domingo, 30 de marzo de 2014

Los más pobres gastan más en alimentos

Manuel Gómez Granados.

Desde la seca California a la fértil Argentina hay signos que hablan de serios problemas en el horizonte de la seguridad alimentaria. En California, la severa ola de calor que ataca a ese estado de la Unión Americana continuará al menos durante todo 2014. Como resultado, grandes extensiones de terreno que suelen sembrarse con distintos productos para consumo humano y animal, permanecerán ociosas ante la falta del agua que pudiera hacerlas fértiles de nuevo.

En Argentina, uno de los graneros del mundo, no sólo se ha desalentado desde la Casa Rosada la producción de alimentos, al establecer onerosos impuestos a la exportación, sino que empiezan a hacerse evidentes los efectos negativos del programa Precios Cuidados, con el que la señora Cristina Fernández de Kirchner ha tratado de paliar la crisis que los altos impuestos a la producción agropecuaria han provocado en los mercados rioplatenses. Precios Cuidados, como muchas otras iniciativas en la larga historia del populismo latinoamericano, fue impuesto como remedio para los altos precios de productos como las carnes o el aceite para cocinar.

Es una receta tan vieja como ineficaz: el gobierno argentino patrocina grupos de vecinos que vigilan los precios de una canasta pactada entre el mismo gobierno, los productores, mayoristas y minoristas. A quienes incumplen con los precios pactados, se les amenaza con multas de hasta cinco millones de pesos. A pesar de ello, el resultado es simple: los productos desaparecen o no llegan a los estantes. La situación por los precios es ya tan complicada, que forman parte de la agenda de la movilización nacional convocada para el 10 de abril próximo en Argentina.

Los barruntos de inestabilidad de precios en los mercados de alimentos en California y Argentina, dejan ver qué tan frágiles son las condiciones que México enfrentará en los próximos años en materia de seguridad alimentaria. La situación es tan grave que el jueves y viernes de la semana pasada se celebró en Guadalajara, Jalisco, el seminario internacional Seguridad Alimentaria en el que, además de las autoridades del ramo agropecuario, federal y estatal, participó el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, así como representantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

A pesar del optimismo que suele acompañar a las palabras del doctor Carstens, es claro que existen signos preocupantes. Entre las cosas que el gobernador del Banco de México señaló en Guadalajara y que deben preocuparnos es que las familias más pobres en México dedican entre 37 y hasta 47 por ciento de su gasto familiar a comprar alimentos. Esto es resultado de fuertes variaciones en los precios internacionales, que han llegado a ser de hasta 20 por ciento en menos de cuatro años, lo que coloca a miles de familias en una situación difícil, vulnerable.

Don Agustín dijo, atinadamente, que la culpa no es de los productores, pues “los precios igual caen súbitamente y trastornan cualquier intento por realizar una planeación racional y eficiente”, aunque reconoció que “es un grave problema para millones de consumidores, especialmente para las familias más pobres”.

Ahí mismo, en la sede de la Expo-Guadalajara, se reconoció, por ejemplo, que 20 por ciento de los jaliscienses pasan hambre, algo difícil de creer para quien conozca las fértiles extensiones de tierra que rodean al lago de Chapala, pero comprensible cuando se consideran factores como la geografía del norte de Jalisco. Allá, en árida colindancia con Zacatecas y Nayarit, la realidad es muy distinta a la de la ribera del lago de Chapala o a la de la fértil región que rodea a Ciudad Guzmán. El norte de Jalisco es agreste, de difícil acceso, y una multitud de pequeños poblados encuentran difícil subsistir con lluvias escasas, sin carreteras y sin los recursos tecnológicos necesarios para hacer productivas sus tierras.

Por ahí, como en muchos otros pequeños poblados del México olvidado, el México rural, han pasado todas las iniciativas de combate a la pobreza conocidas en los últimos 50 años; ninguna ha reconocido que en esos lugares se necesita producir alimentos para el consumo local, no para la gran empresa agro- exportadora. El resultado está a la vista. Esos poblados de la colindancia entre Jalisco y Zacatecas reportan algunas de las más altas tasas de violencia e inseguridad alimentaria.

Uno pensaría que si 20 años son nada, 50 años de toparnos con los mismos errores en el diseño de los programas de desarrollo rural y seguridad alimentaria, ya nos habrían enseñado algo, pero parece que no es así.

manuelggranados@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario