sábado, 31 de enero de 2015

La 12, lastimar al más débil

 
Manuel Gómez Granados.
Hay en la lógica de la política mexicana una consigna de la que nadie habla. Todos, desde luego, la rechazarían, pero la más elemental inspección de muchos de nuestros problemas nos dice que, en realidad, el lastimar a los más débiles, a los más necesitados, es una constante de la vida pública y especialmente de las obras públicas en nuestro país.

Los automóviles privados, por ejemplo, sólo satisfacen el 25% de todos los viajes que se realizan. A pesar de ello, hay ciudades de México en las que la infraestructura para el uso del auto se lleva más del 80% del presupuesto para infraestructura urbana. La Ciudad de México es la “afortunada” excepción a esa norma, porque ya desde los tiempos de Alfonso Corona del Rosal se entendió que la urbe necesitaba un sistema de transporte colectivo, que permitiera el desplazamiento de grandes contingentes de personas todos los días. Fue así como se construyeron las tres primeras líneas del Metro que, a pesar de las limitaciones que existían, siguen ahí.

Sin embargo, la responsabilidad en la construcción del Metro parece haberse agotado en los años sesenta. Luego de las tres primeras líneas lo que ha seguido es la clásica olla de tamales en la que hay de chile, de dulce y de manteca. Está la línea 4, que va de ninguna parte a ninguna parte y por eso es que la infraestructura que la soporta está subutilizada: trenes más pequeños que las tres primeras líneas, servicio mucho más espaciado porque quienes la construyeron creyeron que bastaba con construir el Metro para que mágicamente llegaran los pasajeros. Algo parecido ocurre, por ejemplo, en la línea 6, que también opera con convoyes menores a los de las tres primeras líneas. De nuevo, es dinero desperdiciado por malas decisiones al momento de decir dónde se construyen las líneas, que afecta a quienes no pueden comprar un auto.

Lo que vino a confirmar este modelo que lastima a los más necesitados ha sido el escándalo de la Línea 12. Quienes todavía la defienden señalan que tiene cosas, como vestíbulos y corredores mucho más amplios, así como espacios para estacionar bicicletas, que no existieron en las líneas previas. Eso es verdad. Pero la línea no está en operación y, según lo que se publicó esta semana, se deberá reconstruir 70% del tendido de las vías y quizás tendrán que cambiarse los trenes.

Hay quienes dicen, también, que nada de esto es cierto. Que todo es una perversa manipulación del actual gobierno para desacreditar al anterior jefe de gobierno y sus colaboradores más cercanos: Marcelo Ebrard y Mario Delgado, entre otros. Si eso fuera así, sería terrible, pero no cambia el hecho: se lastima al más débil, al más necesitado, al que depende del transporte público porque no le alcanza para comprar un auto. Esa versión, sin embargo, enfrenta el hecho que existen ya varios dictámenes que hablan de la manera en que la actual Línea 12 se construyó al filo de la navaja, arriesgando descarrilamientos y “accidentes” por operar en los límites mínimos de las normas aplicables.

Lo que queda claro es que, sean las pugnas entre el actual y el anterior jefe de gobierno, o los errores, omisiones, y quizás las corrupciones de la administración previa, quienes pagan los platos rotos, quienes padecen el tráfico, el no poder pasar tiempo con sus familias, son los más necesitados, además de que se envía el peor mensaje posible: el Metro no funciona, compra un auto.

*Analista
manuelggranados@gmail.com
 
 

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