domingo, 2 de marzo de 2014

El México y el Barómetro Global de Conflictos 2013


Manuel Gómez Granados.

La semana pasada, el Instituto Heidelberg para la Investigación Internacional del Conflicto (HIIC), publicó su reporte correspondiente a 2013. Como ya es una costumbre, México es el único país de América Latina que aparece ahí como teatro de un conflicto de alta intensidad, de una guerra. La razón del conflicto la conocemos, algunos dirán que está sobre-diagnosticada: son los efectos de la violencia que genera el narcotráfico y el crimen organizado, y las poco acertadas estrategias que los gobiernos del PRI y del PAN han diseñado contra ese fenómeno. Si ya el año pasado el HIIC hacía sonar las alarmas por lo que ocurría en México, en 2013 se rompió el molde gracias a la entrada en el conflicto de las llamadas autodefensas.

La descripción de la realidad mexicana hecha por el HIIC deja poco lugar a dudas:

“En las Américas, persistieron los conflictos entre las organizaciones criminales y los gobiernos en la región, así como los conflictos entre los grupos. Las muy violentas confrontaciones por drogas y el predominio interno en México continuaron con más de diez mil personas muertas en 2013. La única guerra en ese continente, librada entre los cárteles de la droga y el gobierno estuvo acompañada por la aparición de grupos de vigilantes en los estados de la costa del Pacífico de Michoacán y Guerrero, que pelearon contra el gobierno y contra los cárteles locales… La guerra limitada que implica los conflictos entre los cárteles estuvo marcada por una mayor fragmentación de los grupos del crimen organizado y por crecientes conflictos por el control del territorio en Sinaloa, Guerrero, Jalisco, Chihuahua y Tamaulipas.” (Ver p. 72 y de la 84 en adelante del Barómetro, disponible en www.hiik.de/en/downloads/data/downloads_2013/ConflictBarometer2013.pdf).

Y algo que debería preocupar a los políticos de cualquiera de los tres partidos más importantes de México es que, en opinión del HIIC, el conflicto tiene ya elementos de lucha por el control de las instituciones nacionales de poder, así como disputas por el control del acceso a recursos, además de la persistencia de conflictos, como el que involucra al Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, que está latente, pues no han desaparecido del todo.

Para el HIIC, en México hay seis conflictos relevantes. El menos intenso involucra al gobierno federal y al Ejército Popular Revolucionario, EPR, en Guerrero, con una intensidad de 2. Le siguen los conflictos entre el gobierno federal y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Oaxaca, con una intensidad de 3. Con la misma intensidad el HIIC califica el conflicto entre el gobierno federal y el EZLN en Chiapas, así como las huellas, que todavía no cicatrizan del todo, de la elección federal de 2006 y que enfrenta al gobierno federal con distintas organizaciones civiles. Con una intensidad de 4 están los conflictos entre los distintos cárteles de la droga. Finalmente, con una intensidad de 5, el conflicto entre los cárteles, el gobierno federal y las autodefensas en Michoacán y Guerrero. Para comprender qué tan grave percibe el HIIC nuestra situación, esa institución califica también con 5, el máximo, a los conflictos en Siria, Egipto, Sudán, Nigeria, Mali, Congo y Somalia.

La importancia de los conflictos entre o contra los cárteles de las drogas hace inevitable preguntarse qué tanto se logrará con la captura de Joaquín El Chapo Guzmán. México ya lleva muchos años (desde los ochenta) de apostarle a la ruta policiaco-militar para resolver ese problema y, lejos de lograrlo, se agrava, como se puede constatar al revisar las ediciones previas del Barómetro del HIIC. Qué bueno que El Chapo haya sido capturado pero, ¿qué hará el gobierno federal para resolver los problemas que explican el que capos como El Chapo se reproduzcan? El desarrollo humano, que garantice educación, empleo y oportunidades para todos sigue siendo la solución, pero eso no se logrará con programas interesados, más bien, en contener y administrar la miseria. Con promesas y planes los pobres no comen.

Y algo más, quien todavía dude de los efectos perversos del crimen sobre el crecimiento, puede consultar un estudio recientemente publicado por el Banco Mundial, de Luis F. López-Calva, titulado “Convergencia entre crimen y crecimiento”, que mide el daño que el crimen vinculado al narcotráfico genera, de modo que ahora ya sabemos que una tasa de 90 homicidios relacionados con el narcotráfico por cada 100 mil habitantes, le cuesta a los municipios que los padecen un punto porcentual de crecimiento del PIB.

manuelggranados@gmail.com

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