martes, 2 de junio de 2015

Biodiversidad para un mundo sin hambre


La biodiversidad para la alimentación y la agricultura engloba los componentes de la diversidad biológica que son esenciales para alimentar a las poblaciones humanas y mejorar la calidad de vida. Comprende la variedad y la variabilidad de los ecosistemas, los animales, las plantas y los microorganismos a nivel genético, de especie y de ecosistema, necesarias para sostener la vida humana y las funciones clave de los ecosistemas.

La conservación y el uso sostenible de la biodiversidad para la alimentación a la agricultura desempeñan un papel crucial en la lucha contra el hambre puesto que garantizan la sostenibilidad medioambiental a la vez que aumentan la producción de alimentos.

Tal diversidad es el resultado de miles de años de actividades agrícolas y ganaderas, de utilización de la tierra y los bosques, así como de actividades pesqueras y acuícolas en combinación con millones de años de selección natural. La mayor parte de la población humana vive en zonas en las que la producción de alimentos y la naturaleza coexisten.

El gran número, siempre creciente, de personas subnutridas y malnutridas en el mundo, las perspectivas de aumento de la desigualdad, la dificultad de las poblaciones más vulnerables para acceder a los alimentos, la menguada disponibilidad de recursos naturales y la incertidumbre del cambio climático se cuentan entre los desafíos a los que se enfrenta la FAO y su labor en materia de biodiversidad para la alimentación y la agricultura.

Se prevé que en algunas zonas de los países desarrollados la productividad agrícola disminuirá entre un 20 % y un 40% debido a los efectos del cambio climático. Tal disminución puede someter a presión a los recursos naturales.

La conservación y el uso sostenible de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura desempeñan un papel crucial en la lucha contra el hambre garantizando la sostenibilidad medioambiental y aumentando la producción agrícola y de alimentos. Es indispensable hacerlo de forma sostenible: explotar los recursos sin comprometer el capital natural, incluidos los servicios ecosistémicos y la biodiversidad, y aprovechar al máximo los procesos biológicos.

Para hacer frente a todas estas dificultades e incertidumbres será necesario mantener y utilizar de forma sostenible una diversidad genética y de especies elevada. Además, la diversidad contribuirá a mantener y rehabilitar los ecosistemas productivos para que las generaciones futuras cuenten con alimentos abundantes y una agricultura próspera.

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