domingo, 3 de agosto de 2014

La Tuta, el Osama mexicano



Manuel Gómez Granados.

Existe un fantasma de los vídeos: unos en que aparece Servando Gómez Martínez, La Tuta, en los que envía mensajes a los funcionarios de los gobiernos federal y del estado de Michoacán y, otros, con los que la clase política michoacana se desacredita y canibaliza mutuamente. La “víctima” más reciente de estos vídeos es Rodrigo Vallejo, hijo de Fausto Vallejo. Llama la atención que estos vídeos sean tan poderosos. Recuerdan aquellos vídeos que filtraba Osama Bin Laden.

Que estos vídeos sean así de poderosos deja ver, es cierto, la aparente incapacidad de los órganos de seguridad nacional y procuración y administración de justicia en México, que no logran arrestar a este personaje a quien, todavía en 2010, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación reconocía como uno de sus 12 mil profesores “en comisión”.

Que las instituciones de seguridad nacional, seguridad pública y de procuración de justicia sean incapaces de arrestar a La Tuta es más preocupante cuando se considera la rapidez del arresto de Manuel Mireles a quien incluso llevaron a un penal de máxima seguridad en Sonora, desde donde también dirige mensajes en vídeo que rápidamente se popularizan en las redes sociales.

Al considerar estos dos casos, se arraiga la idea de que el gobierno federal tiene dos raseros y mientras Servando Gómez se mueve con relativa libertad, tiene la capacidad para difundir vídeos que sirven para decidir a quien se arresta o no, como en el caso del arresto de Rodrigo Vallejo, cuando se trata de Mireles no hay clemencia. Es difícil desacreditar esta idea, dada la desconfianza que afecta al sistema de justicia en México que, en el caso de Michoacán, se agravó todavía más por el pésimo manejo dado al caso de Rosa Verduzco, Mamá Rosa, en Zamora. De hecho, ese operativo también se interpretó en la lógica de un excesivo rigor con una octogenaria (por el extremo despliegue paramilitar) y la libertad de la que goza La Tuta para lanzar sus obuses mediáticos en que amenaza, reta y cobra a sus adversarios.

Una dimensión que conviene considerar, empero, es que la relativa libertad de que disfruta La Tuta también dice mucho acerca de lo poderosa que debe ser la estructura de apoyo que, por miedo o complicidad, ofrecen muchas comunidades y quizás autoridades a Servando Gómez, pues es claro que debe desplazarse, asumir identidades falsas, esconderse, mezclarse con personas comunes que saben quién es y, a pesar de ello, estén dispuestos a no denunciarlo.

Las razones que hacen que en Michoacán los delincuentes se conviertan en héroes populares, son muy complejas y tienen que ver—entre otros factores—con el aislamiento en que han vivido las comunidades del sur y la costa del Pacífico, así como a decisiones que muchas veces se han tomado en la Ciudad de México o en Morelia y que afectan a las personas que viven en esas comunidades sin considerar los efectos que producen. Sin embargo, ya es tiempo de que la sociedad civil michoacana reconozca los riesgos que genera actuar de esa manera. La proliferación de grupos criminales no contribuye a resolver los problemas que afectan al estado y, como lo han demostrado los casos de La Empresa, La Familia Michoacana y Los Caballeros.

manuelggranados@gmail.com

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