sábado, 6 de diciembre de 2014

Y de nuevo la esclavitud

 
 
Manuel Gómez Granados.

Dos noticias conmovieron esta semana, incluso al más indiferente. Primero, la Fundación Walk Free publicó la más reciente edición de su Índice Global de la Esclavitud (IGE 2014, http://www.globalslaveryindex.org/). En él, los países que ocupan los primeros lugares en América Latina por el número de esclavos somos Haití y México. Difícil de creer pues México abolió la esclavitud desde 1810, a pesar de lo cual al menos 270 mil personas en México viven hoy en condiciones de esclavitud. La otra noticia fue la firma, el 2 de diciembre en Roma, en el Vaticano, de la Declaración Contra la Esclavitud, un documento en el que líderes de las más importantes religiones globales se comprometen a terminar en 2020 con la esclavitud de —por lo menos— 35.8 millones de personas.

La declaración, promovida por el papa Francisco y Justin Welby, el arzobispo de Canterbury, entre otros, busca terminar con las formas modernas de esclavitud que, aun cuando ya no se asumen como tales, afectan a millones. Las distintas religiones no pueden, por ellas mismas, conseguir esa meta, pero es claro que existe la expectativa de que la autoridad moral de las religiones facilite una mayor toma de conciencia y haga presión a los gobiernos para erradicar la trata de personas, la prostitución, el trabajo forzado, el trabajo infantil, así como el tráfico de órganos, entre otras expresiones de las formas modernas de esclavitud.

La tarea no será sencilla para quien vaya a actuar en nombre del Papa en México. Nuestros gobiernos han sido omisos, especialmente en el caso del trabajo infantil y la trata de personas. En el primer caso, todavía en 2013 se evitó ratificar y obligar a la observancia de distintos convenios de la Organización Internacional del Trabajo. Este año se aprobó una Ley General de Infancia que marca un importante avance en el ámbito federal, pero queda pendiente lograr que las 32 entidades armonicen sus legislaciones locales y, sobre todo, que tanto el gobierno federal como los de los estados y municipios destinen los recursos necesarios para vigilar que nadie, especialmente los padres de familia, obligue a que los niños trabajen. Pretextos nos han sobrado para tolerar el trabajo infantil. Casi siempre económicos, pues se cree que es mejor que los niños trabajen para ayudar al ingreso familiar. Esa es una trampa que, luego de más de 50 años, debería quedar claro que no ha logrado sus objetivos, además de que explica la deserción y el mal desempeño académico, pues millones de pequeños no conocen lo que es una escuela o la conocen a medias, ya que llegan tan cansados a clase que difícilmente pueden aprender algo.

En el caso de la trata hemos visto mucha pirotecnia, mucho protagonismo salpicado de convicciones religiosas, pero no hay avances reales, y miles de mujeres son o han sido víctimas de la trata gracias a complejas redes de corrupción que atacan por igual, tanto a las desacreditadas policías municipales (súbitamente culpables de todos nuestros males) como a las policías con buenos sueldos, con recursos tecnológicos y con mando único, como la Federal Preventiva o las judiciales, federal o de los estados que, a pesar de sus ventajas, están tan corrompidas o más que las municipales.

La declaración de los líderes religiosos en Roma es valiente, pero de poco servirá si no reconocemos que la esclavitud en México tiene rostros y responsables concretos. Necesitamos acciones que lleven un cambio estructural en la procuración de justicia para las víctimas.

*Analista

manuelggranados@gmail.com
 

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