domingo, 22 de febrero de 2015

El enemigo invisible



Manuel Gómez Granados.

Imaginen, apreciables lectores, que están enfermos. Luego de intentar los remedios caseros de rigor, deciden ir al médico. Como suele suceder, el médico les pide análisis clínicos. Al regresar con los resultados de los estudios y revisar los datos se confirma que están enfermos. Ustedes esperan que les digan “usted está enfermo de…” pero el médico no puede. El laboratorio ha reportado “otras enfermedades”, que es tanto como decir nada.

Eso es lo que ocurre en México hoy con los datos sobre delincuencia. En los últimos días de enero, el secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), entidad dependiente de la Secretaría de Gobernación, liberó las bases de datos de incidencia de delitos a escala municipal o delegacional (para el DF) de los años 2011 al 2014 (http://bit.ly/delitomx2014). Es un gran avance. Más porque esos datos se presenten a escala municipal y no estatal. Pero hay problemas con esa información. El más notable es que uno de los delitos de mayor incidencia en el Estado de México y el Distrito Federal es la amorfa categoría de “Otros delitos”.

Si queremos atacar, reducir y prevenir el crimen, lo primero que debemos saber es de qué crímenes hablamos. No es lo mismo pensar en lo hay detrás de un secuestro perpetrado por el crimen organizado, que los resortes que mueven a un violador o lo que hay detrás del daño en propiedad ajena. Y de esos crímenes hay información a escala municipal; sin embargo, hay delitos como el secuestro, que tienen una tasa de incidencia de alrededor de un caso por cada 100 mil personas, mientras que la categoría de “Otros delitos”, en la información del SNSP, reporta tasas exorbitantes.

En Atizapán de Zaragoza, por ejemplo, se reportan 739.07 casos de “Otros delitos” por cada 100 mil personas; en Huehuetoca es de 980.77 casos; en Huixquilucan 833.72 casos por cada 100 mil habitantes en 2014. Naucalpan reporta una tasa fuera de toda lógica: mil 045.48 casos por cada 100 mil personas. En Tlalnepantla, la tasa para “Otros delitos” en 2014 es de 919.72. En Zumpango 680.25 casos. Al cruzar la frontera al DF las cosas mejoran, pero la tasa de “Otros delitos” sigue siendo muy alta. En Azcapotzalco, 394.49 casos; en Gustavo A. Madero 355.97 y en Miguel Hidalgo de 429.62 casos por cada 100 mil personas, en 2014.

Esto es más grave porque, de esos municipios, en Atizapán, Huehuetoca, Huixquilucan, Naucalpan, Tlalnepantla y Zumpango, la categoría “Otros delitos” es la que reporta la mayor incidencia. En otro municipio, Tultitlán, la categoría “Otros delitos” reporta una tasa de 420.74 casos y no es el primer lugar en los delitos en esa demarcación, porque ese municipio está sumido en una ola de robos con violencia que ha llevado la tasa a un índice de 453.60 casos por cada 100 mil habitantes.

Estas cifras dejan ver dos problemas más. No es que las personas no denuncien. Las personas van y denuncian, pero no queda claro por qué los ministerios públicos reportan tantos casos como “Otros delitos”, de modo que la información es inútil. Esto debería servir para que las autoridades dejen de culpar a las personas de no denunciar. El otro problema es que, aun cuando la información a escala municipal ayuda, no es suficiente.

El SNSP tiene la obligación de buscar la ayuda del INEGI para que la información de cualquier delito en México esté georreferenciada a nivel de Área Geoestadística Básica. Sólo así se podrá avanzar en serio en el combate y la prevención del delito, de otro modo, peleamos contra un enemigo invisible.

manuelggranados@gmail.com


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