domingo, 12 de julio de 2015

Ecología integral y paz: confección artesanal


Manuel Gómez Granados.

¿Cuál es el argumento central de la visita del papa Francisco a Ecuador, Bolivia y Paraguay? Un modelo de desarrollo que acrecienta, en lugar de reducir, la desigualdad de oportunidades que nos lastima a todos. No es que el Papa le apueste erradicar las diferencias, pues las diferencias nos enriquecen, nos hacen una sociedad global más diversa, más respetuosa, más fraterna. El problema está en la desigualdad, en el acceso a las oportunidades, que hace casi imposible que las personas excluidas, descartadas, puedan incorporarse con voz e identidad propia.

 El papa Francisco, ya desde antes de que publicara la encíclica Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común, buscaba introducir una serie de preguntas y señalamientos sobre la manera en que vivimos en la actualidad. Esas preocupaciones son más relevantes en América Latina, dada la magnitud de las desigualdades que históricamente han existido en nuestro continente. La visita pastoral no rompió con esa preocupación del Papa. Más bien se apoyó en los casos concretos que ofrecen los países que visitó para apuntalar el argumento central: no tiene sentido impulsar modelos de desarrollo cuya preocupación central no sea la dignidad humana, sino sólo aumentar o disminuir algunas variables económicas a costa de aumentar las desigualdades y contribuir a la devastación de los recursos naturales.

En Quito, el papa Bergoglio habló, por ejemplo, de dar forma a una “ecología integral” que, sin renunciar al desarrollo económico, reconozca que las personas, no las empresas, ni los gobiernos, deben ser el centro del desarrollo. No es coincidencia que al mismo tiempo que habla de esa “ecología integral”, insista en reconocer que la paz es un proceso que se construye de manera artesanal al aumentar la confianza que las personas tienen entre sí. La “ecología integral” y la “paz como proceso artesanal” van de la mano en la argumentación del Papa como van también en las advertencias que organismos como Naciones Unidas u organizaciones civiles globales como Oxfam o Greenpeace hacen para evitar la devastación del medio. La preservación del medio es una condición necesaria para evitar la desconfianza, la marginación, la exclusión.

Basta observar los alcances de las sequías que viven California, Honduras o Puerto Rico, para reconocer que es urgente una ecología integral que evite conflictos por el uso de recursos naturales como el agua. California es más interesante pues hace algunos años creyó haber encontrado un modelo basado en principios de mercado, que fue visto como técnica y económicamente perfecto, pero que sobreestimó la cantidad de agua disponible y las ganancias que podía arrojar el uso del agua como lo demostró la sequía. De nada sirvieron esos modelos; California ha tenido que suspenderlo para garantizar el abasto de agua. Y si los modelos altamente tecnificados de California fracasaron, el desdén con el que han sido usados en Honduras también.

El llamado a quienes apuestan excesivamente a la tecnología (California), lo mismo que a quienes se desentienden de ella (Honduras), es una invitación a construir un modelo de desarrollo más humano, más responsable, más informado, que no tome decisiones sólo en función del lucro más inmediato, que no vea al bien común como bienestar personal o de grupo que lo vea como bien para todas las personas y que no naturalice el dolor, la injusticia, la exclusión de los más débiles.

Finalmente, consecuente con su mensaje de paz, el papa Francisco sorprendió en Santa Cruz, Bolivia cuando, a nombre de la Iglesia católica, pidió perdón por las ofensas y los crímenes contra los pueblos originarios durante la conquista de América.


Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2015/908849.html

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