domingo, 6 de abril de 2014

El calor que no se va


Manuel Gómez Granados.

A principios de la semana pasada, se presentó el Quinto Reporte de Evaluación (AR-5) del Grupo Inter-Gubernamental sobre el Cambio Climático, un panel de expertos de la Organización de Naciones Unidas. Se trata de un documento muy serio, moderado en su lenguaje, ajeno a discursos catastrofistas o propuestas de cambio radical, que insiste en la necesidad de hacer frente a las causas del fenómeno.

En AR-5 hay conclusiones que no pueden maquillarse acerca de los efectos del cambio climático. La primera y más importante conclusión es que el cambio climático ocurre y que ya será algo permanente. No es un mito ni una conspiración. Es un hecho que puede tener consecuencias negativas en la calidad del agua, en las posibilidades de sobrevivencia de muchas especies animales y vegetales, marinas o terrestres, y, más importante para México, en nuestra seguridad alimentaria.

 En la parte medular de AR-5, se dice: “basado en muchos estudios, que cubren un amplio rango de regiones y cultivos, los impactos negativos del cambio climático en el rendimiento de los cultivos han sido mayores que los impactos positivos (esto se afirma con un alto grado de confianza estadística). El menor número de estudios que demuestran impactos positivos ocurren fundamentalmente en regiones ubicadas en altas latitudes (Canadá, por ejemplo), aunque no es claro si los impactos han sido positivos o negativos en estas regiones. El cambio climático ha afectado negativamente el rendimiento de las cosechas de trigo y de maíz en muchas regiones y en el agregado global. Los efectos en las cosechas de arroz y soya han sido menores en las regiones que más producen y a escala global, con un cambio igual a cero en todos los datos disponibles, que son menores para la soya cuando se les compara con otros cultivos. Los impactos observados se relacionan con los aspectos de la producción de la seguridad alimentaria. Desde el reporte previo, varios periodos de súbitos aumentos de los precios de alimentos y cereales, luego de eventos climáticos extremos en regiones clave para la producción, indican una mayor sensibilidad de los actuales mercados al clima extremo, entre otros factores” (p.7 del Resumen ejecutivo, disponible en http://ipcc-wg2.gov/AR5/images/uploads/IPCC_WG2AR5_SPM_Approved.pdf).

En otra conclusión, AR-5 señala: “Los riesgos relacionados con el clima exacerban otros factores, que frecuentemente tienen efectos negativos para la calidad de vida de las personas, especialmente para las personas que viven en pobreza. Los riesgos relacionados con el clima afectan las vidas de las personas pobres directamente por medio de caídas en el rendimiento de las cosechas, la destrucción de los hogares e indirectamente por el aumento en los precios y la seguridad alimentaria. Los efectos positivos observados para las personas pobres y marginadas, que son limitados y frecuentemente indirectos, incluyen la diversificación de sus redes sociales y de sus prácticas agrícolas” (p.7-8).

AR-5 también señala que existen “asociaciones perversas” entre el cambio climático y los conflictos militares o de seguridad pública, como los que padecemos en Michoacán, así como entre el cambio climático y los malos diseños urbanos en ciudades costeras, como Villahermosa, Tabasco, entre otras.

Las propuestas de AR-5 para adaptarse al cambio climático incluyen reducir las causas del fenómeno: reducir emisiones contaminantes; garantizar la seguridad de instalaciones generadoras de energía y agua dulce. Está en riesgo la seguridad alimentaria: “para todos los cultivos más importantes (trigo, arroz y maíz) el cambio climático que no sea mitigado por medio de programas de adaptación, traerá impactos negativos a la producción donde ocurran cambios de dos grados Celsius o más.” Además “todos los aspectos de la seguridad alimentaria están potencialmente afectados por el cambio climático, incluido el acceso, el uso y la estabilidad de los precios de los alimentos” (p. 18).

Es fundamental considerar que frente al nuevo contexto que vivimos con el cambio global, “la pobre planeación, que preste demasiada atención a los objetivos de corto plazo, o que no anticipe las consecuencias puede resultar en una mala adaptación que aumentará la vulnerabilidad” (p. 24).

El estudio también llama a mejorar la cooperación entre los sectores público y privado y a lograr una mayor participación de los gobiernos locales y las organizaciones sociales, en la inteligencia que para hacerle frente a un fenómeno como este se requieren políticas y mecanismos de adaptación basados en la estructura de los ecosistemas y no en la de las fronteras entre países o entidades.

AR-5 es un documento fundamental, que no deja lugar a dudas acerca de los retos que enfrentamos, ¿lo leerán y atenderán nuestros gobernantes?

manuelggranados@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario