sábado, 18 de julio de 2015

¿Cómo medimos 
la pobreza?


Manuel Gómez Granados.
En Argentina en estos días tiene lugar un debate muy interesante a propósito 
de cómo medir la pobreza. 
El debate nos interesa porque, más allá de las diferencias, 
los problemas y los retos que enfrentan ambos países son muy similares.

El caso argentino es paradigmático porque, por una parte, está la opinión del gobierno de ese país que, por medio de doña Cristina Kirchner y algunos de los más altos funcionarios de su gobierno, como Aníbal Fernández, jefe del Gabinete presidencial, y Axel Kicillof, ministro de Economía, han llegado al extremo de decir que la pobreza se ha erradicado de Argentina. En el otro extremo del debate está la Universidad Católica de Argentina, UCA, una institución cuya sede principal está en Buenos Aires y que se consolidó como una de las más importantes universidades privadas de ese país al paso de Jorge Mario Bergoglio como arzobispo de esa ciudad, época en la que el ahora pontífice era la máxima autoridad de la UCA.

El debate no es de hoy ni empezó cuando Bergoglio fue electo Papa. El debate comenzó la década pasada cuando la UCA levantó una encuesta; primero, sólo en la zona metropolitana de Buenos Aires y, luego, en todo el país, que permitiera medir qué ocurre en realidad con la pobreza en ese país. La decisión de la UCA de crear el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA, su portal existe en http://bit.ly/ODSA1) en 2002, levantar la Encuesta de la Deuda Social y elaborar el Barómetro de la Deuda Social a partir de 2004 (disponible en http://bit.ly/ODSArg3) fue muy importante porque, desde 2004 y hasta finales de la década pasada, el gobierno de Argentina generó una serie de conflictos con los técnicos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, INDEC, similar al Inegi en México, por la manera en que esa institución medía la inflación, entre otros indicadores de desempeño económico. El conflicto ha sido tal que, en los hechos, Argentina dejó de elaborar una estadística oficial en materia de pobreza en 2013, a pesar de que —acuerdo con ODSA— es un fenómeno que ataca a cerca de once millones de personas, la cuarta parte del total de la población argentina.

Gracias al trabajo que ODSA ha realizado en los últimos 13 años, Argentina cuenta ahora con un referente distinto al oficial sobre el alcance de la marginación. ODSA mide, además de la pobreza, otros fenómenos que afectan a los argentinos, como el consumo de drogas, el déficit en materia de trabajo decente o mediciones sobre la cobertura efectiva, real, no sólo en el papel de los derechos de la niñez en el país austral. La importancia de este debate se encuentra en que estas investigaciones sirven de referencia para analizar con otras miradas la realidad. Muchas de las reflexiones del papa Francisco están sustentadas en la información que genera ODSA. Al menos en teoría, ello abre una discusión más amplia que permite tomar decisiones mejor informadas, tanto a las personas comunes y corrientes como a las empresas o a las propias instituciones de gobierno.

En México se cuenta con los datos del Inegi que, analizados por Coneval, permite tener mediciones buenas de lo que ocurre en nuestro país. El asunto es que tendríamos que preguntarnos si no es información endógena, centrada en sí misma, de manera que repite en los análisis los sesgos con los que elaboran los estudios, muchos de ellos encuestas, que sirven de base a las mediciones sobre pobreza y desigualdad en México. El reparo a que sea a partir de encuestas y no de otros instrumentos como se mide la pobreza y la desigualdad en México lo planteó Thomas Piketty, el rockstar de los economistas modernos, en una entrevista con el director de este diario en 2014 (disponible enhttp://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/11/30/995084).

Quizá si, además de las encuestas del Inegi y los documentos del Ceneval, hubiera otros puntos de vista acerca de las causas de la pobreza y las razones por las que llevamos más de 20 años sin lograr avances, podríamos mejorar y enfocar mejor los programas. En México ni siquiera tendría que ser resultado directo o indirecto de un conflicto entre el gobierno y el Inegi, podría formar parte de una iniciativa ciudadana, orientada a resolver nuestro principal problema.

Ya hay algunos avances. El estudio publicado recientemente por Oxfam-México titulado Desigualdad extrema en México (disponible en http://cambialasreglas.org/) es un paso en el camino correcto. El problema es que está basado en la misma información del Inegi a partir de la cual el Coneval trabaja y, en ese sentido, no va más al fondo del problema más grave de nuestro país. Que sea así, hace que la discusión sobre la pobreza en México esté afectada por severos problemas de desconfianza en lo que diga o haga el gobierno.

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