domingo, 14 de diciembre de 2014

Un Sistema Anticorrupción real

Manuel Gómez Granados.

México ha impulsado distintas iniciativas para frenar o controlar la corrupción. Luego de “la borrachera petrolera” de finales de los setenta, Miguel de la Madrid lanzó su propuesta de Renovación moral de la sociedad. La realidad es que se logró muy poco. Las privatizaciones iniciadas al final de su sexenio y las de su sucesor lanzaron a México en una espiral de corrupción que, además de los efectos más inmediatos, la distracción de miles de millones de pesos de lo necesario a lo superfluo, de lo público a lo privado, lastimaron algo más importante: la confianza.

Don Miguel entendió que historias como la Colina del Perro de su antecesor, o del Partenón de Arturo El Negro Durazo, lastimaban al país, pero se quedó en el discurso de buenas intenciones. Los compromisos entre grupos de poder hicieron que sus afanes quedaran reducidos a impulsos justicieros.

Todos los presidentes que le han seguido han caído víctimas de la misma trampa. Diagnósticos acertados de los efectos de la corrupción, iniciativas aisladas en materia de transparencia, un remedio para la corrupción, pero una cosecha magra que se traduce en que millones de jóvenes, en las redes sociales, por medio de bromas e incluso rumores, participen de dinámicas de autodenigración que hacen de lo mexicano sinónimo de corrupto, “chueco”, turbio. Nadie ha medido los efectos de esas dinámicas, pero sumadas al miedo que ha infundido la violencia, configuran una realidad en la que queda poco espacio para la esperanza. Lo que es peor, en una conversación con distintos periodistas, el Presidente de la República adelantó una tesis que llevada a su conclusión lógica, nos arroja al vacío: si la corrupción es un fenómeno cultural, queda poca esperanza de cambiar: así somos.

El problema fue entendido bien por la dirigencia del Partido Acción Nacional que presentó, en los últimos dos años, dos propuestas contra la corrupción. Tristemente, que lo haya hecho en 2013 y en 2014 y no en 2004 o 2008, por ejemplo, hace que el chiste se cuente solo. ¿Por qué no hizo de ese problema una prioridad de los gobiernos federales del PAN? Nadie lo sabe. Lo que es peor, ¿por qué el PAN no se puede poner de acuerdo consigo mismo y presenta dos iniciativas? Ambas propuestas del PAN, así como la del PRI y el PRD, están condicionadas por los vicios de la política: minimizan el costo de los errores u omisiones de los políticos y preservan las causas de la corrupción.

Por ello es que se debe aplaudir y apoyar la iniciativa que distintos organismos de la sociedad civil, entre los que se encuentran Fundar, IMCO y México Evalúa, entre otros muchos, presentaron el miércoles 10 una iniciativa de Sistema Nacional Anticorrupción (http://t.co/fIyM9xb7Ju) que sí ataca los problemas de raíz. El más notable es que amplía y diversifica el número de miradas ocupadas de evitar los actos de corrupción e intensificar la naturaleza y alcance de los castigos de esos actos. También da dientes efectivos a la instancia encargada de evitar y castigar los actos de corrupción, que tiene carácter de órgano constitucionalmente autónomo, libre de caprichos, de gobernadores y quienes aspiran a serlo, que son quienes han minado la capacidad de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Los índices de confianza interpersonal y en las instituciones hablan ya de un daño muy severo a nuestra capacidad para coordinarnos y mejorar. El único remedio para ello es que los ciudadanos, especialmente los jóvenes, recuperemos la confianza en las acciones de gobierno y para ello es vital erradicar la corrupción.
manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2014/873464.HTML

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