sábado, 11 de abril de 2015

Transparencia: lo que importa son las encuestas


Manuel Gómez Granados.

Uno de los datos más preocupantes de nuestro presente es enterarnos que en lo que va de la actual administración se han reservado ante el IFAI más de 12 millones de expedientes con información del gobierno. Muchos de esos expedientes son los que tienen que ver con la Guerra Sucia, las operaciones que los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría e incluso José López Portillo dirigieron contra grupos guerrilleros y que llenaron de sangre y dolor a miles de pequeñas comunidades rurales, además de los archivos sobre la represión orquestada en 1968 contra los estudiantes y las organizaciones cercanas a ellos. Las razones que el actual gobierno puede tener para ocultar, una vez más, esa información, no pueden ser sanas. Se trata, por donde se vea, de una regresión a nuestras peores épocas.

Pero el ánimo de ocultar información no acaba ahí, en el pasado cada vez más lejano. De acuerdo con una investigación de la periodista Linaloe Flores, casi cuatro millones de expedientes han sido “reservados” (por la Procuraduría General de la República 1.695,921; el Instituto Mexicano del Seguro Social 1.341,784, y la Procuraduría Federal del Consumidor, 967,838). La lista de las reservas es casi infinita. Incluyen los gastos de la Presidencia de la República, tanto en encuestas de opinión como en servicios de peluquería y cosmetología de la esposa del señor Enrique Peña.

Esto es más preocupante en un contexto como el que vivimos, marcado por una creciente búsqueda del secreto, de la reserva, como condición de posibilidad del ejercicio del gobierno. ¿Qué esconden los políticos mexicanos? Y más allá de lo que escondan, que difícilmente será algo bueno, ¿tendrán alguna idea de los efectos que esa obsesión con el secreto y la reserva tienen en el ánimo de la población? ¿Estarán al tanto, por ejemplo, de lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dice acerca del vínculo entre confianza y percepción de la corrupción? Parece que no. Una de las cosas que la OCDE recuerda frecuentemente es que a mayor desconfianza en las instituciones y sus responsables aumenta también la percepción de que los políticos son corruptos. ¿Creen nuestros políticos que aumentando el número de secretos aumenta la confianza que tenemos en ellos?

Hay en el ánimo de los políticos mexicanos, de todos los partidos, tres actitudes preocupantes. Una, es la de creerse que son tan especiales que su permanencia en el poder avala cualquier transgresión moral o ética. La segunda es que se adhieren a la máxima de “otros también lo hacen”, excusa de adolescentes —si las hay—, con una pasión similar a la de los primeros cristianos cuando ofrecían su sangre en el Coliseo de Roma. No reconocen límite moral alguno. Siempre que haya alguien más haciendo lo que ellos hacen, creen que eso justifica sus excesos.

Finalmente, son incapaces de tomar una decisión fundada en principios. El episodio tan accidentado como innecesario de la salida de David Korenfeld de la Conagua parecería la prueba de que en México nuestros políticos no toman una decisión que no esté avalada por alguna encuesta. ¿Por qué aguantaron la salida del ahora exdirector de la Conagua casi una semana? Quizá porque dada la pausa de la Semana mayor no pudieron levantar el mismo día que explotó el escándalo una encuesta que les dijera si lo podían rescatar o no y tuvieron que esperar hasta que pudieran saber qué pensaba la mayoría de los mexicanos.

*Analista

manuelggranados@gmail.com

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