sábado, 20 de junio de 2015

Francisco y la ecología


Manuel Gómez Granandos.

El jueves 18, a las 4 de la mañana de México, el papa Francisco, el cardenal ghanés Peter Turk-son, el obispo ortodoxo de Pérgamo John Zizioulas, la economista estadunidense nacida en Hong Kong Carolyn Woo y el doctor Hans Joachim Schellnhuber del Instituto Potsdam de Investigaciones sobre el Impacto del Clima, presentaron la encíclica Laudato si (Alabado seas).

Se trata de uno de los documentos papales más anticipados en la historia. Está dedicada a reflexionar y proponer nuevos enfoques éticos para enfrentar tres problemas que están íntimamente relacionados entre sí. Por una parte, el problema más inmediato: “el cuidado de la casa común”. En ese punto, la encíclica reconoce los efectos mayormente negativos de la actividad humana sobre los frágiles equilibrios en los ecosistemas de todo el mundo. En segundo lugar, advierte sobre el hecho objetivo de que el descuido de la casa común está íntimamente relacionado con una noción inmoral e irresponsable del desarrollo, que se le limita al mero crecimiento de algunas variables económicas sin considerar otros factores. Finalmente, reconoce que la depredación de la casa común, causada por modelos de desarrollo que no consideran a la persona humana integralmente, golpea más a los pobres y tiene efectos en materia de migración, pues muchas de las zonas de las que salen los emigrantes están siendo teatros de verdaderas tragedias ecológicas, como ocurre ahora mismo con la sequía que golpea a Honduras.

Los días previos a la publicación estuvieron dominados por expresiones de simpatía que hablan de un ecumenismo ecológico. Entre los más notables está la presencia del metropolitano ortodoxo Zizioulas, así como las que emitieron —entre otros— el Movimiento Lausana, una federación de 4 mil organizaciones vinculadas a distintas iglesias evangélicas. El frente ecuménico lo trabaja incansablemente el papa Bergoglio desde sus días como arzobispo de Buenos Aires y es de los que provoca mayor ira de la extrema derecha católica, que le reprocha que pida bendiciones de los jerarcas de otras iglesias y religiones. Esa derecha fanática contribuyó con su cuota de intolerancia y ruido a la publicación.

La intolerancia vino de parte de los precandidatos presidenciales del Partido Republicano de EU, Rick Santorum y Jeb Bush. Santorum fijó los límites muy estrechos de su catolicismo, al burlarse del papa Francisco con referencias a las ocasiones en que la Iglesia se ha equivocado en materias científicas. Bush, fiel a la tradición de su familia, lo hizo al dejar en claro que por encima de cualquier argumento están sus intereses políticos de corto plazo. Y como en Europa no querían quedarse atrás, allá el ruido lo aportó Sandro Magister al publicar una versión previa del documento. Magister, periodista consentido de la derecha europea, ha hecho de su espacio en el diario italiano L’Espressouna trinchera para atacar constantemente al papa Francisco, algo que contrasta con el silencio que guardó durante la época más álgida de la crisis por los abusos de curas pederastas. La filtración es relevante porque en octubre se celebrará la segunda parte del Sínodo sobre la Familia, que seguramente enfrentará el mismo riesgo de filtraciones por parte de los enemigos de Francisco.

Quien lea el documento papal debe considerar que cuando el papa Bergoglio habla de calentamiento global y otros temas científicos, lo hace con la ventaja que le da haber estudiado química antes de ingresar a la Compañía de Jesús. Pero si eso no fuera suficiente, la presencia del doctor Schellnhuber, un científico alemán sin una afiliación religiosa conocida, deja ver que el texto del documento pontificio no es una ocurrencia. Tiene una base científica seria a la que el Papa ha sumado “un llamamiento a la responsabilidad, con base en el deber que Dios ha dado al ser humano en la creación: cultivar y proteger el jardín cuyo destrozo perjudica a todos, pero especialmente a los más pobres”. Es en ese punto en el que la presencia de la doctora Woo es importante. Ella preside en la actualidad Catholic Relief Services (CRS), el brazo operativo de la Conferencia de Obispos de EU para brindar asistencia en zonas de desastre, pero antes de ocupar ese cargo dirigió la Escuela de Negocios de la Universidad de Notre Dame, una de las más prestigiadas a escala global. Incluso, si no estuviera presente la ciencia pura y dura de Schellnhuber, la experiencia que Woo ha acumulado al frente de CRS prestando ayuda en EU, Filipinas, América Central y el Caribe cuando ocurren desastres “naturales” sería suficiente para entender que el modelo de desarrollo vigente destroza la casa común y, al hacerlo, lastima a los más pobres. Ésa es la preocupación de fondo del Papa.

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