martes, 29 de julio de 2014

Agricultura familiar para dar de comer al mundo

CENADIN, Centro de producción de hongo tipo seta en Chiconcuautla, Puebla 

De los 1400 millones de personas que padecen pobreza extrema en el mundo, esto es, que viven con menos de 1.25 dólares al día, se estima que el 70% vive en zonas rurales y la mayoría depende de forma parcial o completa de la agricultura. Abordar, por tanto, el tema de la agricultura familiar, es crucial para seguir en la lucha contra el hambre.

Reconociendo la imprescindible función que la pequeña agricultura desempeña para acabar con el hambre, recogemos en este “informe a fondo” algunas cuestiones clave que surgen al hilo de la celebración del Año Internacional de la Agricultura Familiar, promovido por el Foro Rural Mundial, y respaldado por más de 360 organizaciones civiles y campesinas de todo el mundo y por la Asamblea General de la ONU.

Este año debe ser una oportunidad para crecer en el compromiso mundial por el desarrollo, prestando especial atención a los pequeños agricultores, de quienes depende la alimentación de gran parte del mundo. Es necesario mejorar sus medios de vida y sus condiciones sociales para garantizar su seguridad alimentaria, la lucha contra la pobreza y el desarrollo socioeconómico de este sector de la población mundial.

Pero, además, no queremos dejar de preguntarnos: ¿qué oportunidades ofrece la agricultura familiar para construir un mundo más fraterno?

Este informe pone de manifiesto que la defensa de las pequeñas producciones produce beneficio social que sobrepasa la inmediata necesidad de alimentación, y que desemboca en el fortalecimiento comunitario, contribuyendo, de este modo, a un desarrollo marcado por las relaciones de solidaridad. La agricultura a pequeña escala no sólo responde a la necesidad básica de la alimentación, sino que exige de las personas que en ella participan el diálogo, el respeto mutuo y un trabajo conjunto basado en relaciones de justicia y solidaridad.

¿QUÉ SE ENTIENDE POR AGRICULTURA FAMILIAR?

La agricultura familiar comprende las pequeñas explotaciones agrícolas, ganaderas y pesqueras que se mantienen con mano de obra de la familia y que producen alimentos para su sustento, y en ocasiones, excedentes que pueden comercializar. Esto significa que, en la medida que hay producción familiar, hay un grupo de personas, generalmente numeroso, que puede alimentarse y, juntos, generar ingresos.

Se estima que el 43% de la población mundial activa trabaja en el sector agrícola. Este porcentaje aumenta en los países en desarrollo y sabemos que una parte considerable de la producción mundial de alimentos depende de este sector. Además, los pequeños productores suelen depender exclusivamente de lo que producen para alimentarse, porque no tienen otra fuente de ingresos, por lo que viven en permanente situación de inseguridad y son muy vulnerables a las crisis. Por eso, una de las medidas para luchar contra el hambre y la pobreza es la defensa de la agricultura familiar.

Datos que nos ayudan a saber más sobre la agricultura familiar.
  • La mayoría de los millones de hambrientos del mundo dependen de un pedazo de tierra para subsistir.
  • Más del 70% de las personas que padecen inseguridad alimentaria son pequeños agricultores con dificultades para acceder a los recursos naturales.
  • Tres cuartas partes de los hambrientos viven en zonas rurales, principalmente en África y Asia que, al depender de la agricultura para alimentarse, son muy vulnerables.

 FACTORES CLAVE PARA LA AGRICULTURA

La agricultura familiar es decisiva en un mundo en el que, dado el crecimiento demográfico, se prevé un aumento considerable de la demanda de alimentos. En líneas generales, y sin intención de jerarquizarlos, los siguientes factores son clave para el éxito del desarrollo de la agricultura familiar:

·         Las condiciones medioambientales y del terreno.

La seguridad alimentaria de las familias más pobres depende directamente de la salud de los ecosistemas y de su productividad. De ahí que sea necesario fomentar el mantenimiento de una agricultura productiva que optimiza el uso de los recursos locales, reduciendo las consecuencias negativas de los cultivos intensivos.

Dada la relación que existe entre muchos fenómenos climatológicos, la pobreza y la agricultura, es necesario recuperar su función social, económica y ecológica, porque la agricultura es un sector especialmente afectado por fenómenos que se suceden a una velocidad de vértigo, como la desertización, la degradación del suelo, la sequía, las inundaciones, la escasez de agua, etcétera.

Muchos de estos fenómenos aceleran la degradación de los suelos y de los recursos hídricos, cada vez más escasos. De hecho, en los últimos 40 años se ha abandonado un tercio de las tierras cultivables, erosionadas o degradadas. Y, a su vez, la escasez de tierra y agua atrae a los especuladores y fomenta el acaparamiento de tierras.

Debemos insistir en que la falta de titularidad de la tierra y la dificultad para acceder a los recursos naturales son dos de las causas estructurales del hambre y de la pobreza.


·         El acceso a la tierra, a los recursos naturales, y a los mercados.

Para poder ayudar a los pequeños productores es necesario que las familias puedan adquirir las tierras o cultivarlas y disponer de los recursos naturales necesarios.

Además, para poder garantizar su futuro, la agricultura familiar tiene que ser económicamente rentable, es decir, los agricultores deben obtener unos ingresos razonables por el producto de su explotación.

Debemos insistir en que la falta de titularidad de la tierra y la dificultad para acceder a los recursos naturales son dos de las causas estructurales del hambre y de la pobreza. En esta situación es muy necesario que los gobiernos protejan los derechos de los pequeños productores sobre sus recursos.

·         La voluntad política de financiar sus costes en cuanto sea posible.

Es necesario que se incrementen las inversiones en el sector, se fomente la investigación y la formación de estos pequeños productores. La situación debe mejorar facilitando financiación, tierras y asistencia técnica a las familias campesinas.

Asimismo, se deben adoptar las medidas necesarias para la creación de las organizaciones de productores, como las cooperativas agrarias, que permitan a los pequeños agricultores unir sus fuerzas para comercializar los productos, conseguir mejores precios y, en definitiva, poder competir en unos mercados impredecibles, que contribuyen a generar condiciones aún más precarias.

En este sentido, una medida que ayudaría a aumentar la producción de alimentos en los países en desarrollo es invertir en las pequeñas explotaciones. Y, posiblemente, es la mejor manera de reducir su vulnerabilidad ante las fluctuaciones de los precios en los mercados internacionales.

La legislación vigente sobre la materia.

Las decisiones políticas.

La situación actual demanda una reflexión serena sobre las normas que pueden ayudar a combatir inseguridad alimentaria y a lograr el pleno ejercicio del derecho a la alimentación, reconocido por la legislación internacional, y que obliga a garantizar la disponibilidad de los alimentos.

Para producir sus propios alimentos, la persona necesita unos ingresos suficientes que permitan adquirir tierra, semillas, agua y otros recursos, y la posibilidad de acceder al mercado. Por lo tanto, el derecho a la alimentación requiere que los estados garanticen políticas salariales y redes de seguridad social que permitan a los ciudadanos acceder a una alimentación adecuada.

Para producir sus propios alimentos, la persona necesita unos ingresos suficientes que le permitan adquirir tierra, semillas, agua y otros recursos, y la posibilidad de acceder al mercado.


Los pequeños agricultores, por regla general, no tienen derechos seguros sobre la tierra, el agua o los recursos naturales; y tampoco se les reconoce el derecho a disponer de la información que precisan, ni a disfrutar de la posibilidad de participar en las decisiones políticas y económicas que afectan al uso de los recursos naturales.

A esto hay que añadir que las familias más pobres y sus pequeñas explotaciones son mucho más vulnerables ante los desastres naturales, como sequías e inundaciones, cada vez más frecuentes, lo que disminuye su capacidad para mantener sus medios de vida y para poder salir, por sí mismos, de la pobreza o evitar caer en ella.

hoy tenemos más claro que nunca que es en las instancias políticas donde deben tomarse las decisiones que permitan establecer sistemas de alimentación justos, que reduzcan sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero y permitan la creación de oportunidades de subsistencia para los pobres. Porque la mayoría de los pobres de este mundo obtienen su sustento de la agricultura.

La disponibilidad de la tecnología y de las infraestructuras necesarias.

Es preciso facilitar el acceso a recursos a través de financiación adecuada. Los gobiernos deben comprometerse a poner en marcha redes de distribución que tengan en cuenta la capacidad de producción de las pequeñas explotaciones.

·         El acceso a la formación y a la capacitación.

Para sacar adelante estas pequeñas explotaciones, se necesita un cierto conocimiento del ámbito local, de sus ecosistemas y condiciones meteorológicas, de las semillas, etcétera, sólo sus gentes y los pueblos indígenas cumplen con estos requisitos.

Las pequeñas explotaciones agrarias contribuyen a la seguridad alimentaria, procurando a las familias un medio de subsistencia que les puede permitir ser autónomos.


Además, su asociación en cooperativas agrarias puede acabar con la tendencia a especular con las materias primas para el consumo humano, y a reducir la adquisición a gran escala de tierras de cultivo que en muchas regiones expulsan a los pequeños agricultores de su tierra, porque son demasiado débiles para defender sus derechos.

BENEFICIOS DE LA AGRICULTURA FAMILIAR.

Beneficios sociales económicos.

Las pequeñas explotaciones agrarias contribuyen a la seguridad alimentaria, procurando a las familias un medio de subsistencia les puede permitir ser autónomos e ir tomando cada vez más decisiones sobre cuestiones que afectan a su propia vida.

La agricultura a pequeña escala suele tener una productividad sorprendente. Un ejemplo de la productividad que podría alcanzar lo tenemos en China, donde cerca de 250 millones de pequeñas granjas familiares producen el 20% de todos alimentos del mundo.

Por otro lado, la agricultura a pequeña escala comporta enormes beneficios para nuestra salud, porque suele producir mejores alimentos desde el punto de vista nutritivo y, por regla general, cuida más los abonos y los pesticidas, se ciñe con más facilidad a los cultivos de temporada y, por ello, suele garantizar la diversidad de alimentos, necesaria para una buena alimentación.

Además, fomenta el cultivo de los alimentos tradicionales, suele contribuir a equilibrar la dieta; por otro lado, como ha podido constatar la FAO, en muchos países funciona como una importante red de seguridad social.

Las pequeñas explotaciones crean empleos y favorecen la comercialización de los excedentes, con lo que pueden ir abasteciendo a los mercados locales, contribuyen a la estabilidad de los precios y a generar un crecimiento económico considerable, especialmente cuando se adoptan políticas destinadas a la protección social de las comunidades que se benefician de ella.

Beneficios culturales.

Promocionar la agricultura familiar favorece la conservación de la identidad y cultura populares, fundamental para contrarrestar los efectos de una globalización uniformadora. La agricultura familiar es una forma de conservar la identidad y las tradiciones de las familias y del patrimonio cultural de la comunidad, sus características peculiares y la transmisión de conocimientos y técnicas propias relacionadas con los recursos naturales y los cultivos y una manera propia de conservar los terrenos y el propio medio ambiente. Es decir, toda la forma de vida de estos pequeños agricultores, que no se limita a la subsistencia, sino que comprende otros fines sociales, culturales y ecológicos.

Además, en muchas ocasiones la organización colectiva de estos pequeños productores es la forma de tener voz en la adopción de decisiones, políticas y económicas, que repercuten en sus vidas.

Beneficios respecto a la gestión del agua.

El agua se ha convertido en un recurso escaso por el aumento irracional del consumo y, muy especialmente, por el nivel de contaminación que sufre casi todo el planeta. Esta contaminación está reduciendo, drásticamente, los caudales de agua disponibles debido, entre otras cosas, a que se están vertiendo en ellos cada vez más residuos, muchos de ellos tremendamente tóxicos, lo cual provoca situaciones de riesgo permanente y unos costes elevadísimos de recuperación, cuando ello es posible.

El agua se ha convertido en un recurso escaso por el aumento irracional del consumo y, muy especialmente, por el nivel de contaminación que sufre en casi todo el planeta.


Asimismo, y sobre todo en la periferia de las grandes ciudades, los pequeños agricultores sufren la contaminación de las aguas por el vertido de contaminantes que ponen en peligro los cultivos y la alimentación sus familias. Sufren filtraciones desde las cloacas, proliferación de parásitos, escasez de agua para el riego, monopolización del agua por parte de los empresarios, problemas de salinidad o de minerales perjudiciales para la salud, como el arsénico, sistemas de riego obsoletos o averiados por falta de inversiones públicas, o turnos de riego insuficientes para mantener los cultivos en óptimas condiciones.

Frente a este panorama, las pequeñas explotaciones tienden a evitar el despilfarro del agua, a demandar un sistema de almacenamiento más racional y de canales cubiertos para impedir su perdida por la evaporación y filtraciones. Cuidan del suministro limpio y abundante, tanto para el consumo familiar, como para el del ganado y para el riego, y preservar las condiciones medioambientales que les permiten seguir cultivando sus tierras generación tras generación.

CENADIN, Sistema de captación y almacenamiento de agua de lluvia. Centro de producción de hongo tipo seta en Chiconcuautla, Puebla 

 ¿QUÉ IMPIDE LA PROMOCIÓN DE LA AGRICULTURA FAMILIAR?

Despoblación de las zonas rurales.

La falta de recursos básicos, el incremento de la vulnerabilidad ante las inclemencias climáticas y ante otros fenómenos naturales, las presiones bélicas y la violencia son las principales causas de que las zonas rurales se estén despoblando, lo que pone en peligro la seguridad y la soberanía alimentarias de muchísimos pueblos de la tierra.

A esta situación de abandono de las pequeñas explotaciones se ha llegado por una política de mercado que favorece la concentración del control y de los beneficios en manos de unos pocos. Por eso, es necesario que estas explotaciones vuelvan a generar alimentos, comercio, ingresos y asociaciones que garanticen la autonomía de muchos pueblos hambrientos, utilizando los recursos naturales locales, recurriendo a la gestión colectiva, procurando que los agricultores puedan trabajar sin estar maniatados por las grandes corporaciones y por el control que estas ejercen sobre el mercado.

Control de los recursos.

Una de las razones por las que hay millones de hambrientos se debe al control, por parte de las multinacionales, de todo el proceso productivo: acaparan las tierras, imponen los cultivos, monopolizan las semillas, o protagonizan múltiples injerencias en las decisiones políticas y económicas.

A causa de los beneficios que generan los agrocombustibles, muchas multinacionales se disputan las tierras más fértiles de África y Asia, donde países muy pobres ceden sus alimentos a países desarrollados, a costa de seguir con hambre. Y lo más dramático es que esto se ha hecho expulsando a los campesinos de sus tierras, muchas veces incluso de forma violenta.

Además, se estima que, en la actualidad, el 82% de las semillas está patentado por unas pocas multinacionales que, además, van patentando las innovaciones tecnológicas. De esta forma, contra la futura producción de cosechas, sus precios y, en definitiva, el sistema alimentario mundial, porque desde la semilla hasta el supermercado, todo está en manos de las mismas compañías, lo que les permite influir en las políticas nacionales e internacionales y en los mercados financieros.

Fomentar la seguridad y la soberanía requiere, por tanto, crear “condiciones económicas al servicio de las personas y no al servicio del mayor beneficio de unos pocos”, como denuncia el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Es necesario que las grandes corporaciones no pongan límites a las posibilidades que ofrecen las pequeñas explotaciones para garantizar la alimentación saludable sostenible para todos. Para ello, hay que facilitar la implantación de un nuevo sistema de explotación al margen de la especulación y promover sistemas de comercialización directos, donde prevalezca la garantía de que el precio de los alimentos cubre las necesidades de los pequeños agricultores y las de los consumidores.

Es imprescindible, asimismo, defender a las organizaciones que están luchando por estos medios de vida, capaces de recuperar formas tradicionales de sustento, respetuosas con el medio en el que viven y que contribuyen a la recuperación de los conocimientos ancestrales de los campesinos y de sus sociedades tradicionales, sin esquilmar los recursos naturales.

OBJETIVOS DEL AÑO INTERNACIONAL DE LA AGRICULTURA FAMILIAR.

Por la importancia que tienen las pequeñas explotaciones para garantizar el sustento de los pueblos más vulnerables, y porque a través del trabajo comunitario se construye un mundo cada vez más humano, desde Manos Unidas, nos hacemos eco de las metas que persigue la comunidad internacional en este año de la agricultura familiar, que implican el diálogo fecundo entre todos los sectores que contribuyen a la seguridad alimentaria de las personas de todo el mundo.

El objetivo principal del Año Internacional de la Agricultura Familiar es situarla en el centro de las políticas sociales, agrícolas y ambientales, con el fin de lograr un desarrollo social más equilibrado, que estudie y resuelva los problemas de los pequeños productores y las medidas más eficaces para defender sus intereses. Además, se busca:

  1.      Presionar para que los gobiernos adopten medidas concretas para lograr el desarrollo de las explotaciones familiares y las asignaciones presupuestarias necesarias para ello.
  2.      Reforzar las asociaciones agrarias que representan los intereses de estos agricultores.
  3.        Lograr el reconocimiento del papel de la mujer en la agricultura familiar y contribuir a la defensa del ejercicio de sus derechos en este ámbito.
  4.         Intentar que disminuya la emigración de los pequeños productores y de las comunidades indígenas a la ciudad, por causa de la pobreza.
  5.         Fomentar la comercialización de los productos, evitando la especulación, y promoviendo la igualdad de acceso a los mercados y la protección de la agricultura familiar, frente al dumping, las importaciones subvencionadas, etcétera.
  6.         Promover la investigación y la difusión del conocimiento popular de cada zona dotándola de los recursos necesarios para potenciar las pequeñas explotaciones, como el acceso a infraestructuras esenciales, a medios técnicos que disminuyan el tiempo, el esfuerzo y el riesgo, etcétera.
  7.          Fomentar los programas de formación para los pequeños agricultores.

En definitiva, se pretende que la agricultura familiar ocupe un lugar prioritario en los programas de desarrollo, que los gobiernos garanticen a estos pequeños agricultores formación, disponibilidad del crédito necesario, asistencia técnica, el acceso al agua, a los mercados y a la titularidad de la tierra.

Desde Manos Unidas nos hacemos eco de las metas que persigue la comunidad internacional en este año de la agricultura familiar, que implican el diálogo fecundo entre todos los actores que contribuyen a la seguridad alimentaria de las personas de todo el mundo.

CONCLUSIÓN.

El año de la agricultura familiar es una ocasión para poner en el centro a los pequeños agricultores, dar valor a su trabajo, que contribuye a dar respuesta efectiva a la necesidad básica de alimentos, favorece la sostenibilidad de nuestro mundo, y nos ayuda a tomar postura ante nuestros hábitos de consumo, los cuales pueden hacer que haya muchos hermanos nuestros que no mueran de hambre.

Departamento de Estudios y Documentación de los Servicios Centrales de Manos Unidas

FUENTE: MANOS UNIDAS, BOLETÍN NÚMERO 194. MAYO-JUNIO-JULIO-AGOSTO 2014.

http://www.manosunidas-online.org/redes/documentos_publicos/AgriculturaySeg.Alimentaria/A%20fondo.%20Agricultura%20Familiar.pdf

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