sábado, 3 de enero de 2015

Bergoglio el diplomático



Manuel Gómez Granados.

Diciembre de 2014 pasará a la historia como el mes en que se quebró uno de los más grandes mitos del siglo XX: el mito de la eficacia de las sanciones económicas como vía para propiciar cambios en naciones que violan los derechos humanos. En 1959, cuando Estados Unidos promovió un boicot contra la entonces joven revolución cubana, se creyó que las sanciones resolverían las diferencias entre Washington y La Habana. No fue así. Tampoco lo ha sido en el caso de Irán, Siria, China, Corea del Norte o Myanmar y antes, Libia, Irak. 

El restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos es un desarrollo que a la mayoría nos sorprendió. Y la sorpresa fue mayor por la gratitud que expresó Barack Obama al Papa Francisco por haber facilitado los encuentros que condujeron al cambio en los términos de la relación entre ambos países y al intercambio de prisioneros. En la expresión de gratitud de Obama al Papa existe un implícito acuerdo con la necesidad de transitar a un nuevo modelo de relaciones a escala global, y además de las coincidencias en el caso cubano, las hay en el trato que se debe dar a los migrantes indocumentados en EU, así como en algunos de los problemas que afectan a Medio Oriente. Las coincidencias no son totales, pero ofrecen un piso común para construir soluciones a otros problemas. 

La intervención papal en la solución de conflictos no es algo nuevo. Este 23 de diciembre pasado, por ejemplo, se celebró el 30 aniversario de la mediación de Juan Pablo II en el conflicto por el canal de Beagle, entre Argentina y Chile. Y obviamente no es sensato asumir que el Papa por sí mismo o con la ayuda de Obama, quien está ya en el ocaso de su gobierno, o de algún otro líder, resolverá todos los conflictos internacionales, pero ese es el mérito del Papa Bergoglio: la simplicidad de pequeños actos que contribuyen a distender, a dialogar y mostrar, con hechos, que es posible mejorar.

Las oportunidades para que Francisco tenga un activo papel global aumentarán pues, Bergoglio publicará en los próximos días un documento importante acerca de los vínculos entre la degradación del medio ambiente, la pobreza y los desastres mal llamados naturales y cómo esos fenómenos se relacionan con la actividad económica carente de controles o criterios éticos, ecológicos o económicos, que sólo busca la acumulación de riqueza. Es un documento que abordará temas centrales para América Latina: el monocultivo, por ejemplo, que en América del Sur ha dado forma a una realidad llamada la “República de la Soya”, donde grandes extensiones de tierras se dedican a producir sólo soya, sin importar los daños a suelos, ríos y a la fauna. También tocará, según se ha filtrado, un tema delicado para México: los efectos devastadores de la minería, especialmente la que se practica a cielo abierto y la que usa gran cantidad de agua para refinar minerales.

El documento recupera muchas de las experiencias de violación de los derechos humanos, y degradación y contaminación ambiental que la Iglesia ha documentado en distintos encuentros nacionales, regionales y globales. Es posible adelantar reacciones negativas a lo que diga el Papa, pero la evidencia de la devastación es evidente, por ejemplo lo que verá durante su viaje a las Filipinas del 15 al 19 de enero que tiene, como uno de sus objetivos, consolar a las víctimas del tifón Yolanda en Leyte. Esperemos que este nuevo año nos traiga cosas buenas a todos.

manuelggranados@gmail.com 

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/opinion/manuel-gomez-granados/2015/01/03/1000597

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