sábado, 20 de diciembre de 2014

México, el conflicto global que somos


Manuel Gómez Granados.

El lunes de esta
semana el Council on Foreign Relations (CFR), uno de los muchos think-tanks que dan forma a la agenda de la política exterior de Estados Unidos, publicó una herramienta llamada Rastreador de Conflictos Globales. Esta herramienta (http://t.co/EOpM2ztycG) clasifica en tres categorías de prioridad a los conflictos que tienen potencial para afectar la estabilidad global, así como los intereses de EU.

La buena noticia es que en América Latina no hay conflictos de alta prioridad. Todos están concentrados en Asia y Oriente Medio, con excepción de lo que ocurre en Ucrania y las amenazas a la seguridad nacional de EU. La mala noticia es que entre los conflictos de intensidad media el CFR identifica al que tiene lugar ahora en México. La etiqueta que aparece sobre el mapa de México dice “aumento de la violencia relacionada con el crimen organizado”.

Uno puede desestimar lo dicho por el CFR. Incluso podríamos insistir en que la culpa de todo lo que pasa es de Estados Unidos y que si no tuviéramos que lidiar con una frontera como la que compartimos todo estaría bien. Sabemos que, aunque efectivamente haya muchos en las comunidades académica, de seguridad nacional y militar de ese país que piensan el mundo como una colonia, la realidad es que sí tenemos problemas y son los que hemos creado nosotros. Si el tamaño de la frontera y la cercanía con EU fuera la explicación, entonces Canadá, que tiene una frontera más extensa y menos protegida que la mexicana con EU, tendría mayores problemas que nosotros.

La internacionalización de los problemas de México no es un fenómeno nuevo. Desde que la violencia empezó a escalar en 2007, nuestro país ha sido objeto de frecuentes análisis, reportes y evaluaciones. Ahí están las series, por ejemplo, del Índice de Paz (
http://www.visionofhumanity. org/), así como las mediciones de libertad de prensa de distintas organizaciones civiles globales como Reporteros Sin Fronteras o Freedom House, para probarlo, del mismo modo que lo demuestra también la estadística oficial mexicana de homicidios violentos. Lamentablemente nos cuesta trabajo admitir nuestros errores. Siempre es más fácil culpar a alguien más, como suele suceder con los árbitros de futbol.

Muchos esperaban que la elección de 2012 trajera algún alivio. No fue así. Salvo ligeras variaciones, hemos vivido una profundización de nuestra crisis de violencia, a la que se ha agregado una grave crisis de credibilidad en los gobiernos federal y de los estados, que se agrava porque en la cúspide de la pirámide política insisten en victimizarse, en hablar de conspiraciones y en reducir nuestros problemas al deseo de “quebrar el espíritu” del Presidente.

A la política mexicana hace mucho que le sobra maquillaje y escenografía y le falta la humildad necesaria para reconocer sus errores, así como admitir que alguien pudo haberse equivocado en algún momento al decidir que era mejor combatir al crimen con acciones policiacomilitares que, aun hoy, no han rendido frutos. Todavía estamos a tiempo de evitar mayores daños y un mayor deterioro en la puntuación que México recibe en los índices que miden la confianza, la corrupción, la libertad de prensa y la violencia. Descalificar la información por su origen o ver conspiraciones detrás de cualquier crítica sólo nos hace más daño. El tiempo corre en contra nuestra. La soberbia no es buena consejera y menos la impunidad.

*Analista


manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/opinion/manuel-gomez-granados/2014/12/20/998721

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