domingo, 25 de mayo de 2014

La sequía: de Texas a México


Manuel Gómez Granados.

Los efectos de la sequía en California han sido ampliamente documentados. Se sabe que muchas de las grandes obras hidráulicas que California construyó, supuestamente como una póliza de garantía contra las sequías, han terminado por convertirse —ahora que yacen vacías— en una metáfora de la vanidad de los humanos. Ahora es el turno de Texas, que también construyó durante el siglo XX un ambicioso sistema de presas, tan ambicioso que lejos de garantizar el abasto de agua, ha terminado por ponerlo en peligro.

El gobierno federal de Estados Unidos sostiene un Observatorio de los efectos de la sequía en Texas (http://droughtmonitor.unl.edu/Home/StateDroughtMonitor.aspx?TX) que constantemente se actualiza y deja ver que menos del 15 por ciento de Texas se encuentra en condiciones “normales”. El 85 por ciento restante va de lo “anormalmente seco” a la condición más extrema de “sequía severa”, “sequía extrema” o “sequía excepcional”, al tiempo que se daban a conocer las restricciones para el uso del agua para consumo al humano que va desde la prohibición del llenado de albercas, hasta el cierre de locales que consumen mucha agua.

Además, dadas las tradiciones ganaderas de Texas, ya se preparan programas de sacrificio adelantado de hatos enteros que, a no ser que fueran enviados a otros estados al norte de Texas, enfrentarían —de permanecer vivos— condiciones muy difíciles. El resultado han sido incrementos en los costos de la carne en canal y al menudeo que van del 7.4 al 10 por ciento y se espera que sean mayores en la medida que los efectos de la sequía se hacen más evidentes. Esto plantea de nuevo el problema de la necesidad de aumentar la producción de alimentos en México.

Otro factor clave es que lo que vive Texas, como lo que vive California, no es una sequía que se resolverá pronto. Es parte de los efectos de El Niño y lo más probable es que la sequía se prolongue, al menos durante cuatro años, lo que hará muy difícil que los productores agropecuarios sobrevivan. Tanto así que distintas ciudades de Texas han dispuesto medidas como el reciclado, prácticamente en directo del agua que se use para mingitorios y excusados.

Y hay un problema adicional, que es el de la explotación del petróleo de arena, por medio del llamado fracking que —para ser viable— requiere de grandes cantidades de agua cuyas posibilidades de reciclado, al menos en el corto plazo, son muy bajas pues se contamina por el contacto con los aceites y otros minerales.

En México, Más allá del problema de los precios de los alimentos que es, en sí mismo, severo por la mala estructura de distribución del ingreso que tenemos, los efectos de la sequía podrían incluir el riesgo de que lo que lo no se pueda hacer en Texas en materia de fracking se trate de hacer en Coahuila, Nuevo León o Tamaulipas. Al final del día son las mismas cuencas, los mismos mantos de uno u otro lado de la frontera.

En un país con tan bajos niveles de observancia de las leyes y reglamentos en materia ambiental como México y que, además, vivirá en los próximos años una fiebre de nuevas inversiones en materia petrolera, esas son muy malas noticias. Implican plantear preguntas acerca de quiénes tendrán preferencia en México para usar el agua, de por sí poca, a nuestro alcance.

Y, por cierto, esta semana la ciudad de México ya vivió su primera batalla por el acceso al agua en el poblado de San Bartolo Ameyalco. Podemos estar seguros que no será la última…

manuelggranados@gmail.com


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