domingo, 28 de diciembre de 2014

México: la abrumadora distancia entre sociedad y gobierno


 

Manuel Gómez Granados.

Marie Louise de la Rameé, una británica hija de franceses, novelista y partícipe ella misma de los círculos de promotores del imperialismo europeo del siglo XIX escribió: “si le quitamos la esperanza al corazón de una persona, hacemos de ella una bestia depredadora”. En pocos países es posible confirmar la verdad de esas palabras como en el México de hoy.

Las explicaciones que se pueden dar al fenómeno son muchas. Lo que es un hecho es que ahí estamos, en el escenario de miles de compatriotas convertidos en bestias depredadoras. Quien lo dude, basta con que se dé una vuelta por Michoacán, Guerrero, el sur de Jalisco o el sur del Estado de México o por Tamaulipas. Si Dante Aligheri viviera hoy, seguramente usaría muchas de las imágenes cotidianas de esos lugares de México como parte de una moderna versión de los círculos del infierno de su Divina Comedia, pues la vida en esos lugares se ha convertido justamente en un infierno.

De todas las explicaciones que podríamos encontrar a las razones de nuestros males, hay una recientemente adelantada por el embajador de los Países Bajos en México, el excelentísimo señor Dolf Hogewoning, que sería muy sano considerar: los bajos índices de cohesión social y la distancia que existe entre la sociedad y el Estado. Dice el diplomático holandés: “desde mi punto de vista, mejorar la cohesión social en México es lo fundamental. Hay una desconexión total entre la sociedad civil y las instituciones del Estado mexicano. Hay que asistir y mejorar las instituciones, apoyar a las organizaciones civiles y encontrar la forma de fortalecer el asunto de la cohesión social”.

La entrevista (que se puede consultar en http://eltoque.com/texto/la-cohesion-social-en-mexico-es-lo-fundamental) no es un acto de intervencionismo. Es una reflexión, muy útil, muy necesaria de una persona que ha vivido en México lo suficiente para comprender qué pasa en nuestro país. Lo último que deberíamos hacer con una opinión así sería regresar a nuestros modos tradicionales de ver cualquier crítica como un “ataque a la soberanía” o alguna otra de las mentiras con las que los mexicanos solemos desestimar las críticas que vienen de fuera. Que un diplomático europeo rompa con el protocolo que normalmente les obliga a no emitir opiniones que no sean laudatorias acerca de lo que ocurre en el país en el que prestan sus servicios, es algo que deberíamos considerar como una advertencia de qué tan frágil es nuestra situación.

Además, está toda la evidencia a nuestro alcance de distintas encuestas, tanto de instituciones públicas como de empresas privadas, que gritan que en México tenemos un serio problema tanto de confianza interpersonal como de confianza en las instituciones, que son dos de los indicadores clave de la cohesión social.

Y lo más grave de lo dicho por el embajador Hogewoning, lo relativo a la distancia entre las autoridades y la sociedad civil es que, frente a ese fenómeno, las soluciones adelantadas por las autoridades mexicanas en los últimos 10 años han sido notablemente deficientes. Confunden, por ejemplo, los ratings, las medidas de audiencia de radio o televisión, con la capacidad para comunicar y restaurar la confianza. Lo que resulta de ello han sido gobiernos que gastan mucho, comunican poco y logran menos. Son gobiernos que, además, se acorralan a sí mismos en jaulas que los obligan a nunca aceptar errores, nunca corregir, y preservar una apariencia de infalibilidad a la que ni siquiera el Papa aspira. Esa distancia sólo puede reducirla una autoridad dispuesta a atender, a escuchar, a obedecer las justas exigencias del pueblo. Nuestras autoridades, lamentablemente, todavía no admiten eso.

manuelggranados@gmail.com


Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2014/875364.html

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