lunes, 24 de marzo de 2014

Estómago hambriento no tiene oídos



Fernando López Anaya.

En el municipio de Chiconcuautla, al norte del estado de Puebla, el 67.8% de la población se encuentra con un ingreso inferior a $684 pesos mensuales, y 39.4% de la población sufre pobreza alimentaria, según datos de CONEVAL 2011.

De los 3,403 hogares contabilizados por INEGI en el último censo, el 21.6% de ellos tienen jefatura femenina. El 51% de la población de Chiconcuautla son mujeres. Si se toman en cuenta las cifras, las mujeres que tienen la responsabilidad de mantener un hogar, reciben menos ingresos y tienen más gastos. Aunado a esto, Chiconcuautla se ha convertido en exportador de mujeres que buscan trabajo para el servicio doméstico en las grandes urbes.

En este escenario, es incomprensible entender que hay mujeres de Chiconcuautla que piensan diferente su futuro. ¿Se imagina que mujeres indígenas de la Sierra Norte de Puebla comienzan a producir un alimento que rompe con la desnutrición que han padecido por generaciones?

Desde hace 2 años, un grupo de mujeres produce el hongo tipo seta, alimento que tiene un valor nutricional notable, ya que constituyen una excelente fuente de proteínas por contener hasta 35% en base seca.

¿Se imagina a los hijos de estas mujeres marginadas con mejor alimentación, y por consiguiente, con un mejor desarrollo nutricional desde sus primeros años de vida? La pobreza también tiene un origen biológico arraigado en la alimentación de las personas. La pobreza es el resultado de un entrecruzamiento fatal de distintas condiciones que hacen que Chiconcuautla, municipio con más del 80% de población indígena, esté clasificado entre los que tienen menor índice de desarrollo humano en el país.

Cenadin acompaña a grupos de mujeres de la Sierra Norte de Puebla para mejorar sus cultivos, para hacer que actividades productivas detonen un cambio de mentalidad frente a la situación de desventaja que padecen.

El sábado 15 de marzo, un grupo de mujeres de Chiconcuautla que cultivan hongo seta en micro invernaderos con riego tecnificado,  se reunieron con vecinas del municipio que se interesan en formar otro grupo para coadyuvar en la producción de setas en la región.

Con estas acciones, Cenadin no sólo está cambiando hábitos alimenticios, sino modos de ver la vida, con una esperanza más “real”, sin romanticismos metafóricos. Las mujeres que producen hongos y alimentan con ellos a sus hijos, se dan cuenta que los niños se enferman menos, están más despiertos, ponen más atención, juegan más y tienen más apetito.


Esta experiencia de acompañamiento que tiene Cenadin con estas mujeres, nos enseña que muchas de las soluciones a los problemas que enfrentamos para abatir el subdesarrollo no están en proyectos faraónicos, donde se requieren grandes presupuestos, sino en soluciones creativas, con seguimiento permanente y, principalmente, con un cambio de mentalidad de quienes viven en la cultura de la pobreza.





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