domingo, 29 de junio de 2014

El atorón de la 12



Manuel Gómez Granados.


Se han cumplido ya los primeros 100 días del cierre parcial de operaciones de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo del Distrito Federal. Ello implica que, sólo en la operación de los autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros del Gobierno de la capital, se han gastado 100 millones de pesos. A ello habría que agregar los costos que los usuarios han enfrentado como gastos adicionales en taxis o en volver a usar auto, llegar tarde al trabajo y un larguísimo etcétera de otros gastos, entre los que están —por ejemplo— la mayor contaminación ambiental.

De que la construcción de la Línea 12 estuvo marcada por claroscuros, no hay duda. A diferencia de las líneas construidas previamente, la 12 cuenta con áreas para el movimiento de los pasajeros mucho más amplias y cómodas. Es claro que se mejoraron los estándares de seguridad en los andenes que, en caso de emergencias, permitirán desalojos más rápidos, más seguros, con menores riesgos. Sin embargo, el cierre de operaciones por los altos costos de mantenimiento de curvas diseñadas, ya desde el gabinete, con radios estrechos, además de la opacidad con la que se asignaron los contratos, son factores muy negativos, a los que se agrega el aumento a la tarifa del servicio y el hecho de que no se ha cumplido ninguna de las promesas de mejora, como retirar a los vagoneros que, lejos de ello, incluso golpean a los usuarios que se quejan por sus excesos, sin que la policía actúe.

Además, hay que agregar el circo en cuatro pistas en que se ha convertido la discusión política sobre el futuro de la línea. La primera pista es la del STC mismo, donde despacha Joel Ortega, quien ganó fama por el pésimo manejo de la tragedia de New’s Divine. Está la pista de la Asamblea del DF, donde se han desahogado el grueso de las discusiones pero donde existe un equilibrio precario entre las fuerzas del ex jefe de gobierno, Marcelo Ebrard y las de su sucesor, Miguel Ángel Mancera, que hace muy difícil que se avance o se resuelva algo. Y están las otras dos pistas, una en cada una de las cámaras del Congreso de la Unión, que se activan de manera intermitente.

Algo que conviene tener en claro es que la crisis de la Línea 12 ocurre en el contexto más amplio de la crisis de la movilidad y el transporte que se expresa en el errático manejo de la nueva fase del programa Hoy no Circula que ni funciona eficazmente como estaba ni es creíble que vaya a funcionar con alguna de las reformas que se anunciaron y retiraron en las últimas dos semanas. Lo que es peor, del lado del transporte colectivo, se apuesta demasiado a cambios cosméticos, (la llamada cromática), que no resuelven cosa alguna.

En el fondo está el problema de que incluso los hogares de bajos ingresos, los que ganan menos de diez mil pesos al mes, hacen todo para comprar un auto. No necesariamente padecen delirios de grandeza. Es que el sistema de transporte público es insuficiente (basta ver las filas para abordar el Metrobús en la glorieta del Metro Insurgentes), es inseguro, es lento (con excepción del Metro y el Metrobús), está mal diseñado (incluso líneas del Metro como la 4) y —en general— es muy caro, pues no hay transferencias entre las distintas modalidades, lo que anula el costo relativamente bajo del Metro. Urge una política verdaderamente integral y metropolitana, y parchar el Hoy no Circula, no lo es.

manuelggranados@gmail.com

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