domingo, 27 de julio de 2014

La soledad de Israel


Manuel Gómez Granados.

La más reciente ofensiva terrestre en la Franja de Gaza, uno de los reductos en que ha sido obligada a vivir la minoría palestina, coloca a Israel en una difícil situación. Hamas, uno de los grupos que luchan por controlar a esa minoría palestina, vinculada con grupos radicales en Líbano, Egipto, Siria e Irak, ha cometido actos terroristas que no ayudan a construir la paz. Sin embargo, la respuesta de Israel ha sido tan desproporcionada y carente de lógica, que Israel enfrenta una crisis de la que parece no percatarse.

Es una crisis que sacude a todas las sociedades que, en los últimos 60 años, han comprometido algún recurso, material o simbólico para garantizar la existencia de Israel. En Canadá, por ejemplo, una sociedad pacífica y democrática, ocurrieron en las últimas semanas manifestaciones simultáneas de apoyo a Israel y a los habitantes de Gaza. Al menos uno de esos eventos, realizado en Calgary, terminó en una riña pública, evidencia de lo solo que se encuentra hoy Israel. En París ocurrieron también manifestaciones similares con resultados semejantes, agravados por el anti-semitismo francés.

Incluso en Estados Unidos, la nación que más apoya a Israel, es posible advertir un cambio profundo. El caso del comediante Jon Stewart es paradigmático por varias razones. Su programa, The Daily Show, es la principal fuente de información para los jóvenes de hasta 30 años que, por razones difíciles de resumir aquí, ya no ven los noticieros tradicionales y optan por el programa de Stewart o por el igualmente satírico Colbert Report. Stewart y Colbert recurren a la ironía y la sátira para evidenciar las profundas contradicciones tanto en la política que sigue Israel, como el costo brutal, desproporcionado que tiene para el contribuyente de EU el apoyo a Israel. El hecho que Stewart sea judío lo hace inmune a que se le descalifique como anti-semita. Las bromas, agudas, inteligentes, sustentadas en datos duros, con que Stewart critica las políticas de Israel dejan ver el agotamiento, incluso entre los judíos de EU, del bono del que Israel disfrutó, que hacía aceptables las operaciones militares para defenderse. 

Detrás de las bromas de Stewart está el cansancio de judíos y no judíos con el gasto militar que, como lo demuestra el caso de Irak, no logra resultados. Baste recordar que Israel justificó en los setenta y ochenta sus ataques como un medio para acabar con la Organización para la Liberación de Palestina. Y sí, la OLP desapareció luego de la muerte de Yasser Arafat, pero sólo para ser sustituida por Hamas, una organización más violenta, lo que deja ver que la solución militar y de segregación de los palestinos no ha rendido los frutos esperados.

Hamas es una organización criminal, con financiamiento opaco, que recluta y usa menores de edad y mujeres, incluso ancianas, para sus operaciones, pero las represalias de Israel lo acercan, en lugar de alejarlo, a las posiciones de Hamas; y el discurso militarista de Benjamín Netanyahu y Likud, lejos de construir una solución pacífica, la hace más difícil. Y peor, enviados de Naciones Unidas hablan más frecuentemente de una operación de “limpieza étnica” contra los palestinos; es un concepto que recuerda la pesadilla del fascismo antisemita. 

Israel está cada vez más solo y depende cada vez más del veto de EU a las resoluciones del Consejo de Seguridad, que tampoco puede contar con el apoyo, en ese tema, de Gran Bretaña y Francia que ven —gracias al demonio de la demografía de las naciones que fueron imperios— cómo crece la oposición al apoyo a Israel. Empero, lo que urge es la paz.

manuelggranados@gmail.com


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