domingo, 2 de noviembre de 2014

¿Tranquilizar a los pobres?



Manuel Gómez Granandos.

Tierra, techo y trabajo fueron los tres pilares de uno de los mensajes del papa Francisco más emotivo y ampliamente comentado en redes sociales. Pronunciado el 28 de octubre en el marco de un encuentro de distintos movimientos sociales y populares, se trata de un resumen muy apretado del pensamiento social del Papa. Algunos medios de comunicación en inglés incluso lo calificaron como una “mini-encíclica”, término equívoco, pero que deja ver el alcance del mensaje. Relevante porque, además de afirmar el núcleo más duro, más vital de la ética social cristiana sobre los derechos inalienables de las personas y las familias, es presentado por el papa Bergoglio con una sencillez y frescura difícil de desatender.

Es un mensaje tan fresco que sirvió para que el Papa afirmara de manera notable su autoridad y la autonomía de sus decisiones al hacer ver que, por hablar de esos temas, tierra, techo y trabajo, hay quienes lo califican de “comunista”. Que lo haya dicho así, con todas sus letras, en español, y sin la posibilidad de que su mensaje se considere hiperbólico, indirecto o necesitado de interpretación es, por sí mismo, otro hecho que merece comentario en un momento en que algunos sectores de la Iglesia todavía no digieren lo que significa la llegada de este Papa y amenazan con un cisma, con una división que tratan de justificar en términos doctrinales, pero que —en realidad— tiene que ver con la indisposición de algunos a practicar la justicia y la caridad, componentes clave, si los hay, del cristianismo.

Hay otra dimensión que es importante del encuentro del Papa con los representantes de movimientos sociales: demostró su disposición a escuchar y atender las opiniones de quienes se encuentran en los márgenes del debate político local o global. Más que escuchar las voces de siempre, las de quienes controlan el micrófono y hablan de “realismo”, al Papa le interesaba escuchar a quienes hablan de lo que no funciona. Es el caso de organizaciones que denuncian las violaciones de los derechos humanos, como el Centro Fray Bartolomé de Las Casas, “El Frayba”, los cartoneros (pepenadores) de ciudades de su natal Argentina, o los pequeños grupos de defensa del ambiente que se enfrentan a poderosas empresas privadas para proteger cuerpos de agua, bosques, playas y manglares.

La voz del Papa dejó en claro lo que piensa acerca de los programas de contención de la pobreza, tan populares como poco efectivos en América Latina, África o Asia:

“No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales: Jesús les diría hipócritas. Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a Pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ése es mi deseo” (http://bit.ly/1tBEcdD).

Estos gestos hacen que el Papa se convierta en blanco de fuertes críticas de organizaciones formales e informales, públicas y secretas, que no desean que se quiebren los equilibrios de poder, que desean que los excluidos sigan excluidos, sin esperanza de ser tomados en cuenta. La del papa Francisco es una apuesta valiente, difícil, que pone el acento en el evangelio y enfrenta poderosos retos dentro y fuera de la Iglesia, y por eso merece mayor atención y apoyo.

manuelggranados@gmail.com


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