domingo, 5 de julio de 2015

Calladas, con sus rebozos y un niño cargando…


Manuel Gómez Granados.

Cubiertas con sus rebozos, calladas, curtidas por el frío y muchas cargando a un niño descalzo, ayer se reunieron más de 400 mujeres de la sierra norte de Puebla, en Chiconcuatla, para participar en uno de los talleres que imparte el Centro Nacional para el Desarrollo Integral, Cenadin, A.C .

En esa región, apartada y todavía mal comunicada, 80% de los habitantes son indígenas. Muchas de las mujeres, descalzas, trasladan en sus espaldas leña que recogen en el campo y que les sirve para cocinar sus alimentos; la pobreza tiene rostro femenino e indígena; más del 20% de los hogares tiene como sustento a una mujer. También es común ver en la milpa a todos los miembros de la familia desyerbando, con el azadón en la mano o hasta jalando el arado.

Las tortillas, frijoles, quelites, tamales y algunas verduras son el alimento para las familias de poco más de seis integrantes que, con el trabajo de todos —básicamente de la agricultura rudimentaria— alcanzan menos de 900 pesos mensuales para sobrevivir. La pobreza y marginación son evidentes y por momentos parece que no hay salida.

La mala alimentación y muchas veces el hambre generan enfermedades que luego no pueden curarse. No se trata de cifras o de estadísticas, sino de niños de carne y hueso, con nombre, rostro e ilusiones que se truncan por la desnutrición. 

Por falta oportunidades, Chiconcuautla es expulsor de mujeres cuyas familias se desintegran porque van a las ciudades a trabajar en el servicio doméstico. Mujeres que no se ven ni se escuchan ni deciden ni son protagonistas, pero llevan el mayor peso de la carga, pues aunque también los varones emigran, a ellas les pagan menos. 

Hace años, Cenadin acompaña a mujeres para formarlas y capacitarlas, a fin de que produzcan sus propios alimentos y mejoren su nutrición y sus cultivos: producen setas, alimento con una excelente fuente de proteínas. Con apoyo del Instituto Nacional de las Mujeres, Inmujeres —que promueve la equidad de género—, Cenadin realiza talleres y cursos como parte de una serie de actividades de formación y capacitación, a fin de que las mujeres se empoderen, reconozcan sus derechos, se organicen, y mejoren la alimentación de sus hijos y familias. Actividades que se suman al dinámico trabajo tanto del Presidente Municipal Claudio Garrido Hernández y su esposa, Belén Soto, como del padre Manuel Cerón Hernández.

Empoderar a las mujeres, ayudarlas a que sean conscientes de sus derechos y participen más activamente en su comunidad, visibilizar su aporte, y capacitarlas para el trabajo es parte de los objetivos que se persiguen. Además de fortalecer el tejido social, crear vínculos solidarios entre ellas, y que mediante su trabajo obtengan mejores ingresos.

Rafaela, una de las participantes, dijo: “Nunca había ido a un curso. Aprendí de nutrición que me servirá para darle de comer mejor a mis hijos, y también entendí qué son los derechos humanos, de los que todo el mundo habla pero no te los enseñan ni se respetan mucho”. Y Margarita expresó: “Quiero hacer un grupo organizado como asociación para que podamos ayudarnos mejor entre nosotras y ganar más con la venta de las tortillas y lo que hacemos. Ya vi que es difícil, pero sí se puede”. Las dinámicas del taller facilitaron que expresaran sus necesidades y puntos de vista.

Cenadin está elaborando un texto en español y náhuatl sobre mujeres que han destacado en la política y otro sobre cómo organizarse mejor.

Sin cambios estructurales y de mentalidad, pobreza, desigualdad y marginación seguirán siendo parte del paisaje cotidiano.

manuelggranados@gmail.com

 

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