domingo, 4 de enero de 2015

Apostarle al bien en Michoacán


Manuel Gómez Granados.

En pocos estados de la República se han desplomado las esperanzas de alguna mejora en el mediano o corto plazo como en Michoacán y, de manera más específica, en la llamada Tierra Caliente, un triángulo que inicia, más o menos, en el vértice sur del Estado de México, en el ahora famoso municipio de Tlatlaya, se extiende al norponiente hasta llegar a Apatzingán, Michoacán, y al sur de Jalisco, hasta incorporar gran parte del poniente de Guerrero.

Las soluciones que se han ofrecido a los problemas del desarrollo en esa región han sido, en menor o mayor medida, fallidas por factores que, aunque básicos, no hemos resuelto. El más notable es la mala calidad de la infraestructura, que ninguna de las oleadas de desarrollo ha mejorado, incluida la que construyó una de las siderúrgicas más importantes de México: Lázaro Cárdenas-Las Truchas. La emigración de cientos de miles de michoacanos a EU no ayudó tampoco pues, aunque hubo algunos beneficios, los efectos de la emigración han sido mayormente negativos para Michoacán.

Fue en ese contexto, de repetidos fracasos de programas de desarrollo orientados por un ánimo clientelar y cortoplacista, así como de profunda corrupción de las instituciones y de la vida pública que, hace dos años, por estas fechas, ganó tracción en el gobierno federal la idea de legitimar a las auto-defensas, un fenómeno que era resultado de esos fracasos y de esa corrupción. Lo que mejor expresa ese fracaso, así como el carácter añejo del problema, es que —en sus orígenes, a finales de los noventa— lo que ahora son Los Caballeros Templarios y antes La Familia Michoacana, surgió como un grupo de autodefensas que supuestamente evitaría la barbarie que traían consigo Los Zetas y otros narcotraficantes

Las autodefensas que surgieron en Michoacán seguían lo que ya era una suerte de receta: ofrecer protección ante la incapacidad de las autoridades de los tres niveles para enfrentar a los grupos criminales en un contexto de falta de oportunidades económicas, aislamiento geográfico y profunda desconfianza en personas ajenas al núcleo familiar y en las instituciones.

Las razones que llevaron al gobierno federal a legitimar a las autodefensas nunca fueron claras. Hubo algunas encuestas, tan trucadas que nadie creyó en ellas. Además, se reconoció como interlocutor del gobierno a José Manuel Mireles, un personaje incapaz de ponerse de acuerdo consigo mismo, lo que llevó a Mireles a una prisión de máxima seguridad en el norte del país, mientras uno de los principales motores de la violencia, Servando Gómez La Tuta, continúa libre. La tragedia empeoró cuando, a mediados de diciembre, el hijo de Hipólito Mora, uno de los capitanes de las autodefensas, perdió la vida en La Ruana.

El año nuevo no pinta mejor. La elección de junio debería traer algún alivio, pero no debemos perder de vista que—como todas las intermedias—tendrá baja participación y enfrentará además de los problemas de la política en general en México, como el elitismo y la sordera de los políticos, el interés de algunos miembros de las autodefensas de ser candidatos a cargos federales, estatales y municipales de elección popular, además del miedo. La tentación de abstenerse en 2015 es mucha y hay quienes creen que podría enviar un mensaje a la clase política, pero abstenerse también implica reducir todavía más los mecanismos de participación política y dejar ese espacio para que grupos que le apuestan a la violencia ganen más poder. Por eso, ahora más que nunca, es necesario apostarle al bien y a ser factores en la construcción del bien. Feliz año nuevo.

manuelggranados@gmail.com


Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2015/876089.HTML

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