sábado, 8 de noviembre de 2014

Xochimilco, más allá del reflector


Manuel Gómez Granados.

Esta semana, Xochimilco recibió la visita del príncipe Carlos, heredero al trono del Reino Unido. Como ocurrió en los otros lugares, fue una visita coreografiada, cuidada, maquillada. Sin embargo, fue imposible ocultar hechos palmarios: pobreza, contaminación de los canales por descargas de aguas negras, basura encima de la basura, inseguridad, ausencia de planeación urbana y turismo, falta de accesos, deficiente mercado local, y el ánimo de muchos pobladores pesimista y resignado.

Xochimilco otrora fue un lugar turístico y fuente básica de producción de hortalizas, flores y plantas. Por eso, la UNESCO lo declaró patrimonio cultural de la humanidad, pero ahora languidece.

Distintas organizaciones trabajan para rescatar la cultura, los precarios equilibrios ecológicos y reconstruir el tejido social. Sobresale la actividad del obispo Andrés Vargas Peña, y del párroco de San Bernardino de Siena, Adrián Huerta Mora, por sus actitudes proféticas, de servicio y transparencia. En el antiguo convento franciscano del siglo XVI, desde hace seis años se impulsan distintas iniciativas de desarrollo integral y uso de tecnologías de la información como
expresión del Evangelio.

La Universidad ICTE, CENADIN, Chesterton Instituto Superior y el Patronato Autónomo de Xochimilco, y otras asociaciones, realizan diversos programas de capacitación para hacer realidad lo que recientemente señaló el papa Francisco como prioridad del desarrollo humano: tierra, techo y trabajo. La capacitación para el trabajo, lo mismo que el cuidado de la tierra, se realizan tanto en la zona chinampera como en las parcelas del área de montaña.

Para hacer realidad el ideal del Papa, la parroquia de San Bernardino parte de la piedad popular y las estructuras de organización social más antiguas del Valle de México: las mayordomías, que por siglos han unido a las familias, los barrios y los pueblos. Para corregir los descuidos de las autoridades civiles y religiosas que, en el pasado, consintieron e incluso participaron del saqueo económico y del arte sacro, el templo, el arte y el mobiliario ahora son objeto de una profunda restauración, que se realiza con recursos de la comunidad y del gobierno, que supervisa los trabajos mediante el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Ya se restauró parte de la arquitectura, las pinturas, las esculturas originales del templo parroquial, el órgano monumental, así como el reloj de la fachada, instalado en 1872, y el reloj de piso, que tenían décadas sin funcionar.

Esos trabajos recuperan la cultura, fortalecen el sentido de pertenencia de los pobladores y muestran que organizados pueden avanzar. Testimonio y pedagogía útil, sobre todo para los jóvenes que encuentran en la parroquia un espacio para compartir la fe y sus conocimientos: ayudar a quienes necesitan realizar trámites, apoyar a otros jóvenes y alfabetizar a personas
adultas.

Los espacios recuperados en San Bernardino están al servicio de toda la comunidad, especialmente de grupos culturales, artísticos y de promoción social. Quienes sinceramente trabajan por el bien común tienen un espacio y el apoyo de la parroquia que, además, se ha embarcado en la edición de tres libros y la grabación de dos discos con canciones originales de los grupos musicales. Así, se hace vida el Evangelio, se construye
la comunidad y se previene —desde la raíz— la violencia.

*Analista


 

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