domingo, 20 de julio de 2014

Tener un auto


Manuel Gómez Granados.

La combinación del nuevo Hoy No Circula y el cierre de la Línea 12 del Metro confirmó los peores mitos sobre la vida en la capital: Confirma la profunda desconfianza que la mayoría de los mexicanos tenemos en las instituciones y en las autoridades, y dio vida a lo que algunos llaman “el sábado de los ricos”, pues sólo las personas con autos de menos de ocho años de antigüedad pueden salir ese día a la calle.

Toño, un albañil que trabaja para salir adelante, como muchas personas, no puede circular en su vieja camioneta ningún sábado ni los lunes de cada semana ¡Ahora gana menos!

El habitante promedio de la zona metropolitana de la ciudad de México apreciaba tener un auto para realizar actividades los fines de semana. Hay algo de fetichista en la posesión del auto, pues es símbolo de estatus, de logro de ciertas metas en la vida. El auto se convirtió en una materialización del éxito. Si tienes un buen auto, es que has sido exitoso.

No queda claro si quienes impulsaron las nuevas medidas en materia de transporte en la capital consideraron que lejos de de-mistificar la posesión del auto y facilitar que muchos de quienes usamos auto recurriéramos al transporte público, terminaron por confirmar los mitos sobre las ventajas de poseer un auto. Lo que es peor, luego de las medidas del nuevo Hoy No Circula, es posible decir que es más importante tener un auto que grite, que proclame, por su antigüedad, que es una función de su costo, qué tan exitosa es la persona: tan exitosa como para poder circular todos los días, especialmente los sábados, ¿o no?

Todo parece indicar, por los sucesivos cambios en la medida, que en el cálculo de las variables de política pública no hubo suficiente atención u olfato político. No se consideró qué tan importante era la posesión de autos como instrumento de trabajo o incluso como un medio indirecto de ahorro familiar, pues una persona que sufría algún problema podía vender con relativa facilidad un auto de más de ocho años de antigüedad, cosa que ya no es posible. Tampoco se consideró que, aunque el auto sólo resuelve las necesidades de transporte de entre una quinta y una cuarta parte de la población, el sistema de transporte público, además de inseguro, ya estaba suficientemente saturado y presentaba problemas que no resistían una nueva vuelta de tuerca.

Y es peor que hoy no exista solución ni alternativa viable a la vista. La inversión en transporte público es urgente, pero, cuando se trata de la creación de nuevas rutas de Metrobús o Mexibús, en el Estado de México, el proceso es brutalmente complejo por el papel de los concesionarios en las estructuras del clientelismo político-electoral; no nos engañemos, los concesionarios financian campañas, por eso es difícil que se sometan a la ley.

En el caso del Metro y del Suburbano, la experiencia también es mala. Líneas del Metro, como la 4 (Martín Carrera-Santa Anita) están subutilizadas; son elefantes blancos como el símbolo de la estación Talismán de esa línea. La 12 es un monumento a la ineptitud y la corrupción de quienes asignaron contratos de manera opaca, tramposa, venal. Y el Suburbano de Buenavista a Cuautitlán es tan caro para el bolsillo de muchos, tan mezquino en su indisposición para permitir transbordos y tan mal integrado en la vida cotidiana de sus usuarios potenciales que, no en balde, está subutilizado.

Así, no es difícil comprender por qué, ahora más que nunca, para muchos es necesario tener un auto.

manuelggranados@gmail.com

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