domingo, 17 de mayo de 2015

Francisco, Barack y la pobreza


Manuel Gómez Granados.

El martes de la semana pasada, en la Universidad de Georgetown, se celebró un coloquio que reunió a dirigentes de distintas organizaciones sociales vinculadas a la iglesia católica y a distintas iglesias evangélicas de Estados Unidos. Participaron el presidente Barack Obama, Robert Putnam, catedrático de tiempo completo en la universidad de Harvard y Arthur Brooks, presidente del American Enterprise Institute, un influyente think-tank conservador.

El coloquio se convocó con un lema provocador: derrotar a la pobreza que, aunque muchas veces nos parezca difícil creerlo, es creciente en Estados Unidos, especialmente en las ciudades del noreste, como Detroit, además de la zonas de pobreza endémica, vinculada al pasado racista de Estados Unidos, en el sur y el suroeste de ese país.

Todo lo dicho en el coloquio de Georgetown es relevante para México. Por ejemplo, se hizo énfasis en la urgencia de capacitar a las personas más pobres para que produzcan sus propios alimentos, de modo que no se les mantenga artificialmente en una condición de dependencia. También se habló de los errores, como la popularidad de una cierta visión cínica de la pobreza que lleva a la desesperanza, pues supone que luchar contra la pobreza es superfluo e incluso inútil.

Putnam, autor de Bowling alone —un texto invaluable por el efecto que ha tenido en la discusión sobre el papel del capital social para apuntalar a las democracias—, presentó algunos hallazgos de su más reciente investigación, centrada en las brechas, cada vez más amplias, entre los niños pobres y los ricos de Estados Unidos. Putnam, que está lejos de ser un marxista, resumió su análisis con palabras que recuerdan lo que Marx decía: “encontré evidencia de crecientes brechas entre los niños ricos y los pobres. En los últimos 30 o 40 años, las cosas han mejorado cada vez más para los chicos que crecen en hogares prósperos y han empeorado cada vez más para los chicos que viven en hogares marginalizados”.

Putnam hizo ver que el camino para superar la pobreza y la desigualdad, como ocurrió en el siglo XIX, es posible si “hubiera un renacimiento de la conciencia social con una importante contribución de los dirigentes y fieles de distintas iglesias, de modo que creciera la conciencia de que los niños son de todos y que problemas como los que vive EU ahora en materia de pobreza se pueden resolver si todos reconocemos que está en el mejor interés de todos ayudar a los niños pobres”. Conciencia social no es sentimentalismo, espectáculo, limosna o dádivas ocasionales, sino sabernos responsables todos de todos.
Lo dicho por Putnam encontró un eco inusual cuando Obama destacó: “nadie ha mostrado tanto interés en ayudar a los más pobres como el Papa, quien ha sido una fuerza transformadora por su sinceridad e insistencia en que es fundamental seguir la enseñanza de Jesucristo, nuestro salvador, de luchar contra la pobreza”.

Obama agregó que esa manera de actuar del Papa es lo que le ha hecho tan atractivo en todo el mundo, incluidos los jóvenes; su lenguaje es notable porque, a diferencia de George Bush, evita justificar sus acciones en nombre de algún credo religioso.

Más allá de las simpatías de Obama por Bergoglio, sería útil que los mexicanos tomáramos nota de lo dicho por Putnam acerca de la necesidad de hacer del combate a la pobreza infantil una prioridad de todos y del papel que las organizaciones civiles y religiosas podrían desempeñar en ello. El video del coloquio se puede ver en el portal de la Universidad de Georgetown en http://www.georgetown.edu/news/poverty-summit-2015-with-obama.html.

manuelggranados@gmail.com

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