sábado, 23 de mayo de 2015

Con guerra sucia, nadie gana



Manuel Gómez Granados.

México respira elecciones por donde ande uno. Eso podría ser visto como un indicador de las muchas cosas que cambiaron, para bien, en los últimos 40 años. Quedaron atrás épocas en que alguien palomeaba una lista y las boletas se cruzaban por un partido y sólo un partido. Sin embargo, hay en el aire que uno respira en esta temporada electoral aromas que preocupan.

Está, desde luego, el problema muy grave de los niveles de violencia en Michoacán y Guerrero. Apenas la semana pasada, Enrique Hernández, candidato de Morena en Yurécuaro, Michoacán, fue asesinado. Unos días después, Jorge Granados Garduño, candidato en Huetamo, Michoacán, recibió amenazas, como también las sufrió Valentina Rosendo, candidata de Morena en Acatepec, Guerrero. Doña Valentina prefirió irse a su casa para no ser una víctima más.

Y hay otras formas de violencia, por ejemplo, la violencia simbólica. El más notable de estos actos de violencia simbólica ni siquiera tiene que ver con un candidato. Involucra a la autoridad electoral. Es cierto, Lorenzo Córdova, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, demostró que —para su edad y credenciales académicas— es una persona muy inmadura. Lo queNatura non dat, la UNAM non prestat, podría decirse, pero contra él se cometió un acto de violencia aterrador. Si las conversaciones privadas de dos funcionarios se pueden grabar y difundir así, ¿qué nos espera a quienes no podemos cifrar nuestras conversaciones?

Hay quienes dicen que es mejor que todo se sepa y que Córdova se haga responsable de sus contradicciones. El problema de ese argumento es que, con todos sus defectos, ha hecho su trabajo y, al menos en público, no había dado motivo de crítica. El golpe no sólo lo siente Córdova, lo siente el INE, que es una institución que ha costado mucho trabajo construir y que deberíamos cuidar, porque la credencial para votar es una de las poquísimas cosas en las que podemos confiar y el personal del INE trabaja muy duro, a veces en condiciones muy difíciles, para que todos tengamos una.

Hay otras dinámicas de violencia simbólica, como las que ejercen los partidos políticos entre ellos mismos. El caso más notable es el de Sonora, dado que el bipartidismo de esa entidad se centra en los intercambios entre Claudia Pavlovich del PRI y Javier Gándara de Acción Nacional. Es difícil entender por qué las dos principales fuerzas políticas del país recurren a ataques, como los que ocurren en Sonora. A la luz de las encuestas, nadie logra alguna ventaja suficientemente sólida, y lo único que queda claro es que hay un sector de la sociedad sonorense que no quiere saber de ninguno de los candidatos ni de las elecciones o la política. Es un modelo que inhibe la participación política de un mayor número de personas y confirma las peores sospechas del mexicano promedio acerca de la futilidad de la participación electoral. Cosas parecidas se ven en otros estados y en el Distrito Federal. El país no necesita esto.

Otro caso, que revela qué tan mal estamos, es el de Cuautitlán Izcalli, donde Karla Fiesco trata de ser alcalde, una mujer muy dedicada, que ha hecho un esfuerzo para que su campaña ofrezca soluciones. Izcalli solía ser un buen lugar para vivir, pues cuenta con lagos naturales y presas, que dan vida a sus cerros y barrancas. Izcalli tiene, además, el mérito de ser uno de los municipios con la más alta escolaridad de todo México. Pero, en los últimos años, Izcalli entró en un ciclo de deterioro que se explica por la falta de transparencia. A principios de este año, por ejemplo, el Instituto Mexicano para la Competitividad comparó a los 54 municipios y delegaciones que más contribuyen al PIB nacional en función de qué tan transparentes son. Izcalli ocupó la posición 52, por debajo de Oaxaca de Juárez y, apenas, arriba de Chimalhuacán y Matamoros.

Karla ha hecho un esfuerzo de transparencia como candidata. Se sumó a la iniciativa “Tres de tres”, patrocinada por el mismo IMCO; suscribió la iniciativa #YoMeMuevo, que busca mejorar la movilidad en las ciudades mexicanas.

Como respuesta, los teléfonos de Karla fueron intervenidos y se ha desatado una campaña que, si no involucrara a una mujer seria y trabajadora podría pasar por una broma de mal gusto: durante dos días, fuerzas oscuras, que operan en el anonimato, lanzaron un ataque con los llamados bots a las cuentas de redes sociales de Karla. Quienes saben de esos temas calculan un gasto de cerca de 40 mil dólares. ¿Para qué? Estos ataques pervierten la idea central de la democracia: que ganen las mejores propuestas. Nadie gana con la guerra sucia.

México ha sufrido mucho para garantizar el derecho de las personas a votar. Quienes atacan a candidatos y autoridades de esta manera, ¿quieren que regresemos al país de la lista palomeada por una sola mano? Se equivocan, y hay que hacérselos saber en las urnas.


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