domingo, 10 de mayo de 2015

Operación Jalisco o de cómo tropezar de nuevo con la violencia



Manuel Gómez Granados.

Uno se cansa, que no quede duda, de escribir de la violencia que nos azota. Son ya casi nueve años de noticias sobre enfrentamientos entre grupos armados. Es posible cerrar los ojos, es cierto, pero para hacerlo tiene que ser uno muy insensible y miope a los efectos de largo aliento, señaladamente la pobreza, la impunidad y el retroceso en indicadores clave como la escolaridad.

Las últimas dos semanas se encuentran entre las más cruentas en la historia, muy violenta, de un país en el que algunos creen que “la vida no vale nada”. Está por demás hacer recuentos. Baste señalar que Jalisco, Colima, Guanajuato, Michoacán, Veracruz, Tamaulipas, Morelos, Guerrero y el Estado de México están sumidos en ciclos de violencia de largo aliento, entre otras razones, porque impera la necia aplicación de una doctrina absurda que considera que la violencia criminal se combate con violencia del Estado, y que éste no debe imponerse alguna restricción que limite los daños a la población civil y a los derechos humanos.

Algunos colaboradores de Felipe Calderón y Enrique Peña insisten en defender este modelo de combate al crimen. La actual administración, por ejemplo, anunció a mediados de abril: Operación Jalisco, como respuesta al crimen organizado, y presume la hoja de servicios del general Miguel Gustavo González Cruz como garantía de ello. Quien revise esa hoja verá más bien que, en todos estos años de la guerra que alegremente aceptamos que nos impusiera Estados Unidos como prioridad, no hay región alguna en la que se hayan librado este tipo de operativos, que haya regresado a algo parecido a lo normal. En la cuenta larga de estos más de tres mil días de sangre las cosas no mejoran: empeoran.

Antes de llegar a Jalisco, el general González ha tenido experiencia —entre otras entidades— en Michoacán, Chiapas y Tamaulipas. Quien crea que esos estados son ejemplo de regiones pacificadas sería bueno que nos explicara a los legos qué se ha logrado que no sea la prosperidad de los fabricantes de ataúdes.

En la lógica de hechos consumados en la que nos movemos, la llegada de González Cruz a Jalisco obtuvo la respuesta esperada cuando se considera la información que la Agencia para el Control de las Drogas de EU, la DEA, circuló a principios de abril. En esos materiales, la DEA daba cuenta de la peligrosidad del cártel Jalisco Nueva Generación y sus vínculos con la organización criminal conocida como Los Cuinis y advertían de la inminencia de hechos sangrientos.

Llaman la atención algunas cosas. La más notable, ¿cómo es que si Iniciativa Mérida transfirió recursos para monitorear a los criminales y se han eliminado prácticamente las restricciones legales al monitoreo de conversaciones telefónicas e intercambio de mensajes por medio de celulares y otros equipos de comunicación, vinculados o no a internet, no se pudo prever, impedir o contrarrestar el llamado Guadalajarazo?

No es la primera vez que el crimen organizado toma Guadalajara. Lo hicieron en agosto de 2012 y en enero de 2014. En total, desde 2011, en 13 distintos días se han perpetrado 300 bloqueos, ¿Nada han aprendido de esos 300 bloqueos el CISEN o las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina? ¿No han logrado identificar patrones en las redes sociales, en el uso de frecuencias de banda civil o en el volumen de los mensajes SMS o de Whatsapp y otras aplicaciones similares? ¿Qué tendrá que ocurrir para que esas instituciones de inteligencia cumplan con sus responsabilidades y se eviten más muertes?

manuelggranados@gmail.com

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