domingo, 16 de marzo de 2014

La Línea 12 o si puedes, mejor compra un auto


Manuel Gómez Granados.

El destino de las ciudades está ligado a la eficacia de sus sistemas de transporte. Las ciudades exitosas son las que tienen sistemas eficaces de transporte público: Nueva York, Tokio, Londres, Boston y París tienen ventajas como generadoras de innovación empresarial o creación artística porque entendieron que las economías modernas requerían de ciudades con sistemas eficaces de transporte público.

Los mexicanos llegamos tarde a la construcción de sistemas de tren subterráneo, pero —en términos generales— llegamos bien. Las primeras tres líneas de Metro, construidas en el Distrito Federal mientras se preparaba el país para organizar las Olimpiadas de 1968 y el Mundial de Futbol de 1970, resistieron las pruebas de los sismos, especialmente el de 1985, además de las pruebas que generan las ampliaciones y el deficiente mantenimiento de las instalaciones y los viejos trenes.

Algo ocurrió después de aquel primer empujón. No sólo se ha construido menos, sino que se ha construido mal. Las líneas 4 (Martín Carrera a Santa Anita), 5 (Politécnico a Pantitlán) y la A (Pantitlán a La Paz), han tenido que suspender en algún momento de sus vidas el servicio para corregir errores que se cometieron al diseñarlas o construirlas. Otras, como la 6 (Martín Carrera-Rosario) son insuficientes y por ello se prepara una ruta de Metrobús que correrá en paralelo. Parte del problema es el egoísmo que predomina en la ciudad y en todo México. La línea 6, tiene su actual recorrido porque el GDF evitó la ira de los vecinos de Lindavista, que ahora se oponen al Metrobús. También pasó así con la línea 7 (Rosario-Barranca del Muerto), pues toca a Polanco, donde también hubo oposición. Y nadie que conozca el espectáculo que ofrecen los paraderos de Indios Verdes o Cuatro Caminos podría recriminar la negativa de los vecinos de Polanco o Lindavista a la construcción del Metro: montañas de basura, indiferencia de las autoridades, personas que orinan o defecan en la vía pública plena luz del día, ruido y ratas de cuatro y dos patas por doquier.

El rechazo es, en parte, resultado del autoritarismo con que se hacen las cosas. En los setenta, Carlos Hank impuso la construcción de los ejes viales sin advertir los daños que causaban en las vidas, el patrimonio y el capital social de colonias afectadas, como la Roma o la Industrial. Fiel a su estilo, mezcla de caciquismo y tecnocracia, Hank aplastó a quienes se le opusieran, primero en el Estado de México y luego en el DF.

El legado de Hank es negativo porque la enjundia que puso en los ejes viales y los errores cometidos en la línea 4, enviaron el peor de los mensajes posibles: la ciudad existe para el auto. Es un mensaje que han repetido los sucesores de Hank tanto en el DF como en el Estado de México. Andrés Manuel López Obrador repitió el mensaje cuando se jugó su capital en la construcción de los segundos pisos que sabía, pues se lo dijeron, se saturarían en menos de dos años. Marcelo Ebrard incurrió directamente en el mismo error con la ampliación del Circuito Interior y la construcción de autopistas urbanas que, además de ser un lastre para la ciudad sólo sirven a una minoría que lo tiene todo. Su camino a la redención era la Línea 12. No podrá serlo ya.

Tristemente, es el mismo mensaje que envía Miguel Ángel Mancera con la ampliación que anunció para el Circuito Interior: la ciudad de México existe para el auto.

El principal problema que resulta del fiasco de la Línea 12 del Metro es que Ebrard desestimó todas las opiniones, de ICA por ejemplo, que le decían que los trenes de la española CAF no eran los adecuados. Sin oír a quien no fuera él mismo o su círculo más íntimo, Ebrard entregó el contrato de los trenes pasando sobre el Poder Judicial y, como sus antecesores, construyó para el aplausómetro, para tomarse la foto de la inauguración y construir su candidatura presidencial en lugar de hacerlo para servir a la ciudad.

Y lo peor es que no queda claro si bastarán los seis meses que estará en reparaciones la Línea 12 o si el destino de la 12 será como el de la 4, una línea a medias, que no resuelve los problemas de la ciudad, que sólo los agrava y que envía el peor mensaje posible: el transporte público en la ciudad de México no es confiable; si puedes, compra un auto.



manuelggranados@gmail.com

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