lunes, 22 de diciembre de 2014

El Sistema, la verdadera prueba


Fernando López Anaya.

Según datos de CONEVAL, más de 53 millones de mexicanos se encuentran en condiciones de pobreza; en contraste, según el censo Wealth and UBS Billionaire 2014, en México 27 personas ostentan una riqueza individual superior a los mil millones de dólares. Juntos acumulan activos por 169 mil millones de dólares. Podemos identificar algunas causas y probables responsables de esta desigualdad, pero estos no actúan solos, siempre en complicidad de quienes, o no hacemos nada por impedir que esta realidad sea así, o deliberadamente operan para que la injusticia funcione, desde hace décadas, como un sistema, donde cada engranaje colabora para que unas minorías detenten poder y concentren riqueza.

En México, el sistema político-económico y social tiene dos elementos que explican el andamiaje institucional y la cultura: la religión católica y el sistema político priísta. Esta simbiosis entre sistema priísta y religión católica es cada vez más discutida, sobre todo porque hay acontecimientos que abonan a su desmitificación; sin embargo, ambos permanecen como piezas clave.

Uno de los acontecimientos que abonaron al crecimiento de la diversidad de cultos en México y al rompimiento de la hegemonía del catolicismo fue la guerra cristera, pues al tiempo de que termina este movimiento armado de católicos contra la política represora del Presidente Plutarco Elías Calles, en 1926, a Guadalajara, Jalisco, al corazón del territorio cristero llega Eusebio Joaquín González para fundar la iglesia Luz del Mundo, que actualmente tiene más de 188 mil adeptos en México y 18 colonias de la iglesia sólo en Guadalajara.

Distintos cultos han proliferado en México, según cifras del censo de población 2010, el número de protestantes, evangélicos y grupos cristianos llegó a casi 11 millones de personas, incluso tenemos musulmanes entre indígenas tzotziles en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ante la actual configuración del mapa religioso en México, las críticas hacia una Iglesia católica volcada a un culto desvinculado del compromiso social crecen sobre todo cuando son pocos los religiosos que actúan para mejorar las condiciones de vida de los migrantes, indígenas y los menos favorecidos. A pesar de todo esto, la religión católica no deja de tener un peso importante en México, pues el porcentaje de la población que dice profesar la fe católica es del 83.9%. La pregunta sigue siendo: ¿cómo es posible que en un país mayoritariamente católico, el cristianismo no se traduce en justicia social?

En el año 2000, el acontecimiento que contribuye a la desmitificación del otro de los elementos claves para explicar lo que sucede en México fue la alternancia en el poder político; pues Vicente Fox, candidato carismático de un partido distinto al PRI, gana las elecciones y asume el poder presidencial. Sin embargo, no se erradicó la forma de gobernar, pues siguió imperando la cultura de la mordida, el corporativismo que fortalece el voto duro, el nepotismo... Para muchos, aunque el PRI regresó formalmente a los Pinos en el 2012 con Enrique Peña Nieto, las viejas prácticas nunca se fueron. 

En México, la democratización del país, mejores condiciones para ejercer una auténtica libertad religiosa, el respeto por los derechos humanos, la procuración de justicia, el Estado de derecho… son temas que casi no avanzan, o si avanzan lo hacen muy lentamente, no al ritmo que reclama una ciudadanía, que aunque esté más informada y sea más exigente, no logra influir sustancialmente en la agenda de gobierno.

Por otro lado, la lógica del sistema capitalista neoliberal no se ha trastocado, sobretodo porque la desigualdad se agudiza, quizá porque el sistema adquiere nuevas formas de explotación, alienación, represión y enajenación, incorpora a sus críticos y detractores para hacerlos reproducir el mismo sistema, para afinar día a día su discurso, y actuar con estrategias cada vez más sofisticadas.

En este 2014 que termina, México vive una crisis frente a la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero. Es una crisis que ha disipado el adormecimiento de lo humano entre muchos mexicanos, que abre perspectivas de cambio, que ha desenmascarado la lógica de dominación de algunos sectores y pone a muchos mexicanos ante la disyuntiva entre romper el ciclo de inconciencia frente los poderes de facto, o de hacer realidad la utopía de justicia social. México está a prueba.

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