domingo, 15 de febrero de 2015

¿Debemos celebrar la baja inflación?

Manuel Gómez Granados.

En los últimos días las noticias económicas han sido aterradoras. Incluso las que en otras épocas podrían haber sido consideradas como buenas noticias, ahora resultan preocupantes. Un ejemplo de ello lo ofrece el dato sobre inflación. En los primeros días de la semana pasada, ayunos como estamos de buenas noticias, hubo quienes en redes sociales como Twitter festinaron el dato más reciente del Índice Nacional de Precios al Consumidor. El dato hubiera sido digno de celebrarse en otro contexto, pues al iniciar 2015 se reportó la inflación más baja en 30 años: 0.09 por ciento de enero de 2014 al inicio de este año.

Sin embargo, casi al mismo tiempo que se daba a conocer el dato de inflación, Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, informaba que los recortes en el presupuesto provocarían una caída de hasta medio punto en el PIB. Unos días antes, el viernes 6, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores hablaba de un aumento del 11.3 por ciento en la cartera vencida. Es decir, las personas están dejando de pagar y lo hacen a un ritmo similar al registrado en México en el peor momento de la Gran Recesión en 2009.

Y por si faltara algo, el martes 10, en Londres, la directora de la Agencia Internacional de Energía, María van der Hoeven, presentaba el Medium-Term Oil Market Report (http://www.iea.org/Textbase/npsum/MTOMR2015sum.pdf). En esa publicación se informa que aunque el precio del petróleo se estabilizará en 2015, no se prevé que regrese a los niveles previos al desplome que hemos vivido recientemente. Las razones de la AIE es que, aunque es más caro producir ahora biocombustibles, buena parte de la producción de ese tipo de energéticos depende de leyes aprobadas tanto en Estados Unidos como en Brasil, por lo que seguirán produciéndose. Además, están las leyes que, en Europa y América del Norte, promueven el uso de autos híbridos o eléctricos. La AIE señala que la demanda global no aumentará en los próximos 18 meses, pues no se prevé una reactivación económica global. La estabilización en los precios del crudo será el resultado de la estabilización en la demanda y la demanda está contenida. Y todavía más, las reglas de consumo de hidrocarburos que habrán de entrar en vigor en 2020 a escala global harán que la demanda de petróleo se desplome más. La demanda pasará de poco más de siete mil millones de barriles diarios en 2015 a poco más de cinco mil millones en 2020.

Así, ¿tiene sentido celebrar una inflación baja? Es difícil saberlo. Los mexicanos aprendimos a temer al demonio de la inflación con todo nuestro corazón. La inflación (y la devaluación) pulverizaron ahorros, patrimonios, sueños, aspiraciones en los setenta y ochenta. Pero la situación en la que estamos: inflación tan baja en un contexto de crecimiento muy limitado, de aumento de la cartera vencida, de aumento de los impuestos y de la imperiosa necesidad de mantener precios altos de la gasolina y el diesel para financiar el gasto público, nos colocan en una situación muy frágil y difícil.

Las recetas que apostaban todo a exportar a Estados Unidos son tan inviables como podría ser apostarle a la emigración a ese país. Se necesitan respuestas novedosas, que incluyan, entre otras cosas, mayor transparencia gubernamental, evitar los conflictos de interés, la prevaricación; evitar todas esas cosas que en lugar de alentar la inversión, la desalientan y siembran desconfianza. La duda, como suele suceder, es si nuestros políticos acusarán recibo de la nueva realidad. La inflación baja ayuda, pero por sí misma no resuelve nuestros problemas.

manuelggranados@gmail.com


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