionen salud; muchos sufren obesidad y muchos de éstos padecen diabetes. Y, aunque hagan un esfuerzo sincero, a la mayoría les va mal en la escuela, por lo que tendrán empleos mal remunerados y perpetuarán el ciclo de pobreza y quizás—advierte la OCDE—de violencia.

En 2009, la proporción de los que decían pasar hambre era 31.9 por ciento, mientras que el promedio de la OCDE era 11.2 por ciento. ¿Qué ocurrió? Por una parte, México invierte realmente poco y mal en sus programas sociales: apenas un poco más del siete por ciento del PIB. El promedio de la OCDE es 21.9 y el más alto es de Francia, que destina 32.8 por ciento de su PIB. Ahí se reflejan los impuestos condonados a las grandes empresas, pero también el hecho de que en México abundan los monopolios y eso desalienta la inversión y reduce el número de empleos o autoempleos, pues unos cuantos acaparan mucho de lo que el país produce.

¿Qué ha faltado en México? Aunque duela a muchos, nuestra experiencia de combate a la pobreza ha estado más preocupada por asegurar apoyos políticos a los gobiernos en turno para agrupar incondicionales, que por resolver el problema de fondo, que es la producción de alimentos y la desigualdad. Muchos de nuestros pobres viven en comunidades rurales, aisladas, no producen suficientes alimentos y pagan más por recibir los alimentos producidos en otros lugares. Al no producir suficientes alimentos (maíz, por ejemplo) y dada la inestabilidad de los mercados, somos más vulnerables a los vaivenes de la economía mundial. Urge volver a producir suficientes alimentos y capacitar a los pobres para que los produzcan de forma creativa y utilizando ecotecnias sencillas. De otro modo seguiremos aumentando el número de pobres y sujetos a las variaciones en los mercados, agravadas por los efectos del calentamiento global.

La OCDE urge a concretar acciones para evitar el crecimiento de la desigualdad y las divisiones sociales. Dice: “Los riesgos sociales son mayores cuando se concentran en grupos específicos”; la imagen perfecta de esa situación es lo que ha vivido Guerrero los últimos años que, a su miseria ancestral, sumó el año pasado los daños por un huracán y la corrupción de sus autoridades que malversaron las despensas que recibieron para ayudar a la población. Además de que advierte: “Las familias con niños enfrentan ahora riesgos considerablemente mayores de caer en una situación de pobreza que en 2007” y tristemente eso es lo que ha ocurrido en México. Ese es el reto a superar.

manuelggranados@gmail.com
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