domingo, 23 de agosto de 2015

El fantasma de la corrupción en América Latina


Manuel Gómez Granados.

En estos días, Argentina vive la etapa más intensa de las elecciones de este año. Apenas concluyeron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que resultaron electos candidatos Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. Ellos se enfrentarán en la constitucional del 25 de octubre y, si ninguno obtiene más del 45 por ciento de los votos o al menos 40 por ciento con más del diez por ciento de votos de diferencia respecto del segundo lugar, el 22 de noviembre dos de ellos lo harán en la segunda vuelta.

Como las elecciones mexicanas de este año, las de Argentina han estado marcadas por campañas negras que enfatizan aspectos negativos de cada candidato y también, como las elecciones mexicanas y de muchos otros países, reflejan el desinterés de los candidatos en ofrecer soluciones concretas o realistas a los problemas que enfrentan sus electores. Esto resultó más notable porque ya durante las PASO ese país sufrió un diluvio que inundó la provincia de Buenos Aires, la más poblada, y causó muertes y pérdidas millonarias que evidenciaron la desconexión entre las obras que los gobernantes inauguran y las obras que se necesitan, como el drenaje, que “no visten” pero salvan vidas. Además, evidenciaron la frivolidad de los políticos argentinos, tan lamentable como la de los mexicanos, que alcanzó su apogeo cuando Scioli, candidato cercano a Cristina Kirchner y actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, viajó a Italia al día siguiente de la elección mientras cientos de miles de personas estaban con el agua hasta la cintura en la provincia que él gobierna pues, a diferencia de México, en Argentina no es necesario que quienes detentan cargos soliciten licencia para ser candidatos.

Todavía no se sabe qué costo tendrá para Scioli el viaje, que suspendió cuando Mauricio Macri, su principal adversario, empezó a capitalizar su ausencia. Es un hecho que Scioli podría ganar en la primera vuelta a pesar de la cauda de problemas que agobian a la señora Kirchner y sus cercanos. Además de las inundaciones está la acentuada depreciación del peso argentino, más marcada que en México porque existe un mercado negro de dólares; la inflación fuera de control; la desconfianza que provoca la corrupción de la familia presidencial en la empresa Hotesur y el hecho de que —siete meses después— no hay avances en la investigación del asesinato del fiscal Alberto Nisman, quien —desde 2004—investigaba el atentado terrorista de 1994 contra la sede de la Asociación Mutualista Israelita Argentina y que apuntaba a manchar también a la familia Kirchner.

La política en los países latinoamericanos se ha degradado de una manera difícil de estimar. Los datos sobre la confianza de las personas en las instituciones hablan de una crisis que va más allá de los políticos y toca a las instituciones de la democracia. En Brasil, el domingo 16, miles marcharon contra la corrupción y algunos pidieron el retorno de los militares. La presidenta de Chile, Michele Bachelet, quien recientemente visitó México, todavía sufre los estragos de un escándalo de corrupción. La elección en nuestro vecino al sur, Guatemala, está marcada por la corrupción. Vivimos momentos difíciles. China, a quien muchos en América Latina le apostaron para revivir la exportación de materias primas, vive una crisis económica tan profunda que hace difícil suponer que cumplirá los compromisos de inversión que signó en fechas recientes con países como Argentina, Bolivia o Nicaragua. Tenemos que repensar el concepto y el modelo de desarrollo. Insistir en el derroche como equivalente de desarrollo no tiene futuro ya.

manuelggranados@gmail.com

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