domingo, 19 de abril de 2015

Lorena y Dolores, la necesaria rebeldía


Manuel Gómez Granados.

La mitad de la población mexicana son mujeres. Veinticinco por ciento de hogares lo sostienen mujeres solas y son el pilar de la vida familiar y social. Sin embargo, ganan menos o no ganan, ocupan pocos cargos públicos en todos los niveles y seguimos sin reconocer cabalmente su aporte social y su talento. Las hoy candidatas lucharon doblemente para lograr su espacio, y a muchas las bloquearon.

De entre las candidaturas en juego, hay dos en ambos extremos del México que muestran los muchos obstáculos que las mujeres en general, pero sobre todo las que se dedican a la política enfrentan, a pesar de todas las reformas políticas que acumulamos.

La primera es la historia de María Dolores del Río, una mujer inteligente, madre de familia, esposa, que fue alcalde de Hermosillo y diputada federal. Panista de toda su vida, ahora contiende por Movimiento Ciudadano como aspirante a alcalde de Hermosillo. Tuvo que ser así, porque en su partido le cerraron las puertas a pesar de los buenos resultados que entregó como funcionaria pública.

La segunda es la historia de Lorena Beaurregard, priista de toda su vida, quien ha tenido muy buen desempeño como diputada local en el Congreso de Tabasco y como diputada federal en San Lázaro y a quien, todo parece indicar, también le cerraron la puerta. Lorena, a diferencia de María Dolores, ha decidido llevar su caso ante el Tribunal Electoral, lo que podría resultar muy positivo si gana en esa instancia y si gana la alcaldía de Villahermosa, la capital de ese estado. Sin embargo, a nadie escapa que en el PRI, como en otros partidos, las mujeres insumisas caen mal. Apenas Lorena hizo público que no se allanaría a la decisión de las cúpulas estatal y federal de su partido, los pesados engranes de la crítica se echaron a andar y serán peores para ella, para su carrera y lo que representa, si no gana.

María Dolores y Lorena representan muchas de las cosas que simplemente no funcionan en la política mexicana. La más elemental es la de los mecanismos de designación de aspirantes a cargos de elección popular. Los partidos todavía no se convencen de las ventajas que podría tener el realizar primarias obligatorias simultáneas para todos los cargos. Se evitaría la salida de sus militantes, habría una prueba clara de qué candidato logra movilizar más simpatías. Tristemente, el temor es que las historias de fraude, de compra de votos y demás seres del bestiario de la política mexicana se posesionarán de los partidos y terminarán por anular sus frágiles estructuras internas. Parece mentira que sea necesario pensar ya desde ahora en una nueva reforma política, pues no está resuelto este problema.

Al ver a Lorena y María Dolores, uno no puede dejar de admirar su tenacidad, su entrega, su disposición a hacer que las cosas funcionen de otra manera. Ambas, junto con muchas otras que se resisten a ser “Juanitas”, que no son hijas, hermanas, novias o esposas de políticos y empresarios conocidos, hablan de un México distinto, de un México en el que las cosas se hagan de otro modo. María Dolores y Lorena son sólo dos ejemplos de la lucha contra el México que se resiste a morir, el México patriarcal, el de las cúpulas, de los privilegios concentrados en unas cuantas familias que se distribuyen cargos, ingreso y poder, y el México que quiere nacer. Necesitamos animar el nacimiento de ese México nuevo, un México en el que sean los méritos de las personas los que determinen las oportunidades a su alcance.

manuelggranados@gmail.com


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