domingo, 11 de mayo de 2014

Contra la violencia: alimentos y dignidad



Manuel  Gómez Granados.

Ahora que Michoacán vuelve a ser el centro de la atención con el arresto formal de Jesús Reyna, el ex gobernador de esa entidad, por sus vínculos con el narcotráfico y las declaraciones destempladas de Manuel Mireles sobre el futuro de las llamadas autodefensas, muchos se preguntan si es posible cambiar las condiciones que dieron vida al conflicto en ese estado. No es posible detallar cómo es que se llegó a la situación que prevalecía en Michoacán a finales de 2012, cuando surge el más reciente movimiento de autodefensas, pero es evidente que se combinaron varios factores para llegar ahí.

Uno de ellos, muy importante, fue la emigración masiva del campo michoacano a distintas regiones, urbanas y rurales de Estados Unidos. Esa condición ya cambió; para bien o para mal, los jóvenes que viven ahora en Michoacán, a menos que cuenten con familiares en EU que estén en condiciones de patrocinarlos, buscan la manera de tener una vida productiva en su país. Otro factor fue la creciente desvalorización de los precios de los productos agropecuarios que, dadas las difíciles condiciones de acceso a la Tierra Caliente, aumentan sus precios de manera desproporcionada al llegar a los mercados nacionales, lo que los hace poco atractivos.

México no es el único país donde existen esas condiciones. En Italia, especialmente en el sur, las condiciones de vida son similares. Un territorio agreste, alejado de lo que ocurre en Roma, Turín, e incluso Nápoles, donde las instituciones o no existen o no son lo que se dice en los documentos oficiales. Grandes extensiones de terreno que quedan ociosas por el temor a enfrentar a los capos locales que exigen pagos exagerados que desalientan la inversión.

Es por ello que, en los últimos años, han surgido en ese país pequeños movimientos de cooperativas agropecuarias como Libera Terra (http://liberaterra.it/it/), tierra libre, libre del poder de las distintas organizaciones criminales del sur de Italia. Es una organización que agrupa a quienes, conscientes de la debilidad de los individuos y las familias solas, construyen comunidades orientadas por la lógica del trabajo que nos libera, pues garantiza mínimos de salud y educación. Lo han hecho al amparo del interés por producir y consumir alimentos tradicionales y/u orgánicos, que permite a los productores competir en mejores condiciones, pues los consumidores están dispuestos a pagar mejores precios.

La idea de Libera Terra es la de liberar la vida de la lógica de la violencia y de la revancha como solución a los problemas que genera la violencia. La violencia como solución a los problemas de la violencia ha dominado durante generaciones las relaciones entre los pueblos italianos (y michoacanos) pero no ha resuelto los problemas. Los ha agravado y parte del trabajo de Libera Terra y otros es hacer conscientes a las personas de esa realidad.

Por último, liberar de la violencia no sólo implica romper los ciclos de violencia y revancha que lleva a más violencia. Implica también liberar a las personas del poder de los criminales que, gracias al miedo, imponen el pago del pizzo, la protección, lo que acá algunos llaman el “derecho de piso”. Liberar de la violencia ha implicado, por ejemplo, que quienes participan en Libera Terra y otras organizaciones similares, sea como productores o como clientes, se adhieran al uso de una calcomanía que dice: “Consumo Critico: Addio Pizzo” (http://www.addiopizzo.org/espanol.asp), es decir, consumo consciente: adiós al pizzo. Otras calcomanías de este movimiento no requieren demasiada explicación: “Un pueblo que paga el pizzo es un pueblo sin dignidad”.

Sí se puede, otros pueblos sumidos en problemas similares, lo están logrando.

manuelggranados@gmail.com

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